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La devoción al Sagrado Corazón y su crisis

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se centra inicialmente, como le pide el propio Jesús, el Verbo hecho carne, a santa Margarita María Alacoque, no sólo en el culto en el culto, sino principalmente en el amor, consagración y reparación al amor divino de Jesús simbolizado en su Corazón humano, que le muestra a ella. Y las primeras imágenes son dibujos, no de la figura completa de Jesús, sino sólo de su Corazón, llevando, eso sí, todos los atributos de su amor apasionado por nosotros: la corona de espinas, la cruz, las llamas con su luz y la enorme herida de la lanzada.

Mateo 7
«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».
(Mt 7,21;24-27 Versión CEE 2016)

En un primer viernes de 1674, en la segunda de las cuatro grandes revelaciones a santa Margarita María Alacoque, refiere ésta:

"Se me presentó el Corazón divino como en un trono de llamas... Me hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado de los hombres y de apartarlos del camino de perdición, adonde Satanás los precipita en tropel, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón... Es preciso honrarle bajo la figura de ese Corazón de carne, cuya imagen quería que se expusiera... Me aseguró que tiene singular placer en ser honrado bajo la figura de este Corazón de carne, cuya imagen quería que se expusiera en público a fin de mover, añadió, por este medio el corazón insensible de los hombres. Me prometió que derramaría en abundancia todos los dones de que está lleno sobre el corazón de todos los que le honren...
Esta devoción era como un supremo esfuerzo de su amor que quería favorecer a los hombres en estos últimos tiempos con esta redención amorosa, para sacarlos del imperio de Satanás que Él pretendía arruinar para colocarnos bajo la dulce libertad del imperio de su amor, el cual quería establecer en los corazones de todos los que que quisieran abrazar esta devoción".
(Carta 133, cuarta de Aviñón, al Padre Juan Croisset, S. I. del 3 de noviembre de 1689. Vida y obras de Santa Margarita María Alacoque publicadas por J. Mª Sáenz de Tejada, S. I. 2ª ed, 1948. Págs. 460-461).

Después, en la época del triunfo de esta devoción, proliferan las imágenes de la figura completa de Jesús mostrando su Corazón. Y el rostro es lo que atrae más la atención debido a la condición humana, tal como le dijo Dios a Samuel.

El Señor dijo a Samuel:
«El hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón»
(1 Sam 16,7).

La propia santa Teresita de Lisieux toma como nombre religioso Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz.

Empiezan las críticas de las imágenes por el aspecto poco satisfactorio del rostro. También comienza la fase inicial de la crisis de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, cuando algunos toman el Sagrado Corazón como bandera de combate social sin tomarlo simultáneamente y primordialmente como entrega personal total a Jesús, el Verbo hecho carne, a su Amor divino expresado y simbolizado en su corazón de carne; y cuando proclaman y propugnan el Reinado social del Sagrado Corazón sin entregarse simultáneamente y primordialmente de forma total a la obediencia personal absoluta a Jesús, el Verbo hecho carne.

Santa Teresita, no. Ella dice que no ve como todo el mundo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que ella lo quiere como centro de su persona, como núcleo total de ella misma, instalada ella en el Corazón de Jesús:

“Tú sabes que yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo. Pienso que el Corazón de mi Esposo es para mí sola, como el mío es para Él solo, y le hablo entonces en la soledad de este delicioso corazón a corazón esperando contemplarlo un día cara a cara”.
(Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, Carta de 14 octubre 1890 dirigida a su hermana Celina, con ocasión de una peregrinación de ésta a Paray-le-Monial).

Por eso enseña santa Teresa del Niño Jesús, como doctora de la Iglesia, que el amor al Sagrado Corazón había de ser personal, en contraste con la corriente dominante.

De esta manera, santa Teresita del Niño Jesús tiene la devoción al Sagrado Corazón como santa Margarita María Alacoque la recibió del propio Jesús, el Verbo hecho carne y fielmente la transmitió: centrada en el reinado del Sagrado Corazón en el corazón de cada persona humana.

Y ya el propio Jesús, el Verbo hecho carne, le había reiterado a la beata sor María del Divino Corazón que el verdadero núcleo de esta devoción era la unión personal con Él:

"Una vez, hablando de este mismo asunto de las comuniones, dijo Él que su deseo había sido establecer el culto de su Divino Corazón, y que ahora que este culto exterior estaba introducido por sus apariciones a la bienaventurada Margarita María y extendido por todas partes, Él quería también que el culto interno se estableciese más y más; es decir, que las almas se habituasen a unirse cada vez más con Él interiormente y a ofrecerle sus corazones como morada".
(Soeur Marie du Divin Coeur, Luis Chasle, cap. VIII, pg. 240, ed. 1925, París).

Y esto, como enseña san Agustín, es la base del reinado social del Sagrado Corazón de Jesús en toda la sociedad humana. y así lo enseñaron el Padre Ramiére y sus continuadores, entre los que destacan el Padre Ramón Orlandis y el seglar, padre de familia, el gran teólogo Francisco Canals.

Obedecerle a Satanás no consiste en considerarle y venerarle como el ser supremo explícitamente, puesto que a lo que Satanás induce es a que cada uno viva según él mismo y no según Dios.

Así lo explica san Agustín (La Ciudad de Dios, XIV) cuando aclara aquella doctrina enseñada de parte de Dios por san Pablo que proscribe obrar según la carne (Gal 5,16-25; Gal 6,7-8; 8,5-14).
San Agustín aclara que vivir según la carne, no es solamente vivir según el cuerpo humano o simplemente según los deseos sexuales, sino que es vivir según sí propio, porque Satanás no tiene cuerpo carnal y es el jefe y modelo de obrar según la carne.

"No se hizo semejante al diablo el hombre por tener carne, de que carece el diablo; sino por vivir según él mismo, es decir, según el hombre. También el diablo quiso vivir según él mismo, cuando no se mantuvo en la verdad. Y de este modo habló mentira, no de Dios, sino de sí propio, que no sólo es mendaz, sino el padre de la mentira".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 3. BAC, 1958, pág. 927).

"Cuando el hombre vive según el hombre y no según Dios, es semejante al diablo. Porque ni el ángel debe vivir según el ángel, sino según Dios, para mantenerse en la verdad y hablar la verdad que viene de Dios; no la mentira que nace de sí mismo... Cuando el hombre vive según la verdad, no vive según él mismo, sino según Dios".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 4. BAC, 1958, pág. 927).

"El hombre no fue creado recto para vivir según él mismo, sino según su Hacedor, esto es para hacer la voluntad de Dios antes que la suya. No vivir como su condición exigía que viviera, eso es la mentira".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 4. BAC, 1958, pág. 928).

San Pablo mismo, como hemos visto, dice con todas las letras que ser carnal es vivir según el hombre:

«Habiendo entre vosotros celos y discordias, ¿no es claro que sois carnales y vivís según el hombre?»
(I Cor 3,3).

Vivir según uno mismo es estar sometido al imperio de Satanás. Intentar compatibilizar vivir según Dios y vivir según uno mismo es autoengañarse y darle entrada a Satanás para que domine e impere. No es ya vivir según Dios.

El imperio de Satanás también es sobre la sociedad, pero conviene insistir en que su raíz más profunda y más sometedora es el sometimiento de cada persona humana a vivir según ella misma y no según Dios. Y vivir según uno mismo lleva a odiar a Dios.

El imperio de Satanás es todo sistema que impone vivir y obrar según uno mismo, como si Dios no existiera. Todo sistema políticamente correcto en la modernidad y en la posmodernidad. Es el imperio de las estructuras de pecado cada vez más ineludiblemente dominantes hoy en lo estatal, en lo económico, en lo social y en lo personal.

El mismo san Agustín explica que la base de la dimensión social del imperio de Satanás está en que hay quienes viven según la carne, es decir, vivir según sí propio. Y basa el reino de Dios, la ciudad de Dios, en que hay otros que viven según el espíritu, es decir, según Dios; y en eso mismo explica que está la contraposición y enfrentamiento entre ambas sociedades humanas o ciudades humanas:

"De que hay unos que viven según la carne y otros según el espíritu, se han originado dos ciudades diversas y contrarias entre sí... Con claridad meridiana escribe san Pablo a los de Corinto: «Habiendo entre vosotros celos y discordias, ¿no es claro que sois carnales y vivís según el hombre?» (I Cor 3,3). Luego proceder según el hombre es igual a ser carnal... Poco antes había llamado [hombres] animales a los mismos que ahora llama [hombres] carnales. Dice así: «... El hombre animal no puede hacerse capaz de las cosas que son del Espíritu de Dios, pues para todos son necedad» (I Cor 2, 11-14)".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 4. BAC, 1958, págs. 928-929).

"Siendo tantos y tan grandes los pueblos diseminados por todo el orbe de la tierra... no forman más que dos géneros de sociedad humana, que podemos llamar, conformándonos con nuestras Escrituras, dos ciudades. Una es la de los hombres que quieren vivir según la carne, y otra la de los que quieren vivir según el espíritu".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. I. BAC, 1958, pág. 921).

"Dos amores fundaron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio, la celestial. La primera se gloría en sí misma, y la segunda, en Dios; porque aquella busca la gloria de los hombres, y esta tiene por máxima gloria a Dios, testigo de su conciencia. Aquella se engríe en gloria, y ésta dice a su Dios: "Tú, mi gloria..." (Sal 3,4)... En aquella, sus sabios, que viven según el hombre... se desvanecieron en sus pensamientos y su necio corazón se oscureció... En esta, en cambio, no hay sabiduría humana, sino piedad, que funda el culto legítimo al Dios verdadero, en espera del premio en la ciudad de los santos... «con el fin de que Dios sea todo en todas las cosas»." (I Cor 15,28).
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 28. BAC, 1958, pág. 985-986 ).

Y así llegó a ser doctrina de la Iglesia la del reinado social del Sagrado Corazón de Jesús en toda la sociedad humana. Y así queda expresado esto en la liturgia con la proclamación como solemnidades de la fiesta del Sagrado Corazón y de la fiesta de Cristo Rey.

Y sin embargo la crisis del culto al Sagrado Corazón fue a más en el siglo XX. Canals dice en 1997:

"Muchas de las causas de la crisis de que se ha hablado en nuestro siglo [el XX] sobre esta devoción no son otra cosa sino la debilitación de aquellas verdades dogmáticas".
(Francisco Canals, Obras Completas, vol. 4A, pág. 249)

Verdades dogmáticas a las que alude en el mismo escrito:

"Al afirmar que este culto está plenamente fundado en el dogma católico, y por esto mismo deriva de la divina revelación expresada en la sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia, en modo alguno hay que negar que su crecimiento y evolución progrsiva sería incomprensible sin las revelaciones recibidas con carisma profético por santa Margarita María Alacoque. Si se quisiese prescindir de ellas, no se hablaría de la devoción aprobada en el Magisterio y presente en la liturgia" (Ib.).

Por otra parte, sin total entrega personal al reinado del Sagrado Corazón no hay reinado social, sino imperio de Satanás en casi todas las almas y en la sociedad

Y así ha sobrevenido el retroceso y en el XXI el eclipse total de esta devoción, la descristianización y el imperio de Satanás en la sociedad y en casi todas las almas, menos en un pequeño resto. En Alemania el 9% de católicos que frecuentan los templos en 2019; en Navarra, menos: el 8'9% en 2018; en Barcelona, menos aún; en Guipúzcoa mucho menos todavía, etc.

Pero el Sagrado Corazón de Jesús, el Verbo hecho carne, reinará en todas las almas. Es su promesa incondicional, su anuncio y su profecía absoluta transmitida por santa Margarita María Alacoque. Reinará en todas las almas. Y por lo tanto en la sociedad humana.

Iremos de derrota en derrota, parece ser, sí, pero hasta el triunfo final de Él.

El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10)(CEC 677)

La mayor promesa del Sagrado Corazón de Jesús es la de su reinado
Es una promesa absoluta, no condicionada. A diferencia de las otras promesas que le hizo Jesús a santa Margarita María Alacoque, ni siquiera está condicionada a una previa devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Al revés, esta devoción triunfará plenamente cuando reine Jesús en todos los corazones y elimine los obstáculos que a ello se oponen, los obstáculos anticristianos, los obstáculos del Anticristo, los obstáculos del misterio de iniquidad, los obstáculos del imperio de Satanás. Y mediante una gran efusión de gracia al mismo tiempo, en la época que se inicie con la Parusía.
Más que una promesa es una profecía con todos los aspectos de profecía absoluta, no condicionada. Un anuncio. Como en el tercer misterio luminoso que se nos manda rezar, no en vano:

"El anuncio del Reino de Dios por Jesús, invitando a la conversión"

La buena nueva. El Evangelio.