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Un malentendido sobre la visibilidad

Una cosa es la inadmisible afirmación de la presencia visible de Cristo en su reino en la tierra y otra cosa es la venida visible de Cristo para inaugurar su reinado consumado en plenitud en la tierra: esto último no es milenarismo sino el Evangelio y toda la Sagrada Escritura; y la oración de la Iglesia; de nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica.

Una cosa es que el reinado social de Jesús, el Verbo hecho carne, no es visible y otra cosa es que su venida gloriosa para iniciar ese reinado Él quiere que sea visible, como ha querido anunciarlo en el evangelio. La segunda venida de Jesús, el Verbo hecho carne, tampoco es visible para los humanos de suyo, es como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiera, (como después de su Resurrección y hasta su Ascensión). Será visible porque Él quiere y porque así lo ha hecho saber de antemano: que será visible su venida gloriosa.

Una cosa es que el reinado social de Jesús, el Verbo hecho carne, no es visible y otra cosa es que su venida gloriosa para iniciar ese reinado Él quiere que sea visible, como ha querido anunciarlo en el evangelio y en otros muchos lugares de la Sagrada Escritura.

El Padre Ramón Orlandis manifestó:

¿Podríase admitir como probable  la presencia visible de Cristo Rey en la tierra, como defienden los milenaristas? En modo alguno...
(Ramón Orlandis, S. I.:
¿Somos pesimistas? CRISTIANDAD Barcelona, Año IV, nº 73, 1 de abril de 1947, página 148).

Dice Canals (en La teología de la historia del Padre Orlandis, S. I. y el problema del milenarismo):

El Padre Orlandis rechazó expresamente, al hablar de la presencia de Cristo viviente en su Iglesia, «la presencia corporal y visible que soñaron los milenarios»:
«Contemplen a Cristo presente en su Iglesia, no con aquella presencia corporal y visible que soñaron los milenarios, pero si con la presencia de gobierno, con la presencia de providencia amorosa, con la presencia de cabeza mística que influye en sus miembros, en los que acatan y aman su soberanía, su vida, su verdad, su amor».
(R. Orlandis: «
Sobre la actualidad de la fiesta de Cristo Rey». Cristiandad, num. 39, l-XI-1945, pág. 467).

El Padre Ramière manifestó:

"Algunos nos han encontrado demasiado favorable al milenarismo. Y sin embargo nosotros hemos protestado y protestamos de nuevo que no admitimos de ninguna manera los dos puntos que constituyen este error: a saber, la resurrección corporal de los santos, mil años antes del último día, y el reinado visible de Jesucristo en la tierra, durante esos mil años". (Henri Ramière S. I.: Les Espérances de l'Église. 1ª ed. 1861. Introduction, pág XXVI).

 

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Texto publicado en AAS:

SUPREMA SACRA CONGREGATIO S. OFFICII DECRETUM
Postremis hisce temporibus non semel ab hac Suprema S. Congregatione S. Officii quaesitum est, quid sentiendum de systemate Millenarismi mitigati, docentis scilicet Christum Dominum ante finale iudicium, sive praevia sive non praevia plurium iustorum resurrectione, visibiliter in hanc terram regnandi causa esse venturum. Re igitur examini subiecta in conventu plenario feriae IV, diei 19 Iulii 1944, Emi. ac Revmi. Domini Cardinales, rebus fidei et morum tutandis praepositi, praehabito RR. Consultorum voto, respondendum decreverunt, systema Millenarismi mitigati tuto doceri non posse. Et sequenti feria V, die 20 eiusdem mensis et anni, Ssñius D. N, Pius divina Providentia Papa XII, in solita audientia Excmo ac Revmo D. Adsessori S. Officii impertita, hanc Emorum Patrum responsionem approbavit, confirmavit ac publici iuris fieri iussit. Datum Romae, ex Aedibus S. Officii, die 21 Iulii 1944. I. Pepe, Supremae S. Congr. S. Officii Notarius. [AAS 36 (1944) 212. DS 3839. 0 de julio de 1944. AAS 36 (1944) 212. DS 3839].

Traducciones no publicadas en ASS:

Una traducción que respeta lo que dice la Sagrada Escritura y la oración litúrgica de la Iglesia:

En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué hay que sentir del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir para reinar visiblemente en esta tierra.
Respuesta: El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad.
[Decreto del Santo Oficio, de 20 de julio de 1944. AAS 36 (1944) 212. DS 3839].

Traducciones que no son compatibles con lo que dicen los Evangelios, ni las otras Sagradas Escrituras, ni la oración de la Iglesia:

DS 3829 «En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué haya de sentirse acerca del sistema del milenarismo mitigado, a saber, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio fmal - previa o no previa una resurrección de muchos justos- ha de venir visiblemente a la tierra para reinar».
«Respuesta: El sistema del milenarismo, aún mitigado, no puede ser enseñado guardando la seguridad de la doctrina».

2296 In recent times on several occasions this Supreme Sacred Congregation of the Holy Office has been asked what must be thought of the system of mitigated Millenarianism, which teaches, for example, that Christ the Lord before the final judgment, whether or not preceded by the resurrection of the many just, will come visibly to rule over this world.
The answer is: The system of mitigated Millenarianism cannot be taught safely.

3839
Question: Que faut-il penser du système du millénarisme mitigé qui enseigne qu'avant le jugement dernier, précédé ou non de la résurrection de plusieurs justes, le Christ notre Seigneur viendra visiblement sur notre terre pour y régner?
Réponse (confirmée par le souverain pontife le 20 juillet): Le système du millénarisme mitigé ne peut pas être enseigné de façon sûre.

Fue el texto en latín de este decreto lo que se publicó en Acta Apostolici Sedis, no las traducciones a otros idiomas. No las que se suelen publicar, que ponen con el verbo venir el adverbio "visiblemente" [visibiliter] en vez de ponerlo con el otro verbo, "reinar". Ponen visibiliter con esse venturus en vez de ponerlo con regnandi. Pero no están publicadas en AAS estas traducciones.

 

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En el Reino de Jesucristo, Él no reinará visiblemente, como si fuera un Califa. Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá en su Parusía, en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, no visible ordinariamente para los humanos viadores. No estará en las facultades de los humanos que vivan entonces, los viadores cuando la Parusía, verle a Jesús más que cuando Él quiera manifestarse o hacerse visible en algún momento a alguien en particular o a muchos; cosa muy diferente de la visión beatífica de los bienaventurados en el cielo. Su presencia en la tierra será una presencia moral, "presencia de gobierno, presencia de providencia amorosa, presencia de cabeza mística que influye en sus miembros, en los que acatan y aman su soberanía, su vida, su verdad, su amor".

Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, como en los días posteriores a su gloriosa Resurrección hasta su admirable Ascensión, en los que no era no visible ordinariamente para los humanos viadores y sólo cuando Él quería se hacía ver.

La segunda venida de Jesús, el Verbo hecho carne, tampoco es visible para los humanos de suyo, es como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiera, (como después de su Resurrección y hasta su Ascensión). Será visible su venida gloriosa, su Parusía, porque Él quiere y porque así lo ha hecho saber de antemano.

A la venida gloriosa de Cristo haciéndose ver, la Parusía, se la llama en la Sagrada Escritura su manifestación, su revelación:

"Ya no os falta ningún don de gracia a los que esperáis la revelación de nuestro Señor Jesucristo. El os fortalecerá hasta el fin para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo" (1Cor 1,8-9).

Te recomiendo en la presencia de Dios que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio, que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, manifestación que a su debido tiempo hará ostensible el Bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores, el único que posee Inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. A él el honor y el poder por siempre. Amén (I Tim 6,13-16)

Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino:
Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina (II Tim 4,1-2).
[Nota de la Biblia de Jerusalén de 1973, ed. española de 1984, "Cristo será el juez de todos los hombres, de los que estén vivos en su venida y de los que resuciten, cf Mt 25,21+; Jn 5 26-29; 1TS 4,15-17. Esta afirmación pertenece sin duda al «kerygma» primitivo, Hch 10,42; 1P 4,5 y ha sido incluida en el símbolo"].

"Desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su manifestación" (II Tim 4,8).

San Pedro nos exhorta también a alegrarnos de participar en los sufrimientos de Cristo, para que disfrutemos de la revelación de su gloria. y porque es una dicha ser injuriados por llevar el nombre de Cristo, [profresarnos cristianos]:

Alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria.
Dichosos de vosotros, si sois injuriados por el nombre de Cristo, pues el Espíritu de gloria, que es el "Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros".
(I P 4,13-14).

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La mayor promesa del Sagrado Corazón de Jesús es la de su reinado...La Ascensión y la Parusía visible y gloriosa de Jesús, el Verbo hecho carneu..INDEX.

t.El Reinado de Jesucristo consumado en cada alma y en el mundo por la acción misericordiosa de su Sagrado Corazónt....San Pablo habla de la parusía, la segunda venida gloriosa de Jesús, el Verbo hecho carne

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Jesús, haciéndose ver en el esplendor de su advenimiento, como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiere, destruirá el reino del Anticristo:

Se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida.
(2Tes 2,8).

Mirad, viene acompañado de nubes: todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén (Apoc 1,7).

La manifestación gloriosa de Jesucristo en su Parusía quitará por su base el poder anticristiano al evidenciar que no ha lugar al ateísmo, que es la base del poder anticristiano. Y quedará arruinado el reinado del colectivo anticristiano por la manifestación de la segunda venida de Jesucristo.

La Parusía es la segunda venida gloriosa de Jesucristo, su manifestación gloriosa, como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiera, (como después de su Resurrección y hasta su Ascensión).

La constatación de que en la Sagrada Escritura se expone que su segunda venida gloriosa la quiere realizar Jesús, el Verbo hecho carne, de manera visible, no tiene nada que ver con el milenarismo, ni siquiera con el milenarismo mitigado, que la Iglesia dice que no puede enseñarse con seguridad.

Porque en el Reino de Jesucristo, Él no reinará visiblemente, como si fuera un Califa. Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá en su Parusía, en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, no visible ordinariamente para los humanos viadores. No estará en las facultades de los humanos que vivan entonces, los viadores cuando la Parusía, verle a Jesús más que cuando Él quiera manifestarse o hacerse visible en algún momento a alguien en particular o a muchos; cosa muy diferente de la visión beatífica de los bienaventurados en el cielo. Su presencia en la tierra será una presencia moral,.

Jesús, el Verbo hecho carne, vendrá en su segunda venida gloriosa con su cuerpo glorioso, como en los días posteriores a su gloriosa Resurrección hasta su admirable Ascensión, en los que no era no visible ordinariamente para los humanos viadores y sólo cuando Él quería se hacía ver.

«Contemplen... a Cristo presente en su Iglesia no con la presencia corporal y visible que soñaron los milenarios».
(
«R. Orlandis S. I.: «Sobre la actualidad de la idea de Cristo Rey». CRISTIANDAD, núm. 39 (1-11-1945), págs. 465-468).

Un malentendido sobre la visibilidad

Una cosa es decir que Jesucristo, en su Segunda Venida, vendrá visiblemente a reinar no visiblemente, sino con una presencia eficaz no visible, como correctamente debe afirmarse, y otra cosa muy distinta e incorrecta e ilícita es decir que Jesucristo, en su Segunda Venida, vendrá a reinar visiblemente, con una presencia visible, afirmación rechazada por la Iglesia en el Decreto del Santo Oficio, de 20 de julio de 1944, publicado en AAS 36 (1944) 212, y afirmación rechazada también en el Catecismo

Una cosa es que el reinado social de Jesús, el Verbo hecho carne, no es visible y otra cosa es que su venida gloriosa para iniciar ese reinado Él quiere que sea visible, como ha querido anunciarlo en el evangelio y en otros muchos lugares de la Sagrada Escritura.

El Padre Ramière claramente manifestó:

" Algunos nos han encontrado demasiado favorable al milenarismo. Y sin embargo nosotros hemos protestado y protestamos de nuevo que no admitimos de ninguna manera los dos puntos que constituyen este error: a saber, la resurrección corporal de los santos, mil años antes del último día, y el reinado visible de Jesucristo en la tierra, durante esos mil años". (Henri Ramière S. I.: Les Espérances de l'Église. 1ª ed. 1861. Introduction, pág XXVI).

La segunda venida de Jesús, el Verbo hecho carne, tampoco es visible para los humanos de suyo, es como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiera, (como después de su Resurrección y hasta su Ascensión). Será visible porque Él quiere y porque así lo ha hecho saber de antemano.

Tampoco vendrá Jesucristo a reinar antes del juicio, sino que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, como dice el Credo. Su segunda venida inicia el juicio o reinado, porque reinar es juzgar; la potestad de juzgar es potestad regia.

Y es lo que el mismo Jesús , el Verbo hecho carne, nos enseñó a pedir en el padrenuestro:

«Venga a nosotros tu reino». [Lema del Apostolado de la Oración: «Adveniat Regnum Tuum».].

«Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo».
[Algunos omiten esto como si fuese milenarismo, y "proclaman" venerar el reino de Dios en el cielo, con lo que su padrenuestro dice hágase tu voluntad en el cielo como en el cielo. ¿Y en la tierra qué?, ¿que manden los que quieren vivir según el hombre y que todo el mundo viva así?, ¿vivir como si Dios no existiera, esclavizados por este sistema políticamente correcto iniciado por el liberalismo e intensificado con lo que ha venido después? ¿Vivir sin remisión sometidos así al imperio de Satanás?].

No es lo mismo, que lo que aparece rechazado en el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, nº 676, sino muy diferente:

Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI, "Divini Redemptoris" que condena el "falso misticismo" de esta "falsificación de la redención de los humildes"; GS 20-21).
Este nº 676 trae dos notas a pie de página: en una pone la referencia del Decreto del Santo Oficio sobre el milenarismo reproducido y traducido más arriba. En la otra nota dice:
"Cf. Pío XI, Carta Enc.
Divini Redemptoris (19 de marzo de 1937): AAS 29 (1937) 65 - 106 «condenando los errores presentados bajo un falso sentido místico» «de esta especie de falseada redención de los más humildes» (p.69); Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 20-21: AAS 58 (1966) 1040-1042. (Catecismo de la Iglesia Católica. Nueva edición conforme al texto latino oficial. Edición española de la Asociación de editores del Catecismo. 1999).

Lo decretado y publicado en AAS está en latín como se copia arriba. La traducción en la versión española del Denzinger, DS, que no es lo decretado y lo publicado, dice venir visiblemente en vez de reinar visiblemete; y eso es fruto del malentendido. Que Jesús, el Verbo hecho carne, ha anuncido que en su segunda venida gloriosa "lo verán" es la Sagrada Escritura y no milenarismo.

"Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios».
Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo (Dn 7,13)»".
(Mt 26,63-64).

«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria».
(Mt 24,30).

Se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».
(Lc 17,23-25. Versión de la CEE 2011).

"Preguntado por los fariseos: ¿Cuándo viene el reino de Dios?, les respondió y dijo:
«No viene el reino de Dios con aparato, ni dirán: "Aquí está", o "Allí"; mirad que el reino de Dios está dentro de vosotros».
Y dijo a los discípulos:
«Vendrán días en que desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: "Aquí está", o "Allí está"; no vayáis ni andéis tras ello. Porque como el relámpago, al relampaguear, recorre con su brillo todo el cielo de un extremo al otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes es menester que padezca mucho y sea reprobado por esta generación...»".
(Lc 17,20-25. Versión de Bover).

«Como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre».
(Mt 24,27).

Lo condenado por Pío XI en la encíclica Divini Redemptoris, nº 60 como "intrínsecamente perverso" es el comunismo, llamado aquí, en el nº 676 del Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, "mesianismo secularizado" y rechazado por la Iglesia como principal falsificación del Reino futuro y condenado aquí en este Catecismo y en el Concilio Vaticano II (GS 20-21) como "falso misticismo" y "falsificación de la redención de los humildes".

Lo cual es todo lo contrario, como secularizado, del sobrenaturalizado reino de Dios en la tierra como en el cielo, el reino anunciado por Jesús, el Verbo hecho carne, en el Evangelio y mandado anunciar por Él; anunciado por los apóstoles y por sus sucesores en la Iglesia; prometido por Dios en la profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo, recordadas y reafirmadas por el Concilio Vaticano II (Nostra Aetae, 4).

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Que Jesús, el Verbo hecho carne, ha de venir en su segunda venida gloriosa, visiblemente es la Sagrada Escritura y no milenarismo.

Los que estaban reunidos le preguntaron:
«Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?»
El les contestó:
«A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad,
sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».
Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.
Y mientras estaban con los ojos clavados en el cielo mirando cómo se iba, de pronto se les presentaron dos varones con vestiduras blancas que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando fijamente al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo».
Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, el espacio de un camino sabático.
(Hch 1,6-12).

Esto no es milenarismo. Es la Sagrada Escritura. Es el Nuevo Testamento.

"Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios».
Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo (Dn 7,13)»".
(Mt 26,63-64).

Esto no es milenarismo, es el Evangelio.

«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria».
(Mt 24,30).

Se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».
(Lc 17,23-25. Versión de la CEE 2011).

"Preguntado por los fariseos: ¿Cuándo viene el reino de Dios?, les respondió y dijo:
«No viene el reino de Dios con aparato, ni dirán: "Aquí está", o "Allí"; mirad que el reino de Dios está dentro de vosotros».
Y dijo a los discípulos:
«Vendrán días en que desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: "Aquí está", o "Allí está"; no vayáis ni andéis tras ello. Porque como el relámpago, al relampaguear, recorre con su brillo todo el cielo de un extremo al otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes es menester que padezca mucho y sea reprobado por esta generación...»".
(Lc 17,20-25. Versión de Bover).

«Como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre».
(Mt 24,27).

Esto tampoco es milenarismo, es también el Evangelio.

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Esto tampoco es milenarismo, sino la palabra de Dios en el Antiguo Testamento referente a la segunda venida de Cristo, la venida en gloria:

"Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos - ha hablado la boca del Señor". (Isaías 40, 5. Biblia de la CEE, 2016)

"Se revelará la gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha hablado".
(Is 40, 5 Biblia de Jerusalén, 1973).

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Esto no es milenarismo, es el Prefacio III de Adviento que tiene en vigor nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica:

En verdad es justo darte gracias,
es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora
en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia,
aparecerá, revestido de poder y de gloria,
sobre las nubes del cielo.
En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.
El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria,
viene ahora a nuestro encuentro
en cada hombre y en cada acontecimiento,
para que lo recibamos en la fe
y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino.

Otro malentendido nace de que "día" se utiliza en textos como este en dos acepciones: la segunda vez que aparece "día" en este texto significa época, como explica san Agustín que significa "día" en la Sagrada Escritura. La primera vez que aparece "día" en este texto del Prefacio III de Adviento significa un período de 24 horas y se refiere al momento de la Parusía, puesto que dice el día y la hora en que "aparecerá" Jesucristo, el Verbo hecho carne, "revestido de poder y de gloria, sobre las nubes del cielo".

«La Iglesia universal del Dios verdadero confiesa y profesa que Cristo ha de venir del cielo a juzgar a los vivos y a los muertos, y a esto le llamamos nosotros último día del divino juicio, esto es el tiempo último. Pues, por cuantos días se extienda este juicio es incierto: pero las escrituras santas usualmente ponen el término día en lugar de tiempo, como no ignora el que haya leído, por más ligeramente que lo haya hecho aquellas letras santas. Así pues cuando decimos día del juicio de Dios, añadimos último o novísimo, lo que indica que también ahora juzga y que desde el principio del tiempo juzgó».
(San Agustín: De Civitate Dei lib. XX, cap. 1, núm. 2).

Aclaración del malentendido entre Parusía e instante final del mundo:

Decía Canals:

"Tendemos a pensar en un instante, la venida del Señor, la conflagración del mundo, la resurrección de los justos y de los pecadores, la salvación de aquéllos y la condenación de éstos y la no existencia de la historia humana.

"Es ahora muy necesario abrir nuestra mente al mensaje contenido en las palabras de San Agustín:

«La Iglesia universal del Dios verdadero confiesa y profesa que Cristo ha de venir del cielo a juzgar a los vivos y a los muertos, y a esto le llamamos nosotros último día del divino juicio, esto es el tiempo último. Pues, por cuantos días se extienda este juicio es incierto: pero las escrituras santas usualmente ponen el término día en lugar de tiempo, como no ignora el que haya leído, por más ligeramente que lo haya hecho aquellas letras santas. Así pues cuando decimos día del juicio de Dios, añadimos último o novísimo, lo que indica que también ahora juzga y que desde el principio del tiempo juzgó» (43. San Agustín De Civitate Dei lib. XX, cap. 1, núm. 2).

"De este tiempo último del Juicio de Dios, de su Advenimiento y de su Reino, cuya duración desconocemos, hemos de sentir según la palabra de Dios que en uno y otro Testamento nos habla.

También san Buenaventura habla de la época final de la Iglesia como posterior a la eliminación del Anticristo por la Parusía de Jesús tras las otras épocas.

La Iglesia consumada en la escatología intrahistórica de San Buenaventura, Francisco Canals Vidal • CRISTIANDAD, Barcelona, Año XL, nn 628-631:117, julio-octubre 1983

Explicó Canals en Recuerdos y reflexiones actuales sobre la teología de la historia del padre Ramón Orlandis, CRISTIANDAD, núm. 728-730, enero-marzo de 1992, págs. 19 a 23
(Conferencia pronunciada en la clausura de la XXIX Reunión de amigos de la Ciudad Católica. Poblet, 14 de octubre de 1990. Publicada en la revista Verbo, núm. 301-302 (1992), págs. 191-201):

Las sistematizaciones de Orlandis y de Rovira podrían considerarse más próximas a la que hallamos en el gran doctor franciscano san Buenaventura, en la última de sus obras, las llamadas Collationes in Hexaemeron, serie de sermones predicados en París, ya en vísperas de su muerte, cuyo texto se conserva en una reportatio cuya autenticidad apoyan los críticos más solventes de la obra de san Buenaventura.

Entre las diversas «seriaciones» de los tiempos de la historia humana en la perspectiva de la salvación, podemos hallar que al doble tiempo: vocación de los gentiles, vocación de los judíos, se corresponden las etapas que llama de la «Iglesia dilatada y de la Iglesia consumada». Mientras que a este período de la Iglesia consumada, coincidente con la vocación de los judíos, se refiere también en otras series la época que llama «la restauración de todas las cosas» y «el tiempo de la paz última».

Nos resultará alentador leer algunas de las palabras del propio san Buenaventura:

«Que los judíos se convertirán es cierto, por Isaías y por el Apóstol, que aduce su autoridad... Dice Isaías: "Subamos al monte del Señor y a la casa del Dios de Jacob"; y sigue: "No desenvainará la espada un pueblo contra otro, ni se adiestrarán más en el arte de la guerra". Contra esto dicen los judíos que todavía no se ha cumplido; pero el Profeta no se refiere a la primera venida o a la primera vocación, sino a la última, cuando el día del Señor se manifieste sobre todos los soberbios; y no se ha de entender que Dios abandone a aquellas ramas». (San Buenaventura: Collationes in Hexaemeron, Col. XV, 24 y 25).

Y en otro lugar dice:

«En el futuro tendrá lugar la reedificación de la Ciudad y la reparación del culto divino. Entonces se cumplirá lo profetizado por Ezequiel, cuando descienda del cielo la Ciudad, no por cierto la que es de arriba, sino la que es de aquí abajo, es decir la militante, cuando sea conforme a la triunfante en cuanto es posible en este mundo. Entonces tendrá lugar la edificación de la Ciudad y su restablecimiento como en el principio, y entonces habrá paz». (Col. XVI, 30).

Para san Buenaventura, la Iglesia estaba en una etapa anterior a aquella a que se refería el pasaje que acabamos de citar. No era previsible el momento en que se cambiase de una edad a otra:

«¿Quién ha dicho cuánto durará? Es cierto que nos encontramos en este tiempo; cierto es también que durará hasta que sea arrojada la Bestia que sube del abismo, y Babilonia sea confundida y derribada, y después se dará la paz; pero primero es necesario que venga la tribulación» (Col. XVI, 19).

Como en el Padre Enrique Ramiére, o en el Padre Orlandis, o en Rovira, también en San Buenaventura hallamos que el anuncio de las grandes tribulaciones que han de sobrevenir sobre los habitantes de la Tierra se ambienta en una atmósfera de anhelo esperanzado por el Reino de Dios. Dios no permite el mal sino para sacar de él mayores bienes, y la hora de las grandes tentaciones y tribulaciones es también signo que ha de alentarnos a «alzar la cabeza porque nuestra salvación se acerca», según nos anunció el Señor en el Evangelio (Luc. 21, 28).

El deseo de que estas esperanzas se cumplan, y de que sean abreviados los días de tribulación, y de que el Amor del divino corazón triunfe sobre el imperio de Satanás, impulsa la oración de la Iglesia:

«Que de uno a otro polo resuene únicamente esta aclamación: Alabado sea el divino Corazón por quien hemos alcanzado la salud: a El la gloria y el honor por todos los siglos».
(Pío XI, Consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, anualmente renovada en la Fiesta de Cristo Rey).

«Nos consagramos a Ti, a tu Corazón Inmaculado, oh Madre Nuestra, Reina del mundo, a fin de que tu amor y patrocinio acelere el triunfo del Reino de Dios, y todos los pueblos, pacificados entre sí y con Dios, te aclamen Bienaventurada, y contigo entonen de un extremo a otro de la tierra, el eterno Magníficat de gloria, amor y agradecimiento al Corazón de Jesús, únicamente en el cual pueden encontrar la Verdad, la Vida y la Paz». (Acto solemne de consagración del género humano al Inmaculado Corazón de María por el Papa Pío XII en 1942)

 

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