....CRISTIANDAD FUTURA.
Umberto Benigni y el Sodalitium Pianum
ReL/Alba Carmelo López Arias 14.02.2012
El 30 de marzo de hace 150 años nació Umberto
Benigni (1862-1934), el sacerdote fundador de la Liga de
San Pío V o Sodalitium Pianum, la célebre Sapinière
(el abetal), que siguió el rastro del modernismo
por toda Europa.
La advertencia del español Merry del Val
Esta herejía inquietaba a las mentes más clarividentes de la
Iglesia. Está haciendo un daño incalculable, destruyendo
la fe a derecha e izquierda, y no me sorprendería nada que, más
pronto o más tarde, el Santo Padre deba denunciarla,
escribía en 1906 Rafael Merry del Val, secretario de Estado de
San Pío X.
Así fue. Lo hizo en 1907, con la encíclica Pascendi y
el decreto Lamentabili, elenco de sus 65 errores
principales, y en 1910 obligando a todos los sacerdotes a prestar
el juramento antimodernista en el momento de su ordenación.
El modernismo era claro en su esencia: la fe no es un
asentimiento del hombre a la Revelación, sino una expresión
subjetiva del sentimiento religioso; y evoluciona con él,
pudiendo revestir expresiones contradictorias a lo largo de los
siglos.
Allí donde la herejía se manifestó con esta claridad, no fue
difícil extirparla. El problema se presentaba en artículos,
libros o asociaciones donde tales ideas, en forma ambigua y
evanescente, envenenaban la exégesis, la liturgia o la teología
espiritual.
Una tarea ingrata, pero necesaria
Había que detectar y denunciar esto. Una tarea que asumió sobre
sus espaldas monseñor Benigni, director de diversas
publicaciones católicas, defensor del Papado frente al expolio
de los Estados Pontificios y enemigo declarado de la masonería.
Tan erudito y políglota como incansable trabajador, tras
enseñar Historia de la Iglesia en el Seminario Vaticano y en la
Academia de Nobles Eclesiásticos (la escuela diplomática de la
Santa Sede), a finales de siglo se incorporó a la Biblioteca
Vaticana.
León XIII le nombró en 1902 consultor de la comisión
histórico-litúrgica, y San Pío X en 1906 subsecretario
de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios,
es decir, el número cinco de la Secretaría de Estado.
Pero a la Historia ha pasado por crear en 1909 el
Sodalitium Pianum, una red internacional compuesta por
un centenar de sacerdotes, religiosos y laicos (35 están
identificados) que recurrían a métodos propios de los
servicios de inteligencia, como el cifrado de mensajes, para
alertar a las congregaciones romanas de las actividades
subrepticias de los círculos modernistas y sus redes intangibles
de ayuda mutua.
La Sapinière alimentó
prensa antimodernista en todos los idiomas y países de Europa. Y
tuvo enemigos tanto eclesiásticos como políticos, en particular
un ministro de la Tercera República Francesa como fue el
radical-socialista Aristide Briand.
¿Sociedad secreta?
Su labor más polémica consistió en identificar focos
inaparentes de la herejía, establecer conexiones entre sus
sostenedores, y hacer llegar a Roma informes que ayudasen a los
dicasterios y a los obispos en su labor vigilante, evitando que
los modernistas ocupasen puestos de relevancia en seminarios y
universidades católicas.
No puede hablarse de sociedad secreta, pues el cardenal
Gaetano De Lai, secretario de la Congregación del
Consistorio (hoy de los Obispos), estaba al tanto de sus
actividades e informaba de ellas al Papa.
Eso sí, sus miembros no eran conocidos públicamente, para
garantizar su libertad de acción y prevenir reacciones y
oposiciones, según explicó el relator de la causa de
canonización de San Pío X, el franciscano Francesco
Antonelli.
Que el pontífice alentaba la labor de monseñor Benigni
está documentado. Aun si quisiéramos considerar protocolarias
las tres bendiciones autógrafas a la Sapinière
que se conservan, también se sabe que lo subvencionó
con mil liras anuales.
Los errores, y el final
Ese apoyo genérico no le hace responsable de algunos errores
y excesos que cometió Benigni en sus denuncias. En 1911
se apartó de la Secretaría de Estado para evitar confusiones
entre la diplomacia vaticana y los riesgos que implicaba su labor
de contraespionaje. No salió por la puerta falsa, sino con un
cargo honorífico creado por San Pío X exclusivamente para él.
La prueba del nueve del apoyo pontificio es que el Sodalitium se
autodisolvió a la muerte del Papa Sarto en 1914, aunque en 1915
decidió volver a la brega. Benedicto XV no se opuso,
pero su influencia empezó a languidecer, hasta que en
1921 el cardenal Raffaele Sbarretti, prefecto de la
Congregación del Concilio (hoy del Clero), lo disolvió.
Benigni se fue quedando solo, mas no abandonó la lucha que daba
sentido a su vida. Derrotado en apariencia el modernismo y
resuelta la cuestión romana con los Pactos de Letrán [1929], mantuvo
por su cuenta el frente contra sus otros enemigos: la
masonería, el catolicismo liberal y la democracia cristiana.
Y si bien coqueteó con el fascismo, nunca se
dejó deslumbrar por ese nacionalismo pagano
contra el que se había alzado asimismo en su punto undécimo el
Programa del Sodalitium Pianum.
De temperamento batallador y violento, dice
la Positio de canonización de San Pío X al enjuiciar a
Benigni, y amargado tras el naufragio de su actividad, sus
invectivas y polémicas fueron a veces desagradables. Eso no
quita que tenga sus méritos y haya querido servir a la Iglesia.
Faltaría más. La sirvió en el puesto más ingrato, aquel que
roba la fama mundana y, pasado un tiempo, todos prefieren
aparentar que no existió.