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La batalla de Covadonga
Fuentes: Wikipedia, con retoques.
Sánchez Albornoz, Claudio: El Reino de Asturias. Origen de la nación española
Tras la caída del reino visigodo, el bereber Otman ben Neza, conocido por los cristianos como Munuza, fue nombrado valí del tercio noroccidental de la península. Su autoridad fue desafiada por algunos dirigentes astures que, reunidos en Cangas de Onís en 718 encabezados por Pelayo ,[718 es el año tomado como el del comienzo del reino de Asturias, decidieron rebelarse, negándose a pagar los impuestos exigidos [discriminatoriamente a los cristianos]. Tras algunas acciones de castigo a cargo de tropas musulmanas locales, Munuza solicitó la intervención de refuerzos desde Córdoba. Aunque se restó importancia a lo que estaba sucediendo en el extremo ibérico, el valí Ambasa envió al mando de Al Qama un cuerpo expedicionario, acompañado por el obispo Oppas.
Pelayo esperó a los musulmanes en un lugar estratégico, como el angosto valle de Cangas de los Picos de Europa cuyo fondo cierra el monte Auseva, donde un atacante ordenado no dispone de espacio para maniobrar y pierde la eficacia que el número y la organización podrían otorgarle. El enfrentamiento se produjo en la cueva de Covadonga, en el año 722 (718 para otros historiadores), y se saldó con la completa derrota de los sarracenos. Se desconocen las dimensiones exactas del ejército de Pelayo (aunque las crónicas hablan de 300 hombres) o el de Al Qama, aunque los recientes descubrimientos arqueológicos hacen pensar que las fuerzas cristianas de la región eran varios miles [de combatientes] y que la rebelión de Pelayo y, consecuentemente, las tropas musulmanas de Al Qama, eran de una entidad tal que no cabría calificar al enfrentamiento de escaramuza. La cuestión es que las tropas sarracenas fueron diezmadas, obligando a Munuza a escapar de Gijón, donde se hallaba en ese momento. Al Qama halló la muerte en este lance, mientras que sus fuerzas sufrieron grandes pérdidas en su desordenada huida, al caer sobre ellos una ladera debido a un desprendimiento de tierras, probablemente provocado, cerca de Cosgaya en Cantabria.[10]
La Batalla de Covadonga supuso la primera victoria de un contingente rebelde contra las fuerzas musulmanas. Tuvo una amplia difusión en la historiografía posterior como detonante del establecimiento de una insurrección organizada que desembocaría en la fundación, en principio, del reino de Asturias, y de otros reinos cristianos.
Visión musulmana de la batalla
Según la recopilación del cronista Al Maqqari (Tremecén, 1578-El Cairo, 1632):
Dice Isa Ibn Ahmand al-Raqi que en tiempos de Anbasa Ibn Suhaim al-Qalbi, se levantó en tierras de Galicia un asno salvaje llamado Belay [Belai al-Rumi]. Desde entonces empezaron los cristianos en al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islámicos, luchando contra los politeístas [en realidad, creyentes en un sólo Dios verdadero en tres personas distintas, que son, cada una, el mismo único Dios] y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta que llegara Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugia el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo «Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?». [A las mujeres no las consideran, se ve. Y a los hombres, al no haber podido eliminar su resistencia les llaman salvajes, que es reconocer su independencia e insumisión]. En el año 133 [de la Héjira, 622] murió Pelayo [737, d. JC, porque ellos cuentan por años lunares] y reinó su hijo Fábila. El reino de Belay duró diecinueve años [718-737], y el de su hijo, dos.Crónica de Al-Maqqari
Visión cristiana de la batalla
Según las crónicas de Alfonso III, Crónica de Albelda, datada en el año 881:
Alqama entró en Asturias con 187 000 hombres [número ingenuamente simbólico para indicar el gran poder islámico, a falta de otro procedimiento literario]. Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseva y el ejército de Alqama llegó hasta él y alzó innumerables tiendas [idem] frente a la entrada de una cueva. El obispo Oppas subió a un montículo situado frente a la cueva y habló así a Pelayo: «Pelayo, Pelayo, ¿dónde estás?». El interpelado se asomó a una ventana y respondió: «Aquí estoy». El obispo dijo entonces: «Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos, no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas, ¿podrás tú defenderte en la cima de este monte? Me parece difícil. Escucha mi consejo: vuelve de tu acuerdo, gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos». Pelayo respondió entonces: «¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?». El obispo contestó: «Verdaderamente, así está escrito». [...] Tenemos por abogado cerca del Padre a Nuestro Señor Jesucristo, que puede librarnos de estos paganos [...]. Alqama mandó entonces comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron los fundíbulos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificencias del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Virgen Santa María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos [se ve que atribuyen la victoria a un milagro]. Y como a Dios no le hacen falta lanzas, sino que da la palma de la victoria a quien quiere, los caldeos emprendieron la fuga...
Crónica de Abelda
Consecuencias
El episodio de Covadonga
El medievalista Ignacio Ruiz de la Peña asegura que Covadonga existió y al igual que Pelayo jugaron un papel determinante en el nacimiento de un nuevo núcleo local que se extenderá y será el germen de los reinos de Castilla y León, negando no obstante que en estos hechos se restaurase el reino godo.
Las crónicas islámicas nombran el acontecimiento aunque le restan importancia —«un cronista musulmán tardío, al-Maqqari, afirma que las huestes de Alqama decidieron retirarse de las montañas astures porque al fin y al cabo allí sólo había "treinta asnos salvajes", y se preguntaron "¿qué daño pueden hacernos?"»—, mientras que «los cristianos lo consideraron el punto de partida de "la salvación de Hispania"».

El reino de Asturias o de los astures (en latín, Asturum Regnum, en asturleonés Reinu d'Asturies) fue la primera entidad política cristiana establecida en la península ibérica después del desmoronamiento del reino visigodo de Toledo tras la desaparición del rey Rodrigo en la batalla de Guadalete y la subsiguiente conquista musulmana de la península ibérica. En sus primeras décadas, la extensión territorial del reino se limitó a los territorios de la cornisa cantábrica y sus comarcas adyacentes. Con posterioridad, los reyes asturianos iniciaron una vigorosa expansión que, a principios del siglo X, alcanzó el río Duero.
Se considera que la historia del reino se inició en el año 718, fecha probable de la elección de don Pelayo como princeps o jefe de los rebeldes y desemboca cuando en el año 925, Fruela II de Asturias sucedió a su hermano Ordoño II, quien gobernaba el reino de León, fundado por su otro hermano García I. El reino de Asturias es por consiguiente el precedente histórico del reino de León.
La identidad asturiana cristalizó de una manera definitiva tras la coronación de Pelayo, con la victoria en Covadonga y la subsiguiente consolidación del Reino de Asturias. En este sentido, la Crónica Albeldense afirma que tras esa batalla Asturum Regnum divina providentia exoritur, «nació por la divina providencia el Reino de los Astures».
Fue el punto de partida de la resistencia cristiana a la dominación musulmana de España, Hispania, Al Ándalus, primeramente, durante tres siglos, en inferioridad, aprovechando las divisiones internas de los musulmanes ocupantes, y aliándose el reino de Asturias (después reino de León) con otros núcleos de resistencia, como el de los vascones de la futura Navarra, constituido en aquel entonces como reino de Pamplona.
Pero ya desde 718/722, la Reconquista sirvió de barrera a la expansión musulmana. La batalla de Covadonga (722) es anterior en diez años a la batalla de Poitiers (732). Con su cruzada de ocho siglos en la Reconquista, España salva del Islam a la Europa de la Cristiandad.
¡Excelsos destinos los de España en la historia, señores! Dios quiso probarla con el hierro y el fuego de la invasión sarracena; ocho siglos fue el baluarte cuya resistencia salvó la cristiandad de Europa; y Dios premió el esfuerzo gigante dando a nuestro pueblo un alma recia, fortalecida en la lucha, fundida en el troquel de un ideal único, con el temple que da al espíritu el sobrenaturalismo cristiano profesado como ley de la vida y de la historia patria.
(Apología de la Hispanidad, Discurso pronunciado en el Teatro «Colón», de Buenos Aires, el día 12 de octubre de 1934 por Don Isidro Gomá, arzobispo de Toledo, Primado de España. Publicado en Acción Española, Madrid 1.11.1934).
Porque el Islam fue creado por Mahoma para dominar, no sólo el "Oriente Medio" y África, pensarlo es racismo y negar la evidencia histórica y geográfica; sino que el Islam fue creado por Mahoma para dominar el planeta entero, para empezando, sobre todo, y con más interés que ninguna otra zona, por Occidente.
Dice Isa ben Ahmad Al-Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al-Qalbi, se levantó en tierras de Galaecia (Yilliqiyya) un bárbaro ('ily = علج) llamado Pelayo. (Crónica de Al Maqqari).
Tras la primera incursión de Tariq que en el año 711 llegó hasta Toledo, el virrey yemení de Ifriqiya, Musa ibn Nusair, cruzó el año siguiente el Estrecho de Gibraltar y llevó a cabo una masiva operación de conquista que le llevaría capturar, entre otras, las ciudades de Mérida, Toledo, Zaragoza y Lérida. En la última fase de su campaña militar llegó hasta el noroeste de la Península donde logró apoderarse de las poblaciones de Lugo y Gijón. En esta última ciudad situó a un pequeño destacamento bereber al mando de un gobernador, Munuza, cuya misión debía consistir en consolidar el dominio musulmán sobre Asturias. Como garantía de la sumisión de la región algunos nobles, entre ellos algunas teorías apuntan que entre ellos Pelayo, fueron llevados como rehenes de Asturias a Córdoba.
Pero, según cuenta la Crónica Rotense (crónica de Alfonso III) donde se considera a Pelayo como sucesor de los reyes de Toledo, Pelayo logró fugarse de dicha ciudad durante el gobierno del valí Al Hurr (717–718) y a su vuelta a Asturias instigó una revuelta contra las autoridades musulmanas de Gijón.
El jefe o príncipe de los astures, Pelayo considerado, ya desde 718, rey, tenía entonces su morada en Bres (concejo de Piloña) y a dicho lugar Munuza envió tropas al mando de Al Qama. Pelayo y sus compañeros cruzaron el río Piloña y se dirigieron al monte Auseva, en una de cuyas cuevas, Covadonga, se refugiaron. Allí lograron emboscar al destacamento sarraceno, que fue aniquilado. La victoria —relativamente pequeña materialmente, pues en ella intervinieron apenas unos cuantos cientos de soldados bereberes, pero formalmente enorme por su gran trascendencia histórica— dio un gran prestigio a Pelayo y provocó la insurrección general de los astures, que supieron captar ya ese significado, con gran perspectiva histórica de la que carecen hoy algunos que se llaman historiadores y los que les siguen. Munuza, viéndose entonces aislado en una región crecientemente hostil decidió abandonar Gijón y dirigirse a la Meseta a través del Camino de la Mesa. Sin embargo, siempre según la crónica citada, fue interceptado y muerto por los astures en un lugar indeterminado que la crónica nómina Olalíes.
Ermesinda, la hija de Pelayo, contrajo matrimonio con Alfonso I, hijo de Pedro de Cantabria. Y los hijos de Alfonso I, Fruela y Adosinda hicieron respectivamente lo propio con Munia, una vasca originaria de Álava, y Silo, un jefe local pésico del área de Flavionavia (Pravia).
Tras la muerte de Pelayo en el año 737, su hijo Favila (Fáfila) es elegido monarca. A Fáfila, según las crónicas, dos años después, lo mata un oso en una de las pruebas de valor exigidas a los jefes astures de la época.
A Fáfila le sucede Alfonso I el Católico, que heredó el trono de Asturias gracias a su matrimonio con la hija de Pelayo, Ermesinda. La crónica Albeldense narra como Alfonso I llegó al reino en algún momento posterior a la batalla de Covadonga para contraer matrimonio con Ermesinda. La muerte de Fáfila en 739 posibilitó su acceso al trono así como la llegada al poder de la que llegaría a ser una de las familias más poderosas del Reino de Asturias. Si bien en un principio únicamente Alfonso I se desplazó a la corte de Cangas, lo cierto es que, tras la progresiva despoblación de la Meseta y del Valle Alto del Ebro, donde se situaban las principales plazas fuertes del Ducado de Cantabria como Amaya, Tricio o la ciudad de Cantabria, los descendientes del duque Pedro de Cantabria se retiraron desde tierras riojanas hacia el área cantábrica y allí llegaron con el tiempo a hacerse con los destinos del Reino de Asturias.
Será Alfonso I el Católico (739-757) el que inicie la expansión territorial del pequeño reino cristiano, desde su primer solar de los Picos de Europa, avanzando hacia el oeste hasta Galicia y hacia el sur con continuas incursiones en el valle del Duero tomando ciudades y pueblos y llevando a sus habitantes hacia las zonas más seguras del norte. Esto causará en parte el despoblamiento estratégico de la Meseta Norte.
Este despoblamiento causado inicialmente por la retirada de los bereberes, que habían acudido a luchar en 740 contra los árabes que se habían adjudicado las ricas, fértiles y muy dotadas de grandes ciudades tierras del Sur, mientras que a los bereberes los habían relegado a las frías tierras del Norte, en gran parte esteparias, alegando que dichos bereberes eran mayoritariamente pastores, como procedentes de las tierras montañosas del Magreb; y consolidado dicho despoblamiento de la Mesta Norte, por los poderes islámicos de Al Ándalus, en manos de la minoría árabe dirigente por su decisión de crear el Desierto del Duero como protección contra futuros ataques de los cristianos del Norte explicado por Claudio Sánchez-Albornoz. El resultado fue, en definitiva, que desde el siglo VIII tuvo lugar en el valle del Duero un proceso de ruralización que trajo consigo el abandono de la vida urbana y la organización de la población en pequeñas comunidades de pastores. Todo ello posibilitó el surgimiento de un espacio poco poblado y sin organizar que aisló al reino asturiano de las acometidas musulmanas y le permitió afianzarse e incluso expansionarse progresivamente cuando aún estaba en inferioridad militar y demográfica.
Inicialmente la expansión dirigida por la monarquía asturiana se lleva a cabo
fundamentalmente por el territorio cantábrico y será necesario esperar
hasta los reinados de Ordoño I y Alfonso III para que el Reino de Asturias tome
posesión efectiva de los territorios situados al sur de la Cordillera. Esto
posibilita hacerse con tierras al sur de las
montañas cántabras mediante el escalio y la
aprisio o presura, que consisten en el acceso a
la plena propiedad a todo el que se asiente en esas
tierras tras un año de ocupación y asentamiento, que
llevaba consigo la necesidad de defender el territorio de
los ataques musulmanes. Esto era de interés para los
reyes y activa la reconquista y la expansión del reino,
porque reconquistar es repoblar; y
además origina la aparición de una capa social
de hombres libres no nobles plenos propietarios
y es la causa de que en España no se llegue a
producir el predominio del feudalismo propiamente dicho,
como ocurrirá en otros reinos europeos; aunque en la
época visigoda, España estaba más avanzada hacia el
prefeudalismo que el resto de los reinos de la época.
Después, en la Plena Edad Media (siglos XI - XIII) no
llegará a haber un predominio de los feudos propiamente
dichos, sino de los señoríos. La diferenciación
de ambas trayectorias históricas es consecuencia
de la invasión musulmana y de la reconquista,
fenómenos y procesos históricos por los que se pasa en
España y en los otros reinos europeos, no.
La sucesión en el trono de Asturias, todavía
básicamente electiva, como la visigoda, será conferida
al varón más apto de la familia real para encabezar
físicamente la lucha, por encima de la primogenitura y
la agnación. Y así tras Alfonso I el Católico,
ocuparán el trono sucesivamente su hijo, Fruela
I (757 - 768); su sobrino, Aurelio I (768 - 774);
su yerno, Silo (774 - 783); otro hijo suyo, en este caso
extramatrimonial, Mauregato (783 - 788); y otro sobrino
suyo, Bermudo I (788 - 791); seguidos de su nieto, Alfonso
II el Casto (791 - 842), hijo de Fruela, que
consolida el despoblamiento estratégico de la Meseta
Norte y que refuerza la tradición visigoda en su
gobierno.
En esta época, la corte se sitúa en Pravia, con el rey
Silo, y en Oviedo (fundada en 761), con
Alfonso II algo antes de 812.
En 813, se anuncia el descubrimiento de
los restos del apóstol Santiago el Mayor en la
futura Compostela, el rey Alfonso II hizo
construir allí la primera iglesia y es el iniciador de
las peregrinaciones y del primer Camino de
Santiago, desde Oviedo. No tuvo hijos.
Le sucede Ramiro I (842 - 850),
hijo de Bermudo Su época es la culminante del arte
asturiano, llamado también ramirense. Su palacio del
Naranco pasó a ser después la iglesia de Santa María
del Naranco, el edificio más representativo de esta
arquitectura.
Es un hecho que en 844 instituyó el Voto de
Santiago; fue a raíz de la afirmación por
algunos combatientes cristianos de que se había
aparecido el apóstol Santiago luchando a caballo
decisivamente en su favor contra los musulmanes en lo que
se denominó batalla de Clavijo, de la que se suele
afirmar que no hay comprobación histórica. En 1812 fue
abolido el Voto de Santiago por las Cortes de Cádiz y
restaurado después. Dicha afirmación acerca de
la batalla de Clavijo también supuso la creación del
señorío del Solar de Tejada, el
único señorío de aquella época que ha sobrevivido
hasta nuestros días; siendo reconocidos sus blasones y
privilegios por todos los reyes desde Enrique IV (en 1460)
hasta Juan Carlos I (en 1981).
El núcleo de Cantabria quedó unido desde el principio al reino de Asturias, como se ha dicho-
El núcleo de Galicia también formó parte del reino de Asturias, como resultado de su expansión, que lo consolida.
El reino de León es como pasó a denominarse el mismo reino de Asturias, cuando la corte se establece en la ciudad de León en 925.
Las fuentes escritas son muy concisas en lo referido a los reinados de Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo I. Generalmente este período, con una duración de veintitrés años (768–791), ha sido considerado como una larga etapa de oscuridad.
Sin embargo, esas mismas fuentes escritas permiten decir que durante esos años se produjeron relevantes y decisivas transformaciones en lo relativo a las cuestiones internas del reino asturiano. Todas ellas prepararon y dieron una base, en todos los órdenes y aspectos, para el posterior afianzamiento y expansión de Asturias.
En primer lugar, fue en esos años cuando se constata la primera rebelión interna astur protagonizada por Mauregato, que desplazó del trono a Alfonso II el Casto, rey de Asturias. Con ella, se inició en Asturias una serie de rebeliones protagonizadas por grupos aristocráticos palaciegos y de grandes propietarios que trataban de desplazar del poder a la familia reinante de Don Pelayo.
A Fruela I le sucede Aurelio de Asturias, nieto de Pedro de Cantabria, que instalará la corte en terrenos de lo que actualmente es el concejo de San Martín del Rey Aurelio, antes perteneciente a Langreo, entre los años 768 y 774. Al morir este, le sucede Silo, que traslada la corte a Pravia. Silo estaba casado con Adosinda, una hija de Alfonso I (y por lo tanto, nieta de Pelayo).
Al morir el rey Silo es elegido rey el joven Alfonso II el Casto (que más adelante, en 791, volvería a recuperar el trono), pero Mauregato, hijo extramatrimonial del rey Alfonso I, organiza una fuerte oposición y consigue que el nuevo rey se retire a tierras alavesas (de donde era originaria la madre de Alfonso II, Munia) adjudicándose el trono asturiano Mauregato. Este rey, pese a la mala fama que la historia le adjudica, mantuvo buenas relaciones con san Beato de Liébana, quizás la figura más importante del reino, y le apoyó en su lucha contra el adopcionismo. La leyenda dice que este rey era hijo extramatrimonial de Alfonso I con una mora, y le atribuye el tributo de las cien doncellas. Le sucede Bermudo I, hermano de Aurelio. Se le llama el diácono, aunque probablemente solo recibiera órdenes menores. Bermudo abdica tras una derrota militar, acabando su vida en un monasterio.
Tras la abdicación de Bermudo I, Alfonso II el Casto vuelve a Asturias y se proclama de nuevo rey en 791, acabándose el período de relativa paz con los musulmanes de periodos anteriores. Durante su reinado realiza expediciones de castigo hacia el sur, llegando tan lejos como hasta Lisboa en 798, y en 825 vence también a los musulmanes en el Nalón. Fija la capital del reino en Oviedo antes de 812 (aunque Oviedo había sido fundada ya en 761) y repuebla Galicia y zonas septentrionales de Castilla y León. Fue un reinado expuesto a ataques continuos de los musulmanes. Aun así, se expande, y aparece el prerrománico asturiano, dando lugar a joyas de la arquitectura medieval europea. Alfonso II el Casto instaura el culto jacobeo, y es la primera figura en el Camino de Santiago, que vincula a Asturias con Europa (especialmente con el reino de Carlomagno), teniendo como enemigo común al expansionismo de los musulmanes. En la batalla de Lutos (llodos en asturiano, ciénagas o lodos en castellano), se inflige una dura derrota a los musulmanes que querían acabar con la creciente amenaza que suponía el reino. En 808, manda forjar la Cruz de los Ángeles. Este rey encarga al arquitecto Tioda las construcciones de varios edificios de carácter regio y religioso para embellecer Oviedo, de los cuales por desgracia pocos han sobrevivido, al edificarse encima en épocas posteriores. En el año 813, se produjo el anuncio de que se había descubierto el enterramiento del Apóstol Santiago en la futura Compostela. El rey de Asturias Alfonso II el Casto (791 - 842) fue el primer peregrino y mandó erigir allí en Compostela una iglesia y declaró al apóstol Santiago patrón de España, siguiendo a san Beato de Liébana, que, en un poema de 783, había llamado al apóstol "áurea cabeza de España, nuestro protector y patrón". Tras lo cual se realiza la construcción de la primera iglesia en torno a dicho sepulcro, seguida de otras posteriormente y del desarrollo allí de la ciudad de Santiago de Compostela y del comienzo de las peregrinaciones a dicho enterramiento y del primer Camino de Santiago desde Oviedo. No tuvo hijos.
También se produce el anuncio de la intervención milagrosa del Apóstol Santiago en las luchas de la Reconquista, lo cual culminaría con el patrocinio de Santiago, o su adopción como patrón, sucesivamente por la caballería española, por el ejército español y por España (y en 1630, el papa Urbano VIII decreta que el Apóstol Santiago, el Mayor, sea considerado solo y único Patrón de España); lo cual culminaría también en el Voto de Santiago y en la Ofrenda anual a Santiago.
Le sucede Ramiro I (842 - 850),
hijo de Bermudo I Su época es la culminante del arte
asturiano, llamado también ramirense. Su palacio del
Naranco pasó a ser después la iglesia de Santa María
del Naranco, el edificio más representativo de esta
arquitectura.
Es un hecho que en 844 instituyó
el Voto de
Santiago; fue a raíz de la afirmación por
algunos combatientes cristianos de que se había
aparecido el apóstol Santiago luchando a caballo
decisivamente en su favor contra los musulmanes en lo que
se denominó batalla de Clavijo, de la que se suele
afirmar que no hay comprobación histórica.
De esta época data el
voto de Santiago, ofrenda anual que presentan los reyes
de España en agradecimiento por esta protección en dicha
batalla.
Se presenta la ofrenda cada año el 30 de diciembre, fiesta de la
Traslación del cuerpo del Apóstol Santiago;
el rey de España presenta la ofrenda ese día personalmente o por
medio de su delegado.
Suprimido por las Cortes de Cádiz, el cumplimiento del Voto de
Santiago fue restablecido en 1939, tras la Guerra de España de
1936.
Otra Ofrenda Nacional es la instituida en 1643 por Felipe IV y
que es presentada el 25 de julio por el rey o el delegado regio,
también hasta la actualidad.
Después se volvió a producir el anuncio de la
protección de Santiago a los ejércitos cristianos españoles en
muchas otras batallas.
Santiago el Mayor fue reafirmado como patrón de España. Y el
grito de combate de las tropas españolas llegó a ser durante
los siglos de la Edad Moderna: "Santiago y cierra España".
Donde cierra significa ¡a la carga! o ¡al ataque! Porque cerrar
en su acepción militar, tomada del arte de la esgrima, significa
avanzar, acometer. Miguel de Cervantes cuenta que Sancho
Panza preguntándole a Don Quijote por qué los españoles
cuando quieren dar una batalla invocan Santiago y cierra
España, le responde: mira, este caballero de la cruz
bermeja háselo dado Dios a España por Patrón y amparo
suyo.
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Dante, autor de la Divina Comedia, en su obra La Vita Nova, distingue peregrinos, romeros y palmeros. Y llama peregrinos a los que hacen el Camino de Santiago, cuando escribe: no se entiende por peregrino sino el que va hacia la casa de Santiago o el que vuelve a ella. La palabra, peregrino es, pues, originaria y propia del Camino de Santiago.
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Gentes de todos los reinos de la Cristiandad
empiezan a peregrinar multitudinariamente a la iglesia que se
construye en Compostela y va surgiendo así el Camino de Santiago.
Como las rutas principales vienen de Francia, al Camino de
Santiago se le llamó en España también el Camino Francés.
En España, quedó fijado a fines del siglo XI, por la gran
actividad constructora y organizadora de Sancho III el Mayor de
Navarra, sobre todo, y también de Sancho Ramírez de Navarra y
Aragón, así como de Alfonso VI y sus sucesores en Castilla,
León y Galicia.
De las cuatro rutas de este itinerario en Francia, tres de ellas, París-Tours, Vézelay-Limoges y Le Puy-Conques, cruzan los Pirineos por Roncesvalles, mientras que la cuarta, Arlés-Toulouse, hace su entrada en España por el paso pirenaico de Somport, en Huesca, y continúa por Jaca hasta llegar, bordeando el embalse de Yesa, a tierras navarras. En ellas sigue hasta unirse poco antes de Puente la Reina con el itinerario de Roncesvalles, que cruza la ciudad de Pamplona.
A partir de Puente la Reina, este itinerario
jacobeo principal sigue por Estella, Logroño, Santo Domingo de
La Calzada, Burgos, Castrojeriz, Frómista, Carrión de los
Condes, Sahagún, León, Astorga, Ponferrada, Villafranca del
Bierzo.
El puerto y la aldea del Cebreiro abren su entrada en Galicia.
El Camino de Santiago o Camino Francés ha sido
declarado por la UNESCO como Bien Patrimonio de la Humanidad.
Las peregrinaciones llegan hasta hoy y son aún más
multitudinarias cuando es año santo jacobeo, que es cuando la
fiesta de Santiago Apóstol, el 25 de julio, cae en domingo, como
en 2004 y en 2010.
El monje san Beato de Liébana en el himno conservado en Toledo «O Dei Verbum, Patris ore proditum», compuesto para la liturgia del Santo en la época del rey Mauregato (783-788), llama a Santiago «Cabeza áurea de España, defensor poderoso, patrono familiar» y se le pide: «asiste piadoso a la grey, que te ha sido encomendada»
-Oh verdaderamente digno y más Santo Apóstol que refulge como áurea cabeza de España, nuestro protector y patrón, evitando la peste, sé del cielo salvación, aleja toda enfermedad, calamidad y crimen. Muéstrate piadoso, protegiendo al rebaño a ti encomendado, sé manso pastor para el rey, el clero y el pueblo, que con tu ayuda disfrutemos de los gozos de lo alto, que nos revistamos de la gloria del reino conquistado, que por ti nos libremos del infierno eterno.
En acróstico, leyendo en vertical las letras iniciales de cada uno de los 60 versos del himno, divididos en 12 estrofas de 5 versos, se dice: Oh Rey de reyes, escucha al piadoso rey Mauregato. Defiéndele y protégele con tu amor.
Los siguientes reyes, Ramiro
I (hijo de Bermudo que se proclama rey tras una guerra civil) y Ordoño
I, viven en un periodo de guerra continua contra los musulmanes. En
tiempos de Ramiro I, se desarrolla el arte
ramirense, el apogeo del prerrománico asturiano. El
Ordoño repuebla Astorga, León, Tuy y Amaya. Establece relaciones estrechas con el Reino de Pamplona, ayudando posiblemente a la liberación del rey García Íñiguez secuestrado por los normandos. Dentro del proceso de vinculación con el valle del Ebro, establece alianzas con los Banu Qasi de Zaragoza, a los que también combate en ocasiones en sucesivas variaciones de alianzas. Ordoño también trata de ayudar, sin éxito, a los mozárabes toledanos en rebelión contra el emir cordobés. A su muerte, le sucede su hijo Alfonso III.
Alfonso III el Magno marca el momento cumbre inicial del reino de Asturias. En el año 908, un siglo después de que Alfonso II el Casto lo hiciera con la cruz de los Ángeles, manda forjar la Cruz de la Victoria, símbolo desde entonces de Asturias. Alfonso se casa con Jimena, princesa navarra. Con el apoyo de los nobles gallegos, conquista el norte del actual Portugal. También se avanza por el Duero, conquistándose Zamora y Burgos. En el momento de apogeo, el reino asturiano incluye todo el noroeste peninsular, desde Oporto hasta Álava.
García I, hijo de Alfonso III el Magno, después de su lucha contra su padre y sus hermanos Ordoño II y Fruela II, traslada en 925 la capital del reino a León, con lo que el reino pasará a ser el Reino de León.