Miserentissimus Redemptor ..INDEX .

Cristo Rey

El Reinado de Jesucristo consumado en toda alma y en toda la tierra por la acción misericordiosa de su Sagrado Corazón

La plena implantación del reinado de Jesucristo en la tierra

La segunda venida de Jesucristo tendrá como consecuencia, entre otras, el triunfo de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Y no al revés. No es a consecuencia de un triunfo debido a un proceso de crecimiento de la Iglesia como se producirá la consumación en la tierra del Reinado Social de Jesucristo por su misericordia y la consiguiente época profetizada de paz y prosperidad en la Iglesia (CEC 677, 673, 672, 675, 674). Este Reinado ha de venir ciertamente, pues está reiteradamente prometido y profetizado. Y será consecuencia, como está profetizado, de la segunda venida de Jesucristo, que producirá con su manifestación gloriosa, como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiere, la liquidación de la apostasía y el hundimiento del régimen anticristiano, que ahora ya domina y que llegará a imperar de forma total. Y consecuencia también de la extraordinaria efusión de gracia que se iniciará con la Parusía.

Y a este respecto dice Canals:

"Sería engañoso entender esta actualidad y adecuación del ideal del Reino de Cristo para nuestro tiempo, cual si pudiéramos esperar que se le acepte con fácil popularidad; o que sintonice cómodamente con la sensibilidad masificada por la propaganda, vertida hedonísticamente hacia lo inmediato, o torturada por la soberbia y endurecida rebeldía de los justicialismos y pacifismos «mundanos»...
No afirmamos con seductor naturalismo que la espiritualidad y doctrina del Reino de Cristo por su Corazón se armonice con el sentir de los amadores del mundo de nuestro humanismo secular. Tenemos que reconocer, por el contrario, la estridencia y la tragedia inevitable del choque y de la hostilidad".
(Francisco Canals Vidal,
El culto al Corazón de Cristo ante la problemática de hoy, CRISTIANDAD, Año XXVII, Núm. 467, enero de 1970 ).

La segunda venida de Cristo, en gloria y poder, no será precedida, sino seguida por la conversión de Israel, porque será consecuencia suya. Aunque ya algo antes de la segunda venida de Jesucristo se producirá por su gracia misericordiosa la conversión de algunos judíos (Ap 3,9), en la época de la Iglesia de Filadelfia, nuestra época.

«Te voy a entregar algunos de la Sinagoga de Satanás, de los que se proclaman judíos y no lo son, sino que mienten; yo haré que "vayan a postrarse delante de tus pies" (Is 45,14), para que sepan "que yo te he amado" (Is 60,14)».
(Ap 3,9)

Tras la quiebra de la apostasía y el hundimiento del imperio anticristiano a consecuencia de la Parusía de Jesucristo, la segunda venida gloriosa de Jesucristo, su manifestación gloriosa, como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiera, (como después de su Resurrección y hasta su Ascensión), vendrá, sin el obstáculo de esas estructuras de pecado y, mediante la extraordinaria efusión de gracia que se iniciará con la Parusía, el proceso de recristianización y el auge de la devoción a la Virgen María y de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Y el triunfo de estas devociones tras la segunda venida de Jesucristo traerá la implantación consumada del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo en la tierra como aseguran respectivamente san Luis María Grignon de Monfort y el padre Ramón Orlandis, S. J.:

“La salvación del mundo comenzó por medio de María y por medio de Ella debe consumarse. María casi no se manifestó en la primera venida de Jesucristo (...) Pero, en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo sea conocido, amado y servido”
(San Luis María Grignion de Montfort, Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, cap. III titulado María en los últimos tiempos de la Iglesia).

"Como consecuencia del triunfo de esta devoción ha de venir la época profetizada de paz y prosperidad en la Iglesia, coincidente con el Reinado Social de Jesucristo"
(El padre Orlandis, explicando la devoción al sagrado Corazón en la fiesta de Cristo Rey del 25 de octubre de 1942).

El reinado de Cristo Rey en las almas, en los corazones, la dimensión personal del reinado del Sagrado Corazón, que es la primordial por cierto, se produce ya plenamente en algunos como consecuencia de la devoción al Sagrado Corazón. Y ésta sí que llega a su plenitud en las almas a las que Jesús se la concede ya en esta época anterior a su segunda venida.

La dimensión social del reinado del Sagrado Corazón llegará a su plenitud y consumación en la tierra tras la segunda venida de Jesucristo, su manifestación como cuerpo glorioso, no visible más que cuando Él quiere, porque será consecuencia de la recristianización generalizada, mediante la extraordinaria efusión de gracia que se iniciará con la Parusía; y así será implantado su reino consumado en la tierra por la propia acción misericordiosa de Jesucristo, como consecuencia de que será implantado por Él su reinado en todas las almas tras la Parusía, como ya antes reina plenamente por su misericordia en algunas.

San Agustín lo explica en el libro XIV de La Ciudad de Dios

Primero explica que vivir según uno mismo y no vivir del todo según Dios es hacer lo que quiere Satanás, estar sometido a Satanás.

San Agustín explica aquella doctrina enseñada de parte de Dios por san Pablo que proscribe obrar según la carne (Gal 5,16-25; Gal 6,7-8; 8,5-14).
Aclara que vivir según la carne, no es solamente vivir según el cuerpo humano o simplemente según los deseos sexuales, sino que es vivir según uno mismo, porque Satanás no tiene cuerpo carnal y es el jefe y modelo de obrar según la carne.

"No se hizo semejante al diablo el hombre por tener carne, de que carece el diablo; sino por vivir según él mismo, es decir, según el hombre. También el diablo quiso vivir según él mismo, cuando no se mantuvo en la verdad. Y de este modo habló mentira, no de Dios, sino de sí propio, que no sólo es mendaz, sino el padre de la mentira".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 3. BAC, 1958, pág. 927).

"Cuando el hombre vive según el hombre y no según Dios, es semejante al diablo. Porque ni el ángel debe vivir según el ángel, sino según Dios, para mantenerse en la verdad y hablar la verdad que viene de Dios; no la mentira que nace de sí mismo... Cuando el hombre vive según la verdad, no vive según él mismo, sino según Dios".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 4. BAC, 1958, pág. 927).

"El hombre no fue creado recto para vivir según él mismo, sino según su Hacedor, esto es para hacer la voluntad de Dios antes que la suya. No vivir como su condición exigía que viviera, eso es la mentira".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 4. BAC, 1958, pág. 928).

San Pablo mismo dice con todas las letras que ser carnal es vivir según el hombre:

«Habiendo entre vosotros celos y discordias, ¿no es claro que sois carnales y vivís según el hombre?»
(I Cor 3,3).

Vivir según uno mismo es estar sometido al imperio de Satanás. Intentar compatibilizar vivir según Dios y vivir según uno mismo es autoengañarse y darle entrada a Satanás para que domine e impere. No es ya vivir según Dios.

Después explica san Agustín la dimensión social del reino de Dios: "Dos amores fundaron dos ciudades".

El imperio de Satanás también es sobre la sociedad, pero conviene insistir en que su raíz más profunda y más sometedora es el sometimiento de cada persona humana a vivir según ella misma y no del todo según Dios. Y vivir según uno mismo lleva a odiar a Dios.

El imperio de Satanás es todo sistema que impone vivir y obrar según uno mismo, como si Dios no existiera. Todo sistema políticamente correcto en la modernidad y en la posmodernidad. Es el imperio de las estructuras de pecado cada vez más ineludiblemente dominantes hoy en lo estatal, en lo económico, en lo cultural, en lo social y en lo personal.

El mismo san Agustín explica que el origen de la dimensión social del imperio de Satanás está en que hay quienes viven según la carne, es decir, viven según sí propio. Y explica que el origen del reino de Dios, la ciudad de Dios, es que hay otros que viven según el espíritu, es decir, según Dios; y en eso mismo explica que está la contraposición y enfrentamiento entre ambas sociedades humanas o ciudades humanas:

"De que hay unos que viven según la carne y otros según el espíritu, se han originado dos ciudades diversas y contrarias entre sí... Con claridad meridiana escribe san Pablo a los de Corinto: «Habiendo entre vosotros celos y discordias, ¿no es claro que sois carnales y vivís según el hombre?» (I Cor 3,3). Luego proceder según el hombre es igual a ser carnal... Poco antes había llamado [hombres] animales a los mismos que ahora llama [hombres] carnales. Dice así: «... El hombre animal no puede hacerse capaz de las cosas que son del Espíritu de Dios, pues para todos son necedad» (I Cor 2, 11-14)".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 4. BAC, 1958, págs. 928-929).

"Siendo tantos y tan grandes los pueblos diseminados por todo el orbe de la tierra... no forman más que dos géneros de sociedad humana, que podemos llamar, conformándonos con nuestras Escrituras, dos ciudades. Una es la de los hombres que quieren vivir según la carne, y otra la de los que quieren vivir según el espíritu".
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. I. BAC, 1958, pág. 921).

"Dos amores fundaron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio, la celestial. La primera se gloría en sí misma, y la segunda, en Dios; porque aquella busca la gloria de los hombres, y esta tiene por máxima gloria a Dios, testigo de su conciencia. Aquella se engríe en gloria, y ésta dice a su Dios: "Tú, mi gloria..." (Sal 3,4)... En aquella, sus sabios, que viven según el hombre... se desvanecieron en sus pensamientos y su necio corazón se oscureció... En esta, en cambio, no hay sabiduría humana, sino piedad, que funda el culto legítimo al Dios verdadero, en espera del premio en la ciudad de los santos... «con el fin de que Dios sea todo en todas las cosas»." (I Cor 15,28).
(San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIV, cap. 28. BAC, 1958, pág. 985-986).

Santa Teresita vivía este reinado pleno de Jesús en su alma y atribuía este título de rey a Jesús para expresar esta dimensión primordial del reinado de Cristo Rey:

«Yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo. Pienso que el Corazón de mi Esposo es para mí sola, como el mío es para Él solo, y le hablo entonces en la soledad de este delicioso corazón a corazón esperando contemplarlo un día cara a cara» (Carta 122, 14 octubre 1890).

"Desde hacía mucho tiempo, Jesús y la pobre Teresita se habían mirado y se habían comprendido... Aquel día no fue ya una mirada, sino una fusión. Ya no eran dos: Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en medio del océano. Sólo quedaba Jesús, él era el dueño, el rey. ¿No le había pedidoTeresa que le quitara su libertad, pues su libertad le daba miedo? ¡Se sentía tan débil, tan frágil, que quería unirse para siempre a la Fuerza divina...!".
(El día de su Primera Comunión. En Historia de un Alma, Manuscrito A, 35 r).

"Todo está ordenado al bien de cada alma" (Historia de un Alma, Manuscrito A, 3r).

Se trata de que cada uno, en sí mismo ante todo, cumpla el mandato de Jesús:

«Buscad primero el reino de Dios y su justicia» (Mt 6,33)

Ofreciéndose así a recibir este don de Jesucristo de que reine en la propia persona, ofrecíéndose a ser amado, a recibir con amor el amor de Jesús que derrama su Sagrado Corazón, en llamas de deseo ardiente de amor, como se lo expresó a santa Margarita María de Alacoque en 1674, en la segunda gran revelación de su Sagrado Corazón, en la que le llega decir que la ingratitud que recibe de nosotros los hombres, al no recibir con amor su amor, le es mucho más sensible que todo lo que sufrió por nosotros en su pasión y que desea recibir algo de amor por parte nuestra, con tal ansiedad, que estimaría poco todo lo que hizo por nosotros, si recibiese sólo ese algo de amor, y que si lo recibiera, querría hacer aún más, si ello se pudiera.

Cuando se consagren todos al Sagrado Corazón y cumplan con lo que requiere dicha consagración, se realizará plenamente el reinado social de Jesucristo:

"Saludamos la aurora de aquel ansiado día en que la soberanía de Jesucristo será de todos reconocida"
"Si todas las familias se consagrasen al divino Corazón, y cumpliesen las obligaciones de tal consagración, estaría asegurado el reinado de Jesucristo en la sociedad"

"Nuestro espíritu se abre hoy a la esperanza de que nuestro tiempo, aunque oprimido por infinitas miserias, encuentre su salvación en una más dócil correspondencia a quienes continúan el apostolado de la B. Alacoque. Alabemos a Dios contemplando caídos para siempre en el universal desprecio los ataques que anteriormente los pretendidos sabios osaban lanzar contra la doctrina que revindica para el Corazón de Jesús el culto debido a cualquier miembro de una Persona divina. Alabemos a Dios contemplando cómo se ha aumentado extraordinariamente el número de las congregaciones que tienen por titular al Corazón de Jesús. Suba a Dios nuestra alabanza por los prodigios de caridad que, en unión y por los méritos del Corazón divino, llevan a cabo intrépidos misioneros en páramos lejanos, o tímidas religiosas en cercanos hospitales. Pero de modo especialísimo y con acentos del más vivo agradecimiento, alabemos a Dios contemplando la admirable difusión que hoy ha alcanzado la obra tan santa de la consagración de las familias cristianas al Corazón de Jesús. Si todas las familias se consagrasen al divino Corazón, y si todas cumpliesen las obligaciones que lleva consigo tal consagración, estaría asegurado el reinado de Jesucristo en la sociedad. Y ¿no hemos de alegrarnos al ver puesta la causa de un efecto tan admirable? Nos alegramos tanto de ello, que Nos place deducir de ahí menos lejano el día de la canonización de la B. Alacoque. Si a ésta, en efecto, ha de seguir una más conveniente difusión del culto al Sagrado Corazón, ¿quién no acelerará con el deseo y el trabajo la extensión de este magnífico culto? Por la aurora se vislumbra el mediodía, y Nos, que en la bien recibida práctica de la consagración de las familias al Sagrado Corazón, saludamos la aurora de aquel ansiado día en que la soberanía de Jesucristo será de todos reconocida, repetimos con exultación confiada la palabra de S. Pablo: «Es preciso que él reine» (1 Cor 15, 25)".
(
Alocución de Benedicto XV de 6 de enero de 1918 al aprobar dos milagros de la beata Margarita María de Alacoque • CRISTIANDAD, nn 887 - 888. Jun - Jul 2005. Pág. 10).

Y, como está prometido y profetizado, se realizará con toda seguridad por la acción misericordiosa del Sagrado Corazón esta consagración, el cumplimiento que requiere y el reinado de Jesucristo en la sociedad.

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Jesús a santa Margarita María Alacoque le suplicaba que le queramos:

Le refería Jesús a santa Margarita María --en 1674-- el exceso de su amor a los hombres y que a cambio no recibía de ellos más que ingratitudes:

«Esto, me dijo, me es mucho más sensible que todo lo que sufrí en mi pasión:
»tanto que si me diesen algún retorno de amor,
»yo estimaría en poco todo lo que hice por ellos, y querría, si ello se pudiera, hacer aún más;
»pero no tienen para corresponder a todos mis desvelos por procurar su bien, más que frialdad y rechazo».
(Autobiografía, Cap. V. Vida y obras de Santa Margarita María Alacoque publicadas por J. Mª Sáenz de Tejada, S. I. 2ª ed, 1948. Pág. 118).
(Bougaud: Histoire de la Bienheureuse Marguerite-Marie, pág. 243).

Y que tengamos compasión de Él y participemos en su dolor

A principios de enero de 1681 se presentó Jesús ante santa Margarita María Alacoque cargado con una cruz, cubierto de heridas, y chorreando sangre, mientras decía la divina víctima con voz dolorosamente triste:

«¿No habrá quien tenga piedad de Mí, y quiera compartir y tener parte en mi dolor, en el lastimoso estado en que me ponen los pecadores, sobre todo actualmente»
( P. A. Hamon, S.I.: Vida de la beata Margarita María. Ed. Subirana, 1916, pág 253).

Jesús a santa Margarita María se le queja a de que nadie le da descanso en su dolor:

"Se me presentó en figura de Ecce Homo, todo desgarrado y desfigurado, y me dijo:
«No he hallado a nadie que haya querido darme un lugar de descanso en este estado de sufrimiento y de dolor»".
(Fragmentos autobiográficos, V. Vida y obras de Santa Margarita María Alacoque publicadas por J. Mª Sáenz de Tejada, S. I. 2ª ed, 1948. Pág. 198).

Y se le queja de que nadie se esfuerce en apagar su sed de ser amado en el Santísimo Sacramento

«Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado de los hombres en el Santísimo Sacramento, que esta sed me consume; y no hallo nadie que se esfuerce, según mi deseo, en apagármela, correspondiendo de alguna manera a mi amor».
(Carta 133, cuarta de Aviñón, al Padre Juan Croiset, S. I. del 3 de noviembre de 1689. Vida y obras de Santa Margarita María Alacoque publicadas por J. Mª Sáenz de Tejada, S. I. 2ª ed, 1948. Pág. 464).

Recibir el reinado pleno de Jesús en el alma es corresponderle con amor al amor ardiente con el que nos quiere conceder su reinado, acatando su voluntad y cumpliendo sus mandamientos, (Jn 14,15; Jn 15,10; I Jn 5,3), pero no aceptarlo como rey en el alma es hacer lo que hizo con Él la soldadesca romana, después de azotarle, al coronarle de espinas, proclamarle rey como una burla, torturándole:

«Los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.
(Mt 27,27-31).

Recibir el reinado pleno de Jesús en la propia persona es efecto del amor que puede despertar en nosotros, por la acción del Espíritu Santo, verle en la cruz sufrir así para salvarnos. Y en ese sentido se cumple que Jesús reina desde la cruz, como decía Benedicto XVI, en la fiesta solemne de Cristo Rey de 2011:

"Jesús, desde el trono de la cruz, acoge a todos los hombres con misericordia infinita"

Y también en el sentido de que su reino lo implantará Él en la tierra, en su plenitud consumada, por amor a nosotros. Es la dimensión social del Reinado del Sagrado Corazón de Jesús, que, al igual que la dimensión personal, es consecuencia de los méritos infinitos que nos ganó Jesucristo con su pasión y su cruz, pagando nustro rescate con su sangre preciosa.

León XIII expresaba así en la encíclica Annum Sacrum la consumación del Reinado de Jesucristo en la tierra por la devoción a su Sagrado Corazón:

«Entonces, por fin, podrán sanarse tantas heridas; entonces, todo derecho recobrará su vigor antiguo en provecho de la autoridad, y se restituirán los bienes y el ornato de la paz, caerán las espadas, y las armas se escurrirán de las manos cuando todos acepten de buen grado la Soberanía de Cristo y a Él obedezcan, y toda lengua confiese que Nuestro Señor Jesucristo está en la Gloria de Dios Padre».

Sólo que hay que insistir en que el triunfo mundial de estas devociones y la aceptación voluntaria de la soberanía de Jesucristo será posterior a su segunda venida gloriosa y de la ruina que Él producirá así en la apostasía y en el imperio anticristiano, al dejar patente su impostura y falacia, tras lo que la Virgen María atraerá a todos hacia el Sagrado Corazón de Jesús.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús no se puede decir que ahora esté aumentando en la tierra, sino que hay que constatar que aumenta el proceso de descristianización, la apostasía de las naciones y la anomía. No se ve que vaya camino de triunfar dicha preciosa devoción, si no causa este triunfo una intervención divina extraordinaria. Aunque el saneamiento eclesiástico en parte se ha iniciado desde el pontificado de san Juan Pablo II con el nombramiento de obispos buenos, cuyo factor común que les caracteriza es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Estamos ahora en el mundo en aquella situación en la que Jesús tiene encargado que, aunque es ahora rechazado Dios y la autoridad de su Iglesia, hay que anunciar de todas maneras que viene ya el Reino de Dios:

«En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid:
"Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca"». (Lc 10,10-11).

La época de paz y prosperidad está profetizada y vendrá con el establecimiento glorioso del Reino mesiánico. Así lo dice el Catecismo de la Iglesia Católica (1992):

"Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7) que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz" (CEC 672).

Antes de la época profetizada de paz y prosperidad en la Iglesia, coincidente con el Reinado Social de Jesucristo, lo que se producirá es una extrema persecución y apostasía, no el triunfo de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2 Te 2, 7). (CEC 671 ).

Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en gloria es inminente (cf Ap 22, 20), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén "retenidos" en las manos de Dios (cf. 2 Te 2, 3-12). (CEC 673).

Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el "Misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22). (CIC 675).

Y el Reinado Social de Jesucristo no se producirá a consecuencia de un triunfo debido a un proceso de crecimiento de la Iglesia, que bastante tendrá con sobrevivir, en algún pequeño resto, a la apostasía y a la persecución final, sino que el Reino de Dios y de su Cristo se producirá por una intervención victoriosa del propio Dios, según enseña la Iglesia en su Catecismo,

El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10). (CEC 677).

Esa intervención victoriosa es la segunda venida de Jesucristo en su gloria:

«Se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida» (II Tes 2,2).

La segunda venida gloriosa de Jesucristo traerá consigo su reconocimiento como Mesías por Israel en el tiempo de la restauración universal:

«La Venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11, 26; Mt 23, 39) ... San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21)» (CEC 674).

Jesús le manifestó a santa Margarita María de Alacoque que Él destruirá el imperio de Satanás y sobre las ruinas del mismo levantará el imperio de su amor y le prometió también:

“Nada temas, Yo reinaré a pesar de Mis enemigos y de todos aquellos que quieran oponerse” (Autobiografía 92).

«Reinará por fin el divino Corazón, a pesar de los que a ello querrán oponerse. Satanás quedará confuso con todos sus partidarios. ¡Dichosos aquellos de quienes será servido para establecer su imperio! Paréceme que Él es semejante a un rey que no piensa en dar sus recompensas mientras va haciendo sus conquistas y triunfando de sus enemigos, pero sí cuando reine victorioso en su trono. El adorable Corazón de Jesús quiere establecer su reinado de amor en todos los corazones y destruir y arruinar el de Satanás» (Carta de Santa Margarita de 1690).

«Yo creo que se cumplirán aquellas palabras que hacía oír de continuo al oído del corazón de su indigna esclava, entre las dificultades y oposiciones que fueron grandes en los principios de esta devoción: “¡Reinaré, a pesar de mis enemigos y de todos aquellos que se opongan a ello!"» (Carta de Santa Margarita de 1689 al Padre Croisset).

«Él me fortificaba con estas palabras, que oía yo en lo más íntimo de mi corazón con un regocijo inconcebible: “¡Reinaré, a pesar de mis enemigos y de todos los que a ello querrán oponerse!”» (Otra carta de Santa Margarita al Padre Croisset).

Estas revelaciones de Jesús a santa Margarita María de Alacoque de que Él destruirá el imperio de Satanás coinciden con lo declarado por el Concilio Vaticano II:

«Tiene pues, ante sí la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme según el propósito divino y llegue a su consumación».
(Conc. Vat. II, Gaudium et Spes, 2).

Y por los papas Benedicto XVI y san Juan Pablo II:

"Sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, podrá levantarse la civilización del Amor, el Reino del Corazón de Cristo"
(San Juan Pablo II, 5.10.1986. Carta al General de la Compañía de Jesús. Insegnamenti, vol. IX/2, 1986, p. 843)

"Sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia podrá edificarse la civilización del Corazón de Cristo"
(Benedicto XVI, 15.05.2006, Carta sobre el culto al Corazón de Jesús, repitiendo las palabras del san Juan Pablo II de 5.10.1986, Insegnamenti, vol. IX/2, 1986, p. 843).

"La civilización del amor debe ser el verdadero punto de llegada de la historia humana"
(San Juan Pablo II, 3.11.1991. Homilía en la Parroquia de San Romualdo de Roma. L'Oss. 21.11.91).

El reinado del laicismo y del liberalismo se terminará cuando, destruido ese reinado anticristiano por la Parusía, la segunda venida gloriosa de Jesucristo; y, mediante la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía, generalizada la devoción a su Sagrado Corazón, todos crean que Jesucristo es Dios y obren en consecuencia, también en la vida política, lo cual se producirá con toda seguridad, y así fue anunciado por el Concilio Vaticano II:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).

Lo que es proclamar la esperanza cierta y segura de la futura confesionalidad consecuente de todos los pueblos, con los judíos a la cabeza de los creyentes en Jesucristo; la Cristiandad futura; la futura unidad católica mundial, no por exclusión legal de la libertad religiosa, sino cimentada en la aceptación voluntaria del reinado del Sagrado Corazón de Jesús en todos los corazones movidos por Su gracia divina, la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía, Su segunda venida gloriosa con la que, al evidenciar Su existencia, eliminará el poder anticristiano que, cada vez más, impone vivir como si Dios no existiera.

Bien entendido que es Dios el que concede a todos invocarle y servirle:

«Volveré puro el labio de los pueblos, para que invoquen todos el nombre de Yahveh, y le sirvan bajo un mismo yugo».
(So 3,9).

Esta confesionalidad de todos los pueblos y de su organización política regional, nacional y mundial será posible con los medios que aporta la Iglesia, y la aceptación de estos medios, en particular la autoridad de la Iglesia en materias morales como infalible, que es lo que define a los Estados confesionales.

El Concilio Vaticano II enseña que forma parte de la misión de la Iglesia "declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana" (Dignitatis humanae, 14).

De lo que se trata es de "la coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura, recordada por el Concilio Vaticano II". Ser católicos y obrar en consecuencia, en la esfera privada y en la pública, individual y colectivamente, cada persona y la sociedad.

Jesucristo anunció el reino de Dios y efectivamente vino el reino de Dios que es su Iglesia, nuestra Santa Madre Iglesia Católica Jerárquica, como la denominaba san Ignacio de Loyola, y la Iglesia del siglo XXI celebra la fiesta solemne de Cristo Rey (leer más)

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Pero todavía no ejerce Jesús, el Verbo hecho carne, su realeza en plenitud en la tierra:

"Al presente, no vemos todavía que le esté sometido todo" (Heb 2,8).

Se necesita la gran efusión de gracia prometida para que todos obremos según Dios y no según cada uno, como bajo el imperio de Satanás:

«Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne,
para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica , y así sean mi pueblo y yo sea su Dios» (Ez 11,19-20).

Cuando se consagren todos al Sagrado Corazón y cumplan con lo que requiere dicha consagración, se realizará plenamente el reinado social de Jesucristo:

"Saludamos la aurora de aquel ansiado día en que la soberanía de Jesucristo será de todos reconocida"
"Si todas las familias se consagrasen al divino Corazón, y cumpliesen las obligaciones de tal consagración, estaría asegurado el reinado de Jesucristo en la sociedad"

"Nuestro espíritu se abre hoy a la esperanza de que nuestro tiempo, aunque oprimido por infinitas miserias, encuentre su salvación en una más dócil correspondencia a quienes continúan el apostolado de la B. Alacoque. Alabemos a Dios contemplando caídos para siempre en el universal desprecio los ataques que anteriormente los pretendidos sabios osaban lanzar contra la doctrina que revindica para el Corazón de Jesús el culto debido a cualquier miembro de una Persona divina. Alabemos a Dios contemplando cómo se ha aumentado extraordinariamente el número de las congregaciones que tienen por titular al Corazón de Jesús. Suba a Dios nuestra alabanza por los prodigios de caridad que, en unión y por los méritos del Corazón divino, llevan a cabo intrépidos misioneros en páramos lejanos, o tímidas religiosas en cercanos hospitales. Pero de modo especialísimo y con acentos del más vivo agradecimiento, alabemos a Dios contemplando la admirable difusión que hoy ha alcanzado la obra tan santa de la consagración de las familias cristianas al Corazón de Jesús. Si todas las familias se consagrasen al divino Corazón, y si todas cumpliesen las obligaciones que lleva consigo tal consagración, estaría asegurado el reinado de Jesucristo en la sociedad. Y ¿no hemos de alegrarnos al ver puesta la causa de un efecto tan admirable? Nos alegramos tanto de ello, que Nos place deducir de ahí menos lejano el día de la canonización de la B. Alacoque. Si a ésta, en efecto, ha de seguir una más conveniente difusión del culto al Sagrado Corazón, ¿quién no acelerará con el deseo y el trabajo la extensión de este magnífico culto? Por la aurora se vislumbra el mediodía, y Nos, que en la bien recibida práctica de la consagración de las familias al Sagrado Corazón, saludamos la aurora de aquel ansiado día en que la soberanía de Jesucristo será de todos reconocida, repetimos con exultación confiada la palabra de S. Pablo: «Es preciso que él reine» (1 Cor 15, 25)".
(
Alocución de Benedicto XV de 6 de enero de 1918 al aprobar dos milagros de la beata Margarita María de Alacoque • CRISTIANDAD, nn 887 - 888. Jun - Jul 2005. Pág. 10).

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Caducidad de la sana laicidad

Será también cuando todos crean que Jesucristo es Dios y obren en consecuencia, también en la vida política, lo cual se producirá con toda seguridad tal como fue anunciado por el Concilio Vaticano II:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).

Lo que es proclamar la esperanza cierta y segura de la futura confesionalidad consecuente de todos los pueblos, con los judíos a la cabeza de los creyentes en Jesucristo; la futura unidad católica mundial, no por exclusión legal de la libertad religiosa, sino cimentada en la aceptación voluntaria del reinado del Sagrado Corazón de Jesús en todos los corazones movidos por Su gracia divina, la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía, Su segunda venida gloriosa con la que, al evidenciar Su existencia, eliminará el poder anticristiano que, cada vez más, impone vivir como si Dios no existiera.

Bien entendido que es Dios el que concede a todos invocarle y servirle:

«Volveré puro el labio de los pueblos, para que invoquen todos el nombre de Yahveh, y le sirvan bajo un mismo yugo».
(So 3,9).

Mientras tanto:

Reivindicar la sana laicidad es pedir que las propuestas y aportaciones de los católicos sean tenidas en cuenta. Frente al laicismo, que excluye toda presencia de lo católico en la vida pública. Ya sería mucho. Porque algo es más que nada. Pero, cuando se permite que se presenten las propuestas católicas y luego se imponen normas anticristianas y antihumanas como las que legalizan la muerte de niños en el vientre manterno, ¿acaso alguien puede pretender que nos sea lícito a los católicos acatar normas anticristianas y antihumanas? La respuesta establecida por Dios es el non possumus. Ni se obedecen, ni se cumplen. Como decía Canals, no se puede aceptar deportivamente el resultado.

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La normativa ética de la política está entre en las materias sobre las que el Papa tiene autoridad infalible, porque es infalible en materia de fe y moral, lo mismo que lo es la Iglesia Católica.

La autoridad del Papa para declarar las normas morales es infalible cuando la ejerce con ese carácter, no cuando no la ejerce.

Cristo constituyó a los Apóstoles y a sus sucesores «intérpretes auténticos de toda ley moral, es decir, no sólo de la ley evangélica, sino también de la natural»
(San Pablo VI, enc. Humanæ vitae 25-VII-1968, 4). [Citado por Iraburu en Infocatólica, 14.12.2012]

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LA DEMOCRACIA TRADICIONAL FRENTE A LA DEMOCRACIA ABSOLUTA....La democracia tradicional...La democracia absoluta es contraria al Reinado Social de Jesucristo..El liberalismo..Política y ética .
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......Para que haya democracia y libertad, la ética debe regir la conducta política de los votantes y no sólo de los políticos....Un partido confesional católico....LA TRADICIÓN Y EL TRADICIONALISMO.....

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La democracia absoluta es contraria al Reinado Social de Jesucristo

Los electores deben votar según la moral, la ética. Así como los gobernantes elegidos deben gobernar según la moral. Los gobernantes sólo son elegidos democráticamente, si han sido elegidos en una votación en la que los electores ejercen su derecho según la moral. Porque el fin del hombre es obrar bien y voluntariamente, este es el fin de toda educación humana en todas las edades del hombre desde su niñez. Esto es obrar con libertad. Obrar según la moral, que es obrar según la propia naturaleza, de la que no somos autores, por cierto. Un gobierno democrático es aquel en que los gobernantes actúan según la moral (legitimidad de ejercicio); y los gobernantes han sido elegidos con la participación de todo el pueblo eligiendo y votando según la moral (legitimidad de origen.)

La democracia, como todo lo humano debe ser redimida, no es redentora. Sólo es posible actuar siempre según la moral los electores y los gobernantes reconociendo la soberanía de Dios y obrando según Él, aceptando los medios que para para poder obrar según la moral, Él ha puesto por haber sido ganados por Jesucristo en la cruz para nosotros. Y es que la moral es posible conocerla por la luz natural de la razón, porque consiste en obrar según nuestra naturaleza racional de personas. Pero conocerla con seguridad en los casos de normas discutidas, debido a que muchas veces cuesta cumplirlas, requiere seguir la autoridad que Jesucristo ha puesto en su Iglesia en materia moral con carácter de infalibilidad. Este acatamiento es lo que se producirá en el Reinado Social de Jesucristo, cuando el lo establezca en la Tierra en su venida gloriosa, ante la que se hundirá el régimen anticristiano que ya impera y que imperará de forma total antes de esa Parusía de Jesucristo.

Esta democracia redimida es muy diferente de la democracia cristiana, que es contraria al Reinado Social de Jesucristo.

Cristo constituyó a los Apóstoles y a sus sucesores «intérpretes auténticos de toda ley moral, es decir, no sólo de la ley evangélica, sino también de la natural»
(Pablo VI, enc. Humanæ vitae 25-VII-1968, 4). [Citado por Iraburu en Infocatólica, 14.12.2012]

"La civilización del Amor es el Reino del Corazón de Cristo"

"Sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, podrá levantarse la civilización del Amor, el Reino del Corazón de Cristo"
(Juan Pablo II, 5.10.1986. Carta al General de la Compañía de Jesús. Insegnamenti, vol. IX/2, 1986, p. 843)

"La civilización del Corazón de Cristo"

"Sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia podrá edificarse la civilización del Corazón de Cristo"
(Benedicto XVI, 15.05.2006, Carta sobre el culto al Corazón de Jesús, repitiendo las palabras de Juan Pablo II de 5.10.1986, Insegnamenti, vol. IX/2, 1986, p. 843).

"La civilización del Amor punto de llegada de la historia humana"

"La civilización del amor debe ser el verdadero punto de llegada de la historia humana"
(Juan Pablo II, 3.11.1991. Homilía en la Parroquia de San Romualdo de Roma. L'Oss. 21.11.91).

Para que haya democracia y libertad, la ética debe regir la conducta política de los votantes y no sólo de los políticos
Si después de unas elecciones, llega al poder lo inhumano, no hay democracia
No hay democracia si los votantes votan al margen de la moral
La actividad política debe estar regida por la moral, como todas las actividades humanas. Y no sólo la actividad de los políticos, sino también la actividad de todos. Y por lo tanto, los ciudadanos deben votar según las normas morales, es decir, conforme a la naturaleza humana racional que tenemos. No es lícito votar al margen de la moral, no es humano. Todo lo inmoral es inhumano. No hay democracia si se actúa en política al margen de la moral. No hay democracia si los políticos elegidos en las votaciones actúan al margen de la moral. Si actúan inhumanamente. No hay democracia si los votantes votan al margen de la moral. Por eso no hay democracia si lo que resulta de las elecciones es que el poder queda en manos de los contrarios a la libertad, de los contrarios a los derechos de la persona, de los terroristas, de los que no defienden eficazmente la vida, ni siquiera de los más inocentes como son los niños en el vientre de su madre, o de las personas en estado embrionario. Habrá liberalismo, pero no democracia.

Tras la revolución liberal, los gobiernos se proclaman legítimos si tienen la mayoría en el parlamento, también basan su poder en tener la mayoría en el parlamento, hagan lo que hagan después con el poder así obtenido, sobre la base del parlamentarismo, según la cual los representantes del Pueblo Soberano tienen el poder absoluto y pueden mandar lo que quieran, con las normas éticas que quieran admitir. En el siglo XX y en el XXI este legitimismo liberal ha hecho crisis varias veces. El propio liberalismo, que pone todo el poder en el parlamento que sale de las elecciones, ha llegado desde la segunda mitad del siglo XX a no reconocer como democrático el resultado de las elecciones y de las decisiones de la mayoría parlamentaria en algunos casos:

  • La aprobación en 1922 por la mayoría del Parlamento de Italia, en un régimen constitucional liberal, de la investidura de Mussolini como jefe del gobierno italiano y las posteriores elecciones que le dieron la mayoría a su Partido Fascista, en un régimen constitucional liberal, fueron consideradas legítimadoras entonces por los gobiernos occidentales, y el establecimiento por ellos del totalitarismo después, pero hoy no lo serían. No se considera hoy legítimo que un parlamento establezca el fascismo, aunque tenga la mayoría en el parlamento, ni que unas elecciones que den la mayoría a un partido considerado fascista por sus adversarios le den legítimamente el poder.

  • La aprobación en 1933 por la mayoría del Parlamento de Alemania, en un régimen constitucional liberal, de la investidura de Hitler como jefe del gobierno alemán y las posteriores elecciones que le dieron la mayoría a su partido nazi, muchísimo peor aún que el fascista, fueron consideradas legítimadoras entonces por los gobiernos occidentales, pero hoy no lo serían. Tampoco se admite hoy como legítimo que un parlamento establezca el nazismo, aunque tenga la mayoría en el parlamento, ni que unas elecciones que den la mayoría a un partido considerado nazi por sus adversarios sean válidas para darle legítimamente el poder.

  • Las elecciones de diciembre de 1991 en Argelia, que dieron en la primera vuelta el triunfo a los islamistas del FIS, fueron eliminadas por un golpe de estado en enero de 1992 desde el poder por el hasta entonces partido único socialista, que impidió realizar la segunda vuelta electoral, con la aprobación de la UE y de todos los países occidentales, porque los islamistas no iban a permitir un régimen liberal, aunque el golpe era antidemocrático y mantuvo la dictadura izquierdista.
    Abdelaziz Buteflika, presidente de esa dictadura desde 1999, sufrió un ictus en abril de 2013, y durante un año no pudo aparecer en público, pero en las elecciones de abril de 2014, justificativas de la dictadura, fue presentado, a sus 77 años, por el partido que monopoliza el poder y, pese a seguir desaparecido durante toda la campaña electoral, ganó aplastantemente con la misma lógica oficial de siempre, tras reaparecer el día de la votación llevado en silla de ruedas a efectuar la deposición de su voto en la urna.
    Abdelaziz Buteflika gana oficialmente las elecciones presidenciales argelinas de abril de 2014 tras su ictus de un año antes desde el que no había aparecido en público

  • La participación en el gobierno de Austria en 1999 de los liberales del FPÖ de Haider, aprobada por la mayoría del parlamento austríaco, dio como resultado que la UE sancionara a Austria, por considerar a Haider sospechoso de filonazismo. No se toleró por la UE que en Austria se formase un gobierno de coalición apoyado en los diputados elegidos en las elecciones pertenecientes al democristiano conservador Partido Popular y en los seguidores de Haider, que se denominaban liberales, aunque eran denominados ultraderechistas filonazis por sus adversarios.
    En 1999 Haider anunció que su partido, el Liberal (Partido de la Libertad de Austria, Freiheitliche Partei Österreichs, FPÖ), iba a participar en el Gobierno Federal de Austria en coalición con el Partido Popular de W. Schüssel, coalición que provocó las sanciones de la UE.
    El 31 de enero de 2000, el Consejo de Ministros de la UE advirtió a Austria de que la entrada del FPÖ en su Gobierno iría seguida de la imposición de sanciones políticas y diplomáticas a Austria.
    El 4 de febrero de 2000 tomó posesión el gobierno de coalición de los democristianos y de los liberales del FPÖ. Haider no formaba parte, porque era gobernador de Carintia. La UE cumplió su amenaza y tras la formación de ese gobierno austríaco investido por la mayoría de los diputados del parlamento austríaco elegidos en las urnas, impuso sanciones a Austria.

  • El golpe de Estado militar del 3.07.2013 en Egipto derribó con apoyo de la UE y de los USA de Obama al presidente Mursi por ser islamista, aunque estaba en el poder por haber ganado las elecciones, tras la revuelta de la "primavera árabe" que derrocó a toda una serie de dictadores de países del Norte de África y de Oriente Medio.

  • La ilegalización por parte de la Unión Europea y de la ONU de Herri Batasuna y de toda una serie de partidos afines a la ETA y a otras organizaciones terroristas de todo el mundo indica que "ellos" mismos lo saben.

  • Las elecciones para la presidencia de Austria de 2016
    Contra el candidato del ultranacionalista Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), Norbert Hofer, que había vencido en la primera vuelta de las elecciones para la presidencia de Austria de 2016, se agruparon los socialistas y los democristianos, los partidos del sistema, que habían sido barridos, en apoyo del ecologista Alexander Van der Bellen. Mientras ya se anunciaban sanciones internacionales contra Austria e incluso su posible exclusión o marginación de la UE por lo inadmisible del triunfo del ultranacionalista Hofer, en el recuento de la votación de la segunda vuelta del 22 de mayo de 2016 se comunicaba la noticia de que iba por delante Hofer a falta del voto por correo; pero después se anunció que al final quedaba por delante Van der Bellen gracias a ese voto por correo. El resultado ya era políticamente correcto al parecer. Pero el ultranacionalista FPÖ impugnó el resultado anunciado del recuento de la segunda vuelta mediante un escrito de 150 páginas que es lo que ocupaba el detalle de las irregularidades en el recuento denunciadas.
    El Tribunal Constitucional de Austria ordena el 1.07.2016 la repetición de la segunda vuelta del 22.05.2016 de las elecciones presidenciales

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El reinado de Cristo ante el laicismo

La proclamación de Cristo como rey fue el 11 de junio de 1899 con la consagración del mundo al Sagrado Corazón de Jesús por el papa León XIII. Consagró a todo el género humano al Sagrado Corazón. Incluidos los que no creen en Jesucristo y los que no son miembros de la Iglesia, ni aceptan la autoridad pontificia. La fundamentación teológica de que se consagrase también a estas personas es, como enseñan san Agustín y santo Tomás, que la doctrina de la Iglesia es que aunque los que no católicos no están bajo la autoridad de Jesucristo y de su Vicario en cuanto al ejercicio de su autoridad (quantum ad executionem potestatis), todos los hombres les están sometidos en cuanto a su autoridad en sí (quantum ad potestatem), porque según recuerdan san Agustín y santo Tomás, Jesucristo murió para redimir a todos, como revela el Espíritu Santo por medio de san Pablo: «Cristo se ha entregado para la redención de todos».

Esta doctrina nos da también el significado de la proclamación de la realeza universal de Jesucristo mostrando su Sagrado Corazón. Y es que la autoridad de Jesucristo es universal sobre todos los hombres; y el Papa, su Vicario en la tierra, tiene esta autoridad sobre todos los hombres en materia de fe y de moral, incluidos los aspectos éticos de la política; pero no la ejerce sobre los que no acatan aún la autoridad del Papa y de la Iglesia.

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La devoción al Sagrado Corazón de Cristo Rey

La devoción al Sagrado Corazón consiste en la reparación y en la consagración. Esto no sólo es la cumbre y síntesis de la virtud de la religión, que es la más alta dentro de la virtud cardinal de la justicia, sino que está enraizado en las tres virtudes teologales. La consagración consiste en hacer, en unión con el Corazón de Jesús en la Eucaristía, lo que Dios quiere, todo lo que Dios quiere, sólo lo que Dios quiere y como y cuando Dios quiere. Es la consigna de santa Maravillas de Jesús. Y es la realización del reinado del Corazón de Jesús, en cada uno, para que venga el reinado del Corazón de Jesús a la vida social en plenitud en el futuro, como nos enseñó a pedir Jesús en el padrenuestro, y como la Iglesia enseña a hacer como fórmula del ofrecimiento de obras del Apostolado de la Oración y como fórmula que inserta el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 34). Y es lo que María madre de la Iglesia, madre nuestra, nos dice desde las bodas de Caná: «Haced lo que el os diga».

Y forma parte de la doctrina pontificia la enseñanza de que el culto al Sagrado Corazón de Jesús integra la consagración y no menos la reparación. Y que la reparación consiste a su vez en expiar nuestros pecados por razón de justicia y en consolar a Jesús por razón de amor.

Así lo enseña Pío XI en la Miserentissimus Redemptor (nn, 5 y 10):

"Si lo primero y principal de la consagración es que al amor del Creador responda el amor de la criatura, síguese espontáneamente otro deber: el de compensar las injurias de algún modo inferidas al Amor increado, si fue desdeñado con el olvido o ultrajado con la ofensa. A este deber llamamos vulgarmente reparación".

"Y si unas mismas razones nos obligan a lo uno y a lo otro, con más apremiante título de justicia y amor estamos obligados al deber de reparar y expiar: de, justicia, en cuanto a la expiación de la ofensa hecha a Dios por nuestras culpas y en cuanto a la reintegración del orden violado; de amor, en cuanto a padecer con Cristo paciente y «saturado de oprobio» y, según nuestra pobreza, ofrecerle algún consuelo".

"¿Cómo podrán estos actos de reparación consolar a Cristo, que dichosamente reina en los cielos? Respondemos con palabras de San Agustín: «Dame un corazón que ame y sentirá lo que digo» (In Ioan. tr.XXVI 4).

Un alma de veras amante de Dios, si mira al tiempo pasado, ve a Jesucristo trabajando, doliente, sufriendo durísimas penas «por nosotros los hombres y por nuestra salvación», tristeza, angustias, oprobios, «quebrantado por nuestras culpas» (Is 53,5) y sanándonos con sus llagas. De todo lo cual tanto más hondamente se penetran las almas piadosas cuanto más claro ven que los pecados de los hombres en cualquier tiempo cometidos fueron causa de que el Hijo de Dios se entregase a la muerte; y aun ahora esta misma muerte, con sus mismos dolores y tristezas, de nuevo le infieren, ya que cada pecado renueva a su modo la pasión del Señor, conforme a lo del Apóstol: «Nuevamente crucifican al Hijo de Dios y le exponen a vituperio» (Is 5). Que si a causa también de nuestros pecados futuros, pero previstos, el alma de Cristo Jesús estuvo triste hasta la muerte, sin duda algún consuelo recibiría de nuestra reparación también futura, pero prevista, cuando el ángel del cielo (Lc 22,43) se le apareció para consolar su Corazón oprimido de tristeza y angustias. Así, aún podemos y debemos consolar aquel Corazón sacratísimo, incesantemente ofendido por los pecados y la ingratitud de los hombres, por este modo admirable, pero verdadero; pues alguna vez, como se lee en la sagrada liturgia, el mismo Cristo se queja a sus amigos del desamparo, diciendo por los labios del Salmista: «Improperio y miseria esperó mi corazón; y busqué quien compartiera mi tristeza y no lo hubo; busqué quien me consolara y no lo hallé» (Sal 68,21).

El consuelo, tal como el propio Jesús pide, es decirle a cada momento que le queremos y que le damos las gracias. La gratitud, como enseña santo Tomás de Aquino, tiene una primera parte que es el reconocimiento del bien recibido. Santa Teresa enseña que para hacer oración un buen método es ir considerando los pasos de la Pasión. De contemplar a Jesús sufriendo por nosotros, puede arrancar nuestro amor por Él, que es lo más alto y principal que se puede hacer y conseguir en esta vida y en la otra. Y que es lo que Jesús nos dice con ansia suplicante que necesita de nosotros.

Santa Teresa del Niño Jesús hizo el objetivo de su vida consolar al Sagrado Corazón de Jesús:

“Quiero trabajar por vuestro solo Amor, con el único objeto de agradaros, de consolar a vuestro Sagrado Corazón y de salvar las almas que os amarán eternamente” (Acto de ofrenda al amor misericordioso).

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Jesucristo anunció el reino de Dios y efectivamente vino el reino de Dios que es su Iglesia, nuestra Santa Madre Iglesia Católica Jerárquica, como la denominaba san Ignacio de Loyola, y la Iglesia del siglo XXI celebra la fiesta solemne de Cristo Rey (leer más)

«Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes»

La promesa de Jesús, el Verbo hecho carne, al beato Bernardo de Hoyos el jueves, 14 de mayo de 1733, fiesta solemne de la Ascensión del Señor

"Después de comulgar, tuve la misma visión referida del Corazón, aunque con las circunstancias de verle rodeado de la corona de espinas y una cruz en la extremidad de arriba, ni más ni menos que la pinta el P. Gallifet; también vi la herida por la cual parece se asomaban los espíritus más puros de aquella sangre, que redimió el mundo. Convidaba el divino amor Jesús a mi corazón se metiera en el suyo por aquella herida, que aquél sería mi Palacio, mi Castillo, y Muro en todo lance. Y como el mío aceptase, le dijo el Señor: ¿No ves que está rodeado de espinas y te punzarán?, que fue irritar más el amor, que introduciéndose a lo más íntimo, experimentó eran rosas las espinas. Reparé que además de la herida grande, había otras tres menores en el Corazón de Jesús, y preguntándome si sabía quién se las había hecho, me trajo a la memoria aquel favor con que nuestro amor le hirió con tres saetas. Recogida todo el alma en este Camarín Celestial, decía: «Haec requies mea in saeculum saeculi, hic habitabo quoniam elegi eam». Dióseme a entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mí solo, sino que por mí las gustasen otros. Pedí a toda la Santísima Trinidad la consecución de nuestros deseos, y pidiendo esta fiesta en especialidad para España, en quien ni aun memoria parece que hay de ella, me dijo Jesús: «Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes». 

(Autógrafo del P. Juan de Loyola, S. I., L. III, cap. I, p. 116. Véase el autógrafo y la fotografía en Razón y Fe, t. 102, p. 23).

El beato Bernardo de Hoyos consignó por escrito enseguida con la máxima fidelidad el gran mensaje en un manuscrito desaparecido, como todos sus escritos. Pero su director el P. Juan de Loyola, S. I., lo copió fielmente en el manuscrito Autógrafo de su vida. Fallecido Bernardo de Hoyos el 29 de noviembre de 1735, dicho P. Juan de Loyola, S. I. publicó la vida de Bernardo para referir los principios en España de la devoción al Sagrado Corazón en la primera edición del Tesoro Escondido, publicada en 1736 y en todas las siguientes.

El P. Uriarte, S. I. publicó su Vida del P. Hoyos  «arreglada y aumentada de como la escribió y dejó inédita el P. Juan de Loyola». El texto de la promesa del Reinaré en el autógrafo está en la 2ª ed., páginas 250-251.

(Véase el artículo de José Mª. Sáenz de Tejada, S. I., «Reinaré en España y con más veneración que en otras partes», Revista Cristiandad de Barcelona, nº 29, páginas 249-251, 1 de junio de 1945)

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La Ascensión y la Parusía visible y gloriosa de Jesús, el Verbo hecho carne

La mayor promesa del Sagrado Corazón de Jesús es la de su reinado

El futuro de la hispanidad

Confesionalidad, Reino de Dios y proselitismo

Estado confesional católico consecuente

Confesionalidad católica desactivada, inconsecuente e inoperante en la España del XIX y del XX

Encíclica Miserentissimus Redemptor de PÍO XI de 8 de mayo de 1928

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Es posible consolar a Dios como fue posible que Dios padeciese y murieset...Explicaciones y desarrollos....Enseñanzas pontificias.... Annum sacrum ...Miserentissimus Redemptor .. Textos . ..Artículos. ..INDEX
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La fiesta solemne del Sagrado Corazón de Jesús... La proclamación de Cristo como rey fue el 11 de junio de 1899.
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Las noticias optimistas del Evangelio vienen también en el ApocalipsislaLa Sábana Santa de Turínt . El rostro de Jesúst.uLa tarjeta de visita de Jesucristo: soy rey
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La laicidad en la actual situación de hipótesis constatada por Benedicto XVI. ...Tesis, hipótesis, esperanza.. .Tesis e hipótesis..La democracia liberal.....
La civilización del amor es el reinado social del Sagrado Corazón de Jesucristo en la tierra::
El primero que introdujo esta expresión "Civilización del amor" fue el papa san Pablo VI en 1970, el que la desarrolló fue el papa san Juan Pablo II....

La extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con Su Parusía

Aún no se ha cumplido la Buena Noticia, pero se cumplirá.

La Buena Noticia de la implantación universal del Reino de Dios y la eliminación del actual sistema anticristiano, tras su próxima dominación total