El origen de la crisis de las órdenes religiosas explicada por el cardenal Jean Daniélou en la Radio Vaticana el 23 de octubre de 1972
LA FUENTE ESENCIAL DE ESTA CRISIS
Entrevista al cardenal Jean Daniélou en la Radio Vaticana, 23 de
octubre de 1972
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350241?sp=y
P. Eminencia, ¿existe realmente una crisis de la vida
religiosa y puede dimensionarla?
R. Pienso que hay actualmente una crisis muy grave de la
vida religiosa y que no se debe hablar de renovación, sino más
bien de decadencia. Pienso que esta crisis golpea sobre todo al
área atlántica. Europa del Este y los países de África y de
Asia presentan respecto a esto una mejor salud espiritual. Esta
crisis se manifiesta en todos los ámbitos. Los consejos
evangélicos no son considerados ya como consagración a Dios,
sino que son vistos en una perspectiva sociológica y
psicológica. Nos preocupamos por no presentar una fachada
burguesa, pero en el plano individual no se practica la pobreza.
La dinámica de grupo sustituye a la obediencia religiosa; con el
pretexto de reaccionar contra el formalismo, se abandona toda
reglamentación de la vida de oración y las consecuencias de
este estado de confusión son ante todo la desaparición de las
vocaciones, porque los jóvenes reclaman una formación seria.
Por otra parte, hay numerosos y escandalosos abandonos de
religiosos que reniegan del pacto que los ligaba al pueblo
cristiano.
P. ¿Puede decirnos cuáles son, a su parecer, las causas
de esta crisis?
R. La fuente esencial de esta crisis es una falsa
interpretación del Vaticano II. Las directivas del Concilio eran
clarísimas: una más grande fidelidad de los religiosos y de las
religiosas a las exigencias del Evangelio expresadas en las
Constituciones de cada instituto y al mismo tiempo una
adaptación de las modalidades de estas Constituciones a las
condiciones de la vida moderna. Los institutos que son fieles a
estas directivas conocen una verdadera renovación y tienen
vocaciones. Pero en muchos casos se sustituyen las directivas del
Vaticano II con ideologías erróneas puestas en circulación por
revistas, por congresos y por teólogos. Entre estos errores se
pueden mencionar:
- La secularización. El Vaticano II ha declarado que los valores
humanos deben ser tomados en serio. Jamás ha dicho que nosotros
ingresemos en un mundo secularizado, en el sentido que la
dimensión religiosa ya no ha de estar presente en la
civilización, y es en el nombre de una falsa secularización que
religiosos y religiosas renuncian a sus hábitos, abandonan sus
obras para insertarse en las instituciones seculares,
sustituyendo la adoración a Dios por las actividades sociales y
políticas. Entre otras cosas, esto va a contramano en lo que se
refiere a la necesidad de espiritualidad que se manifiesta en el
mundo de hoy.
- Una falsa concepción de la libertad que lleva consigo la
desvalorización de las Constituciones y de las Reglas y exalta
la espontaneidad y la improvisación. Esto es tanto más absurdo
en cuanto la sociedad occidental sufre actualmente por la
ausencia de una disciplina de la libertad. La restauración de
reglas firmes es una de las necesidades de la vida religiosa.
- Una concepción errónea de la mutación del hombre y de la
Iglesia. Aún cuando los contextos cambian, los elementos
constitutivos del hombre y de la Iglesia son permanentes, por eso
es un error tremendo cuestionar los elementos constitutivos de
las Constituciones de las órdenes religiosas.
P. ¿Pero usted ve que hay remedios para superar esta
crisis?
R. Pienso que la solución única y urgente es la
de detener las falsas orientaciones que se difunden en un cierto
número de institutos. Para esto es necesario detener
todas las experimentaciones y todas las decisiones contrarias a
las directivas del Concilio; poner en guardia contra los
libros, las revistas y los congresos en los cuales son puestas en
circulación estas concepciones erróneas; restaurar
íntegramente la práctica de las Constituciones con las
adaptaciones pedidas por el Concilio. Allí donde esto parece
imposible, me parece que no se puede rechazar a los religiosos
que quieren ser fieles a las Constituciones de sus órdenes y a
las instrucciones del Vaticano II de constituir
comunidades distintas. Los superiores religiosos están
obligados a respetar este deseo conciliar.
Estas comunidades deben estar autorizadas y deben tener casas de
formación. La experiencia mostrará si las vocaciones son más
numerosas en las casas de estricta observancia o
en las casas de observancia mitigada. En caso que los superiores
se opongan a estos pedidos legítimos, está ciertamente
autorizado recurrir al Sumo Pontífice.
La vida religiosa está llamada a un grandioso futuro en la
civilización técnica: cuanto más se desarrolle ésta, más se
hará sentir la necesidad de la manifestación de Dios. Este es
precisamente el propósito de la vida religiosa, pero para
cumplir con su misión es necesario que ella reencuentre su
auténtico significado y rompa radicalmente con una
secularización que la destruye en su esencia y le impide atraer
vocaciones.
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Para mayores detalles sobre la figura de Daniélou y sobre las
vicisitudes que precedieron a su muerte, ver el artículo de
Jonah Lynch en "Avvenire" del 8 de mayo de 2012:
> Daniélou, la verità usurpata
Don Lynch es vicerrector, en Roma, de la Fraternidad San Carlos
Borromeo, la cual prepara sacerdotes destinados a las misiones.
Junto a la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, la
Fraternidad San Carlos Borromeo promovió la jornada de estudios
sobre Daniélou, llevada a cabo el 9 de mayo.
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Pour d'autres informations et commentaires, voir le blog que
tient Sandro Magister, uniquement en italien:
> SETTIMO CIELO
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Para el cardenal prohibido ha finalizado la cuarentena
Un congreso ha roto el silencio sobre Jean
Daniélou, uno de los más grandes teólogos del siglo XX. El
misterio de su muerte. La hostilidad de sus hermanos jesuitas. La
entrevista que no le perdonaron
por Sandro Magister
ROMA, 11 de mayo de 2012 "Ventanas
abiertas al misterio": éste es el título del congreso con
el que hace dos días la Pontificia Universidad de la Santa Cruz
ha roto el silencio sobre uno de los mayores teólogos del siglo
XX, el francés Jean Daniélou, jesuita, creado cardenal por
Pablo VI en 1969.
Un silencio que duró casi cuarenta años y que comenzó con su
fallecimiento en 1974.
En efecto, el recuerdo de Daniélou se reduce hoy, para muchos,
al misterio de su muerte por infarto, una tarde de mayo, en la
casa de una prostituta, en el cuarto piso de rue Dulong 56, en
París.
Cuando en realidad el verdadero misterio sobre el cual Daniélou
abrió las ventanas para muchos, en su actividad de teólogo y
hombre espiritual, es el del Dios trinitario. Una de sus obras
más importantes tuvo por título: "Ensayo sobre el misterio
de la historia". Una historia no gobernada por la
casualidad, ni por la necesidad, sino que está llena de las
"magnalia Dei", las grandiosas maravillas de Dios, una
más asombrosa que la otra.
Hoy son pocos los libros de su autoría que están todavía a la
venta, y sin embargo son todavía de extraordinaria riqueza y
frescura. Son simples y sin embargo profundísimos, como pocos
teólogos han sabido redactarlos en el último siglo, además de
él y de ese otro campeón de la claridad que tiene por nombre
Joseph Ratzinger.
Daniélou acompaña al actual Papa en la estructuración
histórica más que filosófica de su teología, en el
conocimiento competente de los Padres de la Iglesia (uno,
enamorado de Gregorio de Nisa; el otro de Agustín de Hipona), en
el rol centralísimo dado a la liturgia.
Daniélou, junto a su hermano jesuita Henri De Lubac, fue el
genial iniciador en 1942 de esa colección de textos patrísticos
denominada "Sources Chrétiennes" [Fuentes Cristianas]
que ha signado el renacimiento de la teología en la segunda
mitad del siglo XX y que ha preparado lo mejor del Concilio
Vaticano II.
En síntesis, es un autor que hay que redescubrir totalmente.
Pero debe diluirse también lo brumoso de su muerte y de la
taciturna descalificación que le siguió.
Mimì Santoni, la prostituta, lo vio caer de rodillas con el
rostro en tierra antes de expirar. Para ella "fue una bella
muerte para un cardenal". Él había ido a llevarle
dinero para pagar un abogado capaz de sacar de la prisión a su
esposo. Fue la última de sus obras de caridad
realizadas en secreto, a favor de personas despreciadas y
necesitadas de ayuda y perdón.
Los jesuitas hicieron investigaciones arduas, para conocer la
verdad. Comprobaron su inocencia. Pero de hecho
envolvieron el caso en un silencio que no alejó las
sospechas.
La ruptura entre Daniélou y sus otros hermanos jesuitas de
París y de Francia fue efectivamente el verdadero origen del
olvido en que cayó este gran teólogo y cardenal.
Una ruptura que fue anterior a su muerte al menos dos
años antes.
En efecto, desde 1972 Daniélou no habitaba más
en la casa de "Etudes", la revista cultural de avanzada
de los jesuitas franceses, donde había vivido durante décadas.
Se había trasladado a un convento de monjas, las Hijas del
Corazón de María.
Lo que precipitó la batalla fue una entrevista realizada a
Daniélou en la Radio Vaticana, en la que criticó con dureza la
"decadencia" que devastaba a tantas órdenes religiosas
masculinas y femeninas, a causa de "una falsa
interpretación del Vaticano II".
La entrevista fue leída como una acusación lanzada contra la
misma Compañía de Jesús, cuyo general era en esa época el
padre Pedro Arrupe, quien también estaba a la
cabeza de la Unión de los Superiores Generales de las
Órdenes Religiosas.
El jesuita Bruno Ribes, director de "Etudes", estuvo
entre los más activos en hacer tierra arrasada en torno a
Daniélou.
Las posiciones de los dos se habían vuelto antitéticas. En
1974, el año de la muerte de Daniélou, Ribes mostró a
"Etudes" en desobediencia abierta respecto a la
enseñanza de la encíclica "Humanae Vitae"
sobre la anticoncepción.
Y colaboró con otros teólogos "progresistas"
entre los cuales estaban los dominicos Jacques Pohier y Bernard
Quelquejeu en la redacción de la ley que en ese
mismo año introdujo el aborto libre en Francia, con
Simone Veil como ministro de salud, Valéry Giscard
d'Estaing como presidente y Jacques Chirac
como primer ministro.
Al año siguiente, en 1975, el padre Ribes dejó la dirección de
"Etudes". Posteriormente abandonó primero la
Compañía de Jesús y luego la Iglesia Católica.
Aquí presentamos a continuación [más arriba] la entrevista que
hizo que Daniélou fuese prohibido.
A cuarenta años de distancia, la decadencia de las órdenes
religiosas denunciada en esa entrevista está activa todavía,
como lo prueba en Estados Unidos los acontecimientos suscitados
en torno a la "Leadership Conference of Women
Religious":
> Diario Vaticano / El Santo Oficio castiga a las hermanas
americanas (30.4.2012)
Traducción en español de José
Arturo Quarracino, Buenos
Aires, Argentina.
11.5.2012
E-mail: s.magister@espressoedit.it
Dirección postal: Sandro Magister, "L'espresso", via
C. Colombo 90, 00147 Roma
Tipografía de Theo Nelki.
En el encabezado, un particular de los mosaicos de Santa Maria La
Mayor, Roma, siglo V, con la representación de la Jerusalén
Celeste.