Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra
«Me dirijo al hombre de la calle, escéptico
pero también comprensivo, y mi única esperanza, bastante vaga
por cierto, es que si abordo la biografía de este gran santo por
el lado llamativo y popular que evidentemente tiene, tal vez
logre que el lector perciba la coherencia de una personalidad
intachable, al menos un poco mejor que antes; y que acometiendo
su historia de esta manera, quizá vislumbre por qué el poeta
que alababa a su señor el sol se escondía a menudo en una cueva
oscura; por qué el santo, tan bondadoso con su hermano el lobo,
era tan severo con su hermano el asno (como él mismo apodaba a
su propio cuerpo); por qué se alejaba de las mujeres el trovador
que confesaba abrasarse de amor; por qué se revolcaba
deliberadamente en la nieve el cantor que se regocijaba con la
fuerza y la viveza del fuego y por qué la poesía que exclama
con pasión pagana: `Alabado sea el Señor por nuestra
hermana, la madre tierra, que nos da la hierba, frutos
diversos y flores de intenso colorido` termina prácticamente con
estas palabras: `Alabado sea el Señor por nuestra hermana, la
muerte del cuerpo`».
(Chesterton en su biografía de San Francisco de Asís)
Cántico del Hermano Sol de San Francisco
(San Francisco, 1182
1226)
Altísimo, omnipotente, buen
Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.
Y él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva
significación.
Loado seas, mi Señor, por la hermana luna
y las estrellas,
en el cielo las has formado
luminosas y preciosas y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das
sustento.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil
y humilde y preciosa y casta.
Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y él es bello y alegre y robusto
y fuerte.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con
coloridas flores y hierba.
Loado seas, mi Señor, por aquellos
que perdonan por tu amor,
y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,
porque por ti, Altísimo,
coronados serán.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana
la muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueran en
pecado mortal!
Bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les
hará mal.
Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle
con gran humildad.