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 La continuación de la Reconquista con la liberación de Melilla en 1497

Fuente: Wikipedia, con retoques y ampliaciones

Situada Melilla al noreste de lo que entonces era sultanato de Fez antes era Mauritania Tingitana, una de las provincias incluida en las Hispanias desde la reorganización del Imperio romano por Diocleciano en 293 de JC, pero la invasión musulmana borró la civilización romana cristianizada de los habitantes de todo el Norte de África y el Magreb y los sometió a los poderes islámicos sucesores hasta ese sultanato de Fez del que fue liberada ahora Melilla al ser tomada por el duque de Medina Sidonia en 1497, en nombre de los Reyes Católicos.

La conquista de Granada fue presentada por los Reyes Católicos como un primer paso para recuperar la «Casa Santa» de Jerusalén en poder del Islam. Pero su interés inmediato era hacer frente a la amenaza que podían suponer el sultanato de Fez y los emiratos de TremecénBugía y Orán, situados más al este. Ya durante la guerra de Granada se habían desplegado flotas y barcos sueltos para impedir que atravesaran el estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán fuerzas musulmanas enviadas para socorrer al reino nazarí. Tras la conquista los Reyes Católicos decidieron que la mejor estrategia para su defensa y la del litoral mediterráneo era ocupar plazas y puntos fortificados en la costa norteafricana y llevar a cabo desde ellos labores de vigilancia y de control del territorio. El reino de Portugal ya poseía desde 1415 el enclave de Ceuta.

Para legitimar su política, los Reyes Católicos obtuvieron del papa Alejandro VI la bula Ineffabilis (13 de febrero de 1495) que les investía a ellos y a sus sucesores con el dominio de las tierras que conquistaran en África, a lo que se añadió la concesión de indulgencias de cruzada a los combatientes. Dos años después una flota del duque de Medina Sidonia que mandaba Pedro Estopiñántomaba Melilla en nombre de la Corona. Melilla no estaba bajo la autoridad efectiva de ningún emir, lo que facilitará la conservación de la plaza. Su tenencia y defensa fue concedida al duque de Medina Sidonia. Sin embargo, pasarían años hasta que se reanudase esta estrategia de conquista de plazas norteafricanas.

Un partido musulmán, en contra de celebrar la reintegración de Melilla en España el 17 de septiembre de 1497

EFE / LIBERTAD DIGITAL 2009-09-17

Melilla celebra el 17 de septiembre su fiesta entre la polémica. Conmemora 512 años de su Reconquista liberadora, pero un partido musulmán pide que se cambie la efeméride para no ofender al pueblo de origen amazigh o bereber. UPyD ha apostado por el consenso por lo que no le importaría variar la fecha de la fiesta

La ciudad autónoma de Melilla celebra la llegada el 17 de septiembre de 1497 de Pedro de Estopiñán, emisario del III Duque de Medina Sidonia, fecha que supuso su incorporación a la Corona de Castilla, bajo el reinado de los Reyes Católicos.

La efeméride ha llegado, un año más, marcada por la propuesta de Coalición por Melilla (CPM), principal partido de la oposición y de mayoría musulmana, de cambiar de fecha el Día de Melilla, al considerar que la festividad supone una ofensa para el pueblo de origen amazigh o bereber.

A dicha propuesta se habría sumado también el PSOE, y se propone como alternativa el 13 de marzo, día en el que Melilla tuvo su Estatuto de Autonomía.

Ante los repetidos problemas que genera cada año esta fecha, UPyD ha abogado por recuperar el consenso. Considera una fecha valida el 17 de septiembre y rechaza los argumentos del CPM de que hubo un baño de sangre hace justo 512 años.

Emilio Guevara, coordinador local de la formación, ha aclarado a LD que "no hay rigor histórico en que ese día hubiera sangre". A su juicio, el día de hoy es "válido" aunque no le importaría cambiar la fecha para conseguir el consenso y así celebrar "todos juntos" esta efeméride.

Los actos institucionales incluyen la entrega de las Medallas de Oro de la Ciudad, que este año han sido otorgadas a la Policía Local, a la Unidad de Trasplantes y al Centro Asistencial de Melilla.

Las Medallas de Oro de Melilla se han entregado en ediciones anteriores a personalidades e instituciones como la Fundación Barenboim-Said, que busca a través de la música la unión de los pueblos palestino e israelí, la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Foro de Ermua o el rey Juan Carlos, coincidiendo con el V Centenario.

CPM ha anunciado que no asistirá a este acto, en el que sí ha venido participando en los últimos años, como tampoco lo hará a la tradicional ofrenda floral que se realiza ante el monumento de Pedro de Estopiñán, situado en Melilla la Vieja.

En dicha ceremonia, el presidente autonómico, Juan José Imbroda, leerá su discurso, en el que suele realizar un resumen de gestión del último año, al tiempo que anuncia su política a seguir en los próximos meses. A esta celebración no asistirá ningún miembro del Gobierno central, como tampoco ningún presidente autonómico.

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AMPLIACIÓN

MELILLA

http://www.camelilla.es/portal/ciudad/historia/index.jsp#c1

Melilla queda integrada en el entorno norteafricano de Kelaya o "lugar de castillos"; su territorio está situado en la parte noroeste del Magreb, en la región del Gareb, que significa poniente. Melilla está bañada por el Mediterráneo, en la costa septentrional del continente africano, frente a las costas andaluzas correspondientes al Mar de Alborán. La costa de Melilla es el punto medio de inflexión que viene a separar de forma notoria un litoral bajo de finas arenas situado hacia su oriente, de los fuertes acantilados salpicados de pequeñas calas y playas aisladas hacia el occidente.

La demarcación del municipio melillense, es un semicírculo de 12,33 kilómetros cuadrados, con un radio de 2.900 metros producido por el disparo del cañón “El Caminante”. De los 20 kilómetros de perímetro de Melilla, 9 corresponden a límites marítimos y 11 a límites terrestres; arrojando una densidad de población de 5.181 hab./km2

Situada en la parte oriental de la península de Tres Forcas -el promontorium Rusadir, de fenicios y romanos- se extiende la ciudad de Melilla, asentada, su parte más antigua, sobre una gran roca calcárea, de unos 30 metros de altura, que a manera de pequeña península se interna sobre el mar latino.

Fue Rusadir de indudable fundación fenicia, como lo atestigua, a través de los siglos, la necrópolis encontrada en sus inmediaciones, en el cerro llamado de San Lorenzo, desaparecido hoy por necesidades de urbanización de la ciudad moderna.

Pasó sucesivamente a las manos de Cartago y de Roma y, bajo el Imperio Romano, Claudio concedió los honores de Colonia a Rusadir, que aparece en el Itinerario del Emperador Antonino como cabecera de la región oriental de la provincia Hispania Nova Ulterior Tingitana, o la Mauritania Tingitana, delimitada por el Muluia Flumen (el río Muluya) que la separaba de la Cesariense.

En el año 429 desembarcaron los vándalos en Ceuta, procedentes de la Península, pasando a sangre y fuego a las provincias mauritanas, siendo también Melilla víctima de tan terrible invasión, a consecuencia de la cual fue destruída, y reedificada más tarde por visigodos y bizantinos.

Es de nuevo Rusadir y su región, durante el siglo VII, escenario de luchas entre sus pobladores y los invasores árabes islámicos.

Después de una fuerte resistencia opuesta por los naturales del país, capitaneados por una mujer llamada Cahína (La Hechicera), hubieron de someterse a sus invasores (año 696), aunque muchos optaron por refugiarse en las ásperas montañas del Rif y del Atlas, donde continuaron durante algún tiempo la resistencia.

Es por esta época cuando pierde Rusadir su viejo nombre, siendo sustituido por el de Melilia, que le dieron los invasores.

Suponen algunos que esta palabra se deriva de Mílila; otros, que la ciudad tomó el nombre de un prestigioso berebere llamado Melil, y, en la realidad, en la cabila de Ulad Setut existe una tribu denominada los Ulad Melil, que significa los hijos de Melil.

Melilla debió alcanzar un floreciente comercio, pero el año 859 entraron los vikingos en el Mediterráneo, saqueando numerosas poblaciones del Norte de África y, entre ellas, Melilla, que fue incendiada.

Respuesta del ataque, el año 926 fue unida a sus dominios por el califa de Córdoba Abderrahamán III.

En el año 1067, el célebre polígrafo andaluz Abbu Obeid el Bekri, visitó Melilla, a la que cita en su Descripción del África Septentrional como cabecera de una extensa comarca en la que continuaba reinando Almosta Alí. Era por esta época Melilla una ciudad bien edificada, que encerraba una ciudadela muy fuerte, donde existían mezquitas, baños y bazares.

El florecimiento que alcanzó Melilla en los siglos XIV y XV excita la ambición de los Reyes de Tlemencen, que intentan incorporarla a sus dominios originándose una serie de guerras, entre aquellos Sultanes y los de Fez, que contribuyeron no poco a la decadencia de la Ciudad, que fue abandonada por sus moradores, huyendo de los horrores de la guerra.

En octubre de 1493 el rey Boabdil, en unión de sus familiares y cortesanos, desembarcaba en Cazaza, a 18 kilómetros de Melilla, una vez rendido su Reino de Granada ante los ejércitos victoriosos de los Reyes Católicos en 1492.

Para continuar la liberación de poblaciones sometidas a los invasores islámicos y por razones estratégicas como la de impedir en el futuro nuevas invasiones, decidieron los Reyes Católicos establecer en la costa norteafricana cierto número de bases, y con este objeto enviaron emisarios que informaran sobre la situación de aquellas costas.

Pasó en primer lugar, el Comendador Martín Galindo, quien después de reconocer la ciudad de Melilla y ante el gran número de habitantes que vivían en sus proximidades, informó al Rey de que la conquista era harto difícil de realizar y aún en el caso de que se tomase Melilla, antes se llamaría carnicería de cristianos que población de ellos y ante tales informaciones se desanimaron los católicos monarcas, acordando el aplazamiento sine-die de la conquista de la plaza.

Noticioso el Gobernador de Andalucía, don Juan Alonso de Guzmán, III Duque de Medina Sidonia, de que los Reyes abandonaban el propósito de conquistar Melilla, decidió tomar la empresa a su cargo, a cuyo efecto y obtenida la competente autorización Real, comisionó a su comendador don Pedro de Estopiñán Virúes, para que pasara a explorar la península de Tres Forcas, cosa que realizó disfrazado de mercader en unión del famoso artillero Francisco Ramírez de Madrid, muerto años más tarde, durante la sublevación de los moriscos, en el desastre de Sierra Bermeja.

Decidido el Duque a efectuar a su costa la conquista de Melilla, mandó juntar -dice Barrantes, el cronista de la Casa Ducal- "cinco mil ombres de apié e alguna gente a cavallo, e mandó aparejar los navíos en que fuesen, e hizolos cargar de mucha harina, vino, tocino, carne, aceyte e todos los otros mantenimientos necesarios; e de artilleria, lanças, espingardas e toda monición".

"E asimismo llevaron en aquel viaje gran cantidad de cal e madera para reedificar la ciudad. E con toda esta Armada e gente, partió Pedro de Estopiñán, Contador del Duque, por su mandato del puerto de Sanlúcar en el mes de septiembre del año 1497 e hízolos buen tiempo, e se detuvieron en el mar para no llegar de día, e allegando la noche, la primera cosa que hicieron fue sacar a tierra un enmaderamiento de vigas que se encaxavan e tablazón que llevavan hecho de Hespaña. E trabaxaron toda la noche de lo hacer e poner a la redonda de la muralla derribada a la parte de fuera, donde andaban los alárabes... que cuando el otro día amaneció, los moros alábares que andaban por los campos que avian visto el día antes Melilla asolada e la vieron amanecer con muros e torres, e sonar atambores e tirar artillería, no tuvieron pensamiento que estuvieran en ella cristianos sino diablos, e huyeron de aquella comarca a contar por los pueblos cercanos lo que avían visto". "E dióse tanta prisa e diligencia en hacer los adarves que en pocos días se puso la obra a tan altor, que cuando los moros se juntaron e vinieron a dar sobre ello, se pudieron muy bien defender en la Ciudad... E ansí peleando e trabaxando en las obras, acabaron de reparar los adarves e torres. E costó al Duque de Medina, Don Juan de Guzmán, doze cuentos de maravedís solamente reedificar a Melilla de muralla, cava e barrera e quedando por Alcaide el Capitán Gómez Suárez, criado del Duque de Medina e Alcaide de la su villa de Chiclana esforzado cavallero e diestro en la guerra, se tornó Pedro de Estopiñán a dar cuenta al Duque, su Señor de lo que quedaba hecho..."

Tuvo lugar, pues, la reconquista y liberación de Melilla, el 17 de septiembre de 1497, hecho del que recibieron gran satisfacción don Fernando y doña Isabel, que pasaban en aquellos días por el amargo trance de haber perdido al heredero de su Reino, el malogrado Príncipe don Juan, que murió de amor, y que duerme su sueño eterno, en el bellísimo sepulcro del Convento de Santo Tomás, de Ávila.

Celebraron tanto los Reyes el éxito de la Empresa de Estopiñán, que en carta que enviaron al Duque con fecha 18 de octubre del citado año le decían: "que el placer que hobimos con la buena nueva que nos enviasteis, nos ha aprovechado, para templar en algo el dolor que tenemos, porque esperamos en Dios, que desto será mucho servido..."

El Capitán Gómez Suárez, primer Alcaide de Melilla, dedicó todos sus esfuerzos a perfeccionar su sistema defensivo, robusteciendo sus murallas y dotándolas por parte de tierra de un gran foso conocido más tarde por Foso de Santiago, para asegurar la plaza de los ataques del enemigo, labor ésta de fortificación, que puede decirse que continuaron sin excepción cuantos Alcaides le sucedieron a través de los años y de los siglos.

Muy destacada también, en los años que siguieron a la conquista, fue la actuación del Alcaide Gonzalo Mariño de Rivera, al que algunos cronistas denominan Andino. Hombre valeroso, "muy diestro e plático en la guerra con los moros", bajo cuyo mandato, fuerzas salidas de Melilla ocuparon en el año 1506 la ciudad de Cazaza, situada en la costa occidental de la Península de Tres Forcas, conquista que le valió al Duque de Medina Sidonia el título de Marqués de Cazaza, aunque desgraciadamente fue efímera nuestra dominación, que terminó, según Fernández de Castro, a fines del año 1533 al ser asaltada la ciudad y degollada su guarnición.

En los primeros años del reinado de Carlos I, visitó Melilla el famoso Ingeniero militar Tadino de Martinengo, Prior de Barleta, que mejoró su perímetro defensivo, terminando la bellísima puerta de Santiago o Puerta del Campo, sobre cuya entrada campean todavía las gloriosas Armas del César Carlos.

De esta época es también la Torre de la Concepción, llamada primeramente de San Sebastián, en lo más alto de la Ciudad, desde donde se domina el mar a larga distancia y todas las avenidas de tierra.

En 1556, y a consecuencia de los cuantiosos gastos que les ocasionaba la "guarda e proveimiento de Melilla", renunciaron los Duques a la plaza a favor de la Corona, designando Felipe II como Alcaide al Muy magnífico señor don Alonso de Urrea, bajo cuyo mando estuvo a punto de perderse la villa por la inconcebible traición de algunos de sus más caracterizados oficiales, que pagaron con la vida su terrible delito.

A don Alonso de Urrea sucedió D. Pedro Venegas de Córdoba, ilustre de linaje y valeroso de condición, que intervino, como Embaiador del Rey Prudente, en las negociaciones para conseguir la devolución del cadáver del infortunado Rey D. Sebastián, muerto con la flor de la nobleza portuguesa en la desgraciada batalla de Mehacén o Alcazarquivir.

Bajo el gobierno de Venegas, atacaron los fronterizos la plaza, siguiendo las instigaciones del morabito Mohamed Ben Al-lal, quien había conseguido convencer a los suyos de que estaba dotado de poder suficiente para adormecer a los cristianos defensores. Noticioso Venegas de estos propósitos, ordenó dejar abierta la puerta inmediata a Torrequemada (baluarte de San Fernando), previniendo a la guarnición para que estuviera toda sobre las armas y preparada para hacer fuego al primer aviso.

Llegados los fronterizos el lunes 26 de abril de 1564, con el Morabito a la cabeza, pasaron la puerta del campo que a propósito se había dejado abierta, siendo de improviso atacados por la guarnición, que les ocasionó grandes bajas, quedando cautivos los supervivientes.

Este suceso prodigioso está recogido en una de las obras de nuestro  teatro clásico, llamada La Manganilla de Melilla, de Juan Ruiz de Alarcón, que fue publicada en 1634.

Durante el gobierno de don Francisco Sánchez de Córdoba, se construyeron debajo de la plaza principal unos grandes algibes, que fueron cerrados en 1571, existiendo en la actualidad, al pie de los mismos, una inscripción que dice: En 1 de febrero de 1571 se cerraron estos algibes, siendo Alcaide y Capitán de esta Ciudad por S. M. Francisco Sánchez de Córdoba.

En estos años -dice Gabriel de Morales- hasta bien entrado el siglo XVII debió transcurrir la época más tranquila de la plaza, pues apenas se encuentran referencias de sucesos, sin duda por el prestigio alcanzado por nuestras armas que imponían respeto a los belicosos vecinos; pero al iniciarse la decadencia de nuestro imperio con los últimos Reyes de la Casa de Austria, vivió Melilla una época de continuas zozobras, motivadas de una parte por los tenaces ataques enemigos y, de otra, porque el desastroso estado de la Hacienda Nacional condenaba frecuentemente a Melilla y a sus sufridas guarniciones a las mayores estrecheces. Son frecuentísimas las exposiciones de los Alcaides al Rey, comunicándole la situación angustiosa de la plaza y el peligro en que se encuentra de perderse por falta de bastimentos.

Coincide esta época de miseria, con la mayor agresividad de las cabilas fronterizas: el 18 de julio de 1646 el valiente Gobernador don Carlos Ramírez de Arellano, Caballero del Hábito de Santiago, fue derrotado y muerto en una salida. Igual suerte corrió el 6 de mayo de 1649 el Maestre de Campo don Luis de Sotomayor.

Once años después, el día 5 de agosto de 1660, se sintió un terremoto de tal intensidad que arruinó las principales obras de defensa, de tal forma, que fue opinión unánime que, de haber atacado los moros, se hubieran apoderado de la plaza; pero la violencia misma del terremoto les infundió tal pánico que les impidió toda acción ofensiva.

LOS SITIOS DE MELILLA.

En 1672 sube al Trono de Marruecos el famoso Sultán Muley Ismail Ben Cherif, hombre enérgico e inteligente bajo cuyo mando se recrudecieron, en todo el Imperio, las tradicionales hostilidades contra las plazas del litoral ocupadas por los europeos.

Melilla fue también duramente atacada, y aunque resistió esforzadamente los ataques enemigos, hubo que lamentar el año 1679 la pérdida de los fuertes exteriores de Santiago y San Francisco, quedando la ciudad estrechamente bloqueada.

En refuerzo de su agotada guarnición, llegó a Melilla en 1687 el Tercio Viejo de la Armada Real del Mar Océano, al Mando de su Maestre don Antonio Domíngez Durán, en momentos en que era crítica la situación de los fuertes de La Albarrada y Santo Tomás de la Cantera, en cuyo socorro se dispuso una salida el 5 de octubre en la que encontró gloriosa muerte el Gobernador y Alcaide de la ciudad don Francisco López Moreno. Puede decirse que durante todo el largo Reinando de Muley Ismail, fallecido en 1727, no se interrumpieron ni un solo momento los ataques enemigos a la ciudad, siendo especialmente encarnizados los que tuvieron lugar en los años 1694-95 y 1715, en que -según el Brigadier Conde des Allois, militar de origen francés al servicio de España, que se encontraba casualmente en Melilla al ser atacada- las fuerzas enemigas estaban mandadas personalmente por uno de los hijos del Sultán, y el peso de los ataques corrió a cargo de la famosa Guardia Negra creada por Muley Ismail, que en la noche del 17 de agosto del citado año de 1715 se apoderaron de los cuatro Fuertes: Santiago, Santo Tomás, San Lorenzo y San Francisco, pasando a cuchillo a sus defensores, con lo que quedó la plaza privada de sus defensas avanzadas y estrechamente bloqueada, hasta el 11 de febrero de 1716 en que, desesperando las fuerzas del sultán de conseguir su propósito, levantaron el sitio.

Es por estos años (1721) cuando empezaron los fronterizos a usar artillería en sus ataques a la plaza, lo que añadió una nueva penalidad a las muchas que venían padeciendo sus defensores. Y para evitarlo, la guarnición, en una vigorosa salida, bajo el el mando del Gobernador don Antonio de Villalba y Angulo, se apoderó del Cubo o Cerro de la Horca, pues de ambas formas era llamado el sitio, desde donde los moros dominaban la plaza con su artillería, construyéndose en el indicado lugar el Fuerte de Victoria Grande, que se terminó el año 1736, y que en unión de los de Rosario, Victoria Chica, San Carlos y San Miguel, enlazados entre sí por la correspondiente muralla, cerraban por completo el recinto defensivo sobre la Torre de Santa Bárbara, que estuvo situada en las inmediaciones del actual Banco de España. Y de esta forma, disfrutó la guarnición de mayor libertad de movimiento, al propio tiempo que con la construcción de los referidos Fuertes quedó asegurada la defensa de la ciudad por su frente de tierra contra los mayores ataques, como se demostró con ocasión del famoso sitio en 1774-75 puso a Melilla el ejército del Sultán Muley Mohamed Ben Abdalá, mandado en persona por el referido Sultán.

Reinaba a la sazón en España el Monarca don Carlos III, que noticioso de los preparativos enemigos y de su propósito de apoderarse de Melilla, violando la paz existente en dicha época entre España y Marruecos, adoptó previsoras medidas para poner la ciudad en estado de defensa, reforzándola con tropas y toda clase de elementos, al mismo tiempo que enviaba a Melilla para que se hiciera cargo de su mando, al veterano Mariscal de Campo don Juan Sherlock, hombre de gran experiencia y probada energía, como acreditó a lo largo del sitio.

El 9 de diciembre de 1774 comenzaron a llegar, procedentes del Atalayón, las primeras fuerzas enemigas, que tomaron inmediatamente posiciones envolviendo a la plaza de costa a costa y sometiéndola  a  un terrible bombardeo que redujo a ruinas la mayor parte de sus edificios, sobre los que dispararon los cañones del Ejército del Sultán, mientras duró el sitio, 8.239 bombas y 3.129 balas rasas, que llegaron a hacer tan insoportable la vida de la ciudad, que sus defensores, tuvieron necesidad de ampararse en ruinas y subterráneos, ante la intensidad del fuego, que no llegó a quebrantar la moral de los heroicos defensores de Melilla, quienes en distintas ocasiones efectuaron vigorosas salidas que ocasionaron grandes pérdidas  al  enemigo.

Desanimado el Sultán de conquistar la fortaleza, tan gallardamente defendida, se decidió a levantar el sitio, lo que realizó completamente el día 19 de marza de 1775, festividad de San José, desde cuya memorable fecha, el pueblo de Melilla viene celebrando anualmente una solemne función religiosa, en acción de gracias y conmemoración, del fin del duro asedio puesto a la ciudad por los ejércitos del Emperador de Marruecos.

Justo es decir que el Gobierno, en esta ocasión, atendió cumplidamente a sostener la plaza sitiada, a la que proveyó a través del mar de cuanto fue necesario para su defensa, al propio tiempo que se mantuvo frente a Melilla una fuerte Escuadra al mando del Capitán de Navío don Francisco Hidalgo de Cisneros, para prestar a la ciudad los socorros que precisara. Durante este famoso Sitio, formó parte de las fuerzas defensoras el Capitán de Infantería don Francisco de Miranda, quien andando el tiempo, había de llegar a General en la Revolución Francesa y compañero, más tarde, de Bolívar en la tarea de la emancipación de la América Española. Francisco de Miranda publicó un Diario del Sitio de Melilla, del que fue testigo presidencial.

El 30 de mayo de 1780 se firmaba el tratado de Paz con el Imperio de Marruecos, que fue ratificado por el Sultán el 25 de diciembre del mismo año.

A la firma de la Paz, siguió un periodo de tranquilidad sólo interrumpido por las tradicionales agresiones de los fronterizos.

MELILLA EN EL SIGLO XIX

Llegamos a través de esta breve síntesis de la Historia de Melilla a una de sus épocas más calamitosas. En los primeros años del siglo XIX atraviesa la ciudad una época llena de inquietudes  y privaciones, consecuencia de la difícil situación de la Península tan plagada de conmociones políticas y guerreras.

A la invasión francesa, respondió Melilla, negándose a reconocer como Rey a José Bonaparte y constituyendo una Junta de Guerra para sostener la Plaza por el Rey legítimo. Y júzguese cuán difícil sería la situación de la ciudad, una vez ocupada Málaga por los ejércitos franceses.

Después de la batalla de Bailén, llegaron a Melilla numerosos prisioneros del Ejército invasor, que contribuyeron a agravar la difícil situación alimentara en que se encontraba la ciudad.

La reacción absolutista, que tuvo lugar a la vuelta de Fernando VII, destinó a este presidio en calidad de confinados, a numerosos personajes, distinguidos en las Cortes de Cádiz o significados como liberales, entre ellos: Calatrava, Sánchez Barbero y Pérez Sobrino, el segundo de los cuales murió en el destierro.

En 1838, y ardiendo España en el incendio de su primera guerra civil, tuvo lugar el alzamiento de los prisioneros carlistas de Melilla quienes, apoderándose de las autoridades, constituyeron la Real Junta Gubernativa por don Carlos V, que presidida por el eclesiástico desterrado don Gregorio Alvarez y Pérez gobernó la ciudad durante tres meses, al cabo de los cuales volvió a la obediencia de la Reina, sin que afortunadamente hubiera efusión de sangre. Los carlistas, para devolver la plaza, pusieron como condición que se les permitiera salir con sus armas para incorporarse a luchar en las filas de don Carlos.

Consecuencia de nuestras guerras civiles fue la pérdida de prestigio en el exterior, y con ello, el recrudecimiento de los ataques de fronterizos contra las plazas de Soberanía en Äfrica y los frecuentes asaltos de los cárabos armados procedentes de la ensenada de Betoya, que hicieron víctimas de sus piraterías a las embarcaciones que, procedentes de la Península, intentaban llegar al puerto de Melilla.

En medio de esta serie de contratiempos, cabe apuntar un hecho ventajoso: el día 6 de enero de 1848, una escuadra salida de Málaga, al mando del Capitán General don Francisco Serrano, tomada posesión de las islas Chafarinas en nombre de la Reina Isabel II, dejándolas guarnecidas bajo el mando de un Gobernador que dependía del de Melilla.

Continuando las agresiones a la plaza, se vio obligado nuestro Gobierno a presentar enérgicas reclamaciones al Sultán, quien, reconociendo, la mayor parte de las veces, el derecho que les asistía, carecía sin embargo de autoridad efectiva sobre las cábilas vecinas a la ciudad. Ello hizo que se plantease, como solución, el ensanchamiento de los límites, para ponerla a cubierto de esas agresiones, firmándose, después de largas negociaciones, el Tratado de 24 de agosto de 1859, ratificado en el Tratado de Paz de 1860, por el que cedía en propiedad a España el Territorio inmediato a Melilla, tomando como base el alcance del cañón de a 24 y estableciéndose una zona neutral entre la plaza y el campo, además de obligarse el Sultán a mantener una guardia en las proximidades de Melilla, como medio eficaz de evitar las agresiones de las cabilas que, por cierto, se opusieron tan tenazmente al cumplimiento de los Tratados, que no pudieron tener efectividad hasta el 14 de junio de 1862, en que a presencia de los comisionados españoles y marroquíes, fueron colocados los hitos que delimitaron el campo exterior de Melilla, basándose -según lo acordado- en el alcance de una bala de cañón (2900 metros) disparado desde el Fuerte de Victoria Chica.

No obstante el perfecto derecho que asistía a España para construir en su territorio los fuertes que considerase conveniente para su defensa, las cabilas se opusieron tenazmente a la construcción del de Sidi Guariach, atacando a los que trabajaban en las citadas obras, y dando lugar con ello a la campaña de 1893, denominada también Guerra de Margallo, en memoria de este infortunado General Gobernador de Melilla merto el 28 de octubre de dicho año, en el Fuerte de Cabrerizas Altas.

En los combates que tuvieron por escenario el indicado Fuerte, se distinguió por su heroísmo, que fue premiado con la más alta recompensa militar, la Cruz Laureada de San Fernado, el Teniente de Infantería don Miguel Primo de Ribera y Orbaneja, el mismo que 30 años más tarde había de regir la Nación durante 6 años, como Jefe del Gobierno.

LAS CAMPAÑAS DE PACIFICACIÓN EN LA ZONA VECINA DE MARRUECOS

En el año 1902 hizo aparición en los alrededores de Melilla un agitador, el Rogui Bu Hamara, que se hacía pasar por el Príncipe Muley Mohamed, hijo mayor del Sultán Muley Hasan.

Muley Abdelazzis envió sus Mehal-las contra él, pero derrotadas y acorraladas por las Fuerzas del Pretendiente, tuvieron que refugiarse en Melilla (29 de enero de 1908). La humanitaria intervención del General Marina Vega, salvó a las tropas del Sultán de un total exterminio.

Al cabo de 7 años, cansadas las cábilas de soportar las exacciones de El Rogui, se sublevaron contra él, viéndose obligado a abandonar la Alcazaba de Zeluán, donde había instalado su corte, para caer finalmente prisionero del nuevo Sultán de Marruecos, Muley Hafid, quien después de exhibirlo en una jaula y de hacerle sufrir atroces suplicios, lo arrojó a sus leones hambrientos.

La desaparición de El Rogui Bu Hamara, que con su presencia mantenía el orden en las cábilas próximas a Melilla, trajo consigo un periodo de anarquía. El 9 de julio de 1909, unos obreros españoles que trabajaban en la construcción del ferrocarril que había de unir las Minas del Uixan con el Puerto de Melilla, fueron asesinados. Y el General Marina tuvo que salir con sus tropas para proteger los trabajos, produciéndose fuertes combates, que obligaron a traer refuerzos de la Península.

El día 27 de julio de 1909, en el Barranco del Lobo, del Monte Gurugú, murió el General Pintos, y el enemigo ocasionó sensibles bajas.

La población civil tomó parte en la lucha, formando compañías de voluntarios, que apoyaron la acción de las tropas. Más tarde, por su participación en estos combates, el Rey don Alfonso XIII concedió a la Ciudad el titulo de Valerosa y Humanitaria.

Las continuas luchas intestinas entre las cábilas, la falta de autoridad de los Sultanes y la creciente anarquía que dominaba Marruecos, hicieron inevitable la implantación de un Protectorado.

Por el Convenio de 27 de noviembre de 1912, entre Francia y España, se asignó a ésta su Zona de influencia. Pero la Zona Norte fue siempre un país guerrero y turbulento, tradicionalmente hostil al poder central, y para imponer la autoridad del Mahzen o Gobierno Marroquí, España tuvo que someter y desarmar a las cabilas, en costosas y sangrientas campañas militares, que duraron desde 1909 a 1927, en que se consiguió pacificar totalmente el país.

Melilla, por su situación geográfica, fue la base de operaciones desde donde irradió la acción militar y política sobre el Marruecos Oriental.

La principal resistencia contra la implantación del Protectorado estuvo a cargo de los rifeños, dirigidos por Mohamed Abdelkrim el Jatabi, de la cabila de Beni Urriaguel (Alhucemas), quien después de ser amigo y colaborador de los españoles, encarnó el espíritu de lucha y rebeldía contra España.

Las tropas de la Comandancia General de Melilla, llevaron el peso de la lucha contra los rebeldes rifeños. Pero los vaivenes de la política nacional entorpecieron frecuentemente la acción militar.

En el año 1921, en Anual, los rifeños infringieron una sangrienta derrota a nuestras fuerzas, pereciendo el Comandante General don Manuel Fernández Silvestre, con todo su Estado Mayor. Todo el territorio pacificado a costa de grandes esfuerzos se unió a la rebeldía, con la sóla excepción de la cabila de Beni-Sicar, mandada por el Caid Abdelkader, que siempre permaneció leal. La situación de Melilla llegó a hacerse angustiosa. Pero rápidamente llegaron refuerzos que restablecieron la situación, reconquistando el territorio perdido. Finalmente, el día 8 de septiembre de 1925, las tropas españolas, en una arriesgada y decisiva operación, desembarcaban en Alhucemas, corazón de la rebeldía, derrotando completamente al cabecilla Abdelkrim, quien viéndose perdido se entregó prisionero a los franceses.

Dos años después, toda la Zona de Protectorado español quedaba completamente pacificada, sin que nunca más se volviera a turbar la Paz tan difícilmente conseguida.

En el mes de octubre de 1927, los Reyes de España Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia, después de un recorrido, por el recién pacificado Marruecos, llegaron a Melilla, donde fueron acogidos triunfalmente.

La ciudad prosperaba bajo la rectoría del primer Alcalde Civil, Don Cándido Lobera Girela, que realizó numerosas mejoras urbanas.

Pero en la noche del 26 de septiembre de 1928, una gran tragedia se abatió sobre Melilla. El Polvorín de Cabrerizas Bajas, situado junto al barrio del  mismo nombre hizo explosión, destruyendo el Barrio, con el triste balance de 46 muertos y 505 heridos, algunos de los cuales, fallecieron después.

La ciudad entera se movilizó en socorro de las víctimas y de los supervivientes, a quienes procuró resarcir de cuanto habían perdido.

Poco tiempo después, el Gobierno concedería a Melilla el Título de "Muy caritativa".

El 14 de abril de 1931 se proclamó en España la República. Y al día siguiente, un Comité Republicano-Socialista se hacía cargo del Ayuntamiento.

Don Cándido Lobera Girela fue el último Alcalde de la Monarquía. Y Don Juan Mendizábal Echevarría el primero de la República. Pero bien pronto, el paro, las luchas políticas y los conflictos sociales, enfriaron el entusiasmo con que fue recibido el nuevo régimen.

Los acontecimientos de la Península tuvieron exacto reflejo en la Ciudad. Y por primera vez en su historia, Melilla tuvo sus huelgas generales, sus atentados y sus víctimas.

La sublevación militar de julio de 1936, origen de la Guerra de España de 1936-39, se inició en Melilla con 24 horas de anticipación al resto de España, a causa de una circunstancia inesperada.

El 17 de Julio de 1936, el Delegado del Gobierno de la República, por una delación que había recibido, tuvo conocimiento de lo que se preparaba y ordenó a la Policía, que procediera a la detención de los dirigentes locales de la sublevación, que se encontraban reunidos en el edificio de la Comisión Geográfica del Ejército.

Al darse cuenta de la llegada de la fuerza pública, el Teniente Julio de la Torre, que se encontraba entre los comprometidos, solicitó por teléfono militar, la ayuda de las fuerzas de La Legión, que acudieron rápidamente, dominando a los Guardias de Seguridad, que acabaron por unirse a la sublevación.

Eran las 16 horas del día 17 de Julio de 1936. Poco después, el Teniente Coronel Maximino Bartomeu, al frente de una Compañía de Infantería, proclamaba el Estado de Guerra, dando lectura al Bando, que firmado por el General Franco, estaba preparado para el día siguiente.

Terminada la Guerra Civil, Melilla vivió una época de grandes realizaciones urbanas, bajo las iniciativas de Don Rafael Alvarez Claro, un emprendedor alcalde.

Durante los diez años que duró su gestión  municipal, se pavimentó el centro de la Ciudad, construyéndose la Plaza de Toros, el Estadio Municipal, el hermoso Palacio del Ayuntamiento, los Bloques de Viviendas Protegidas y otras muchas obras de interés para la ciudad.

Fue una época de expansión y prosperidad, en la que Melilla alcanzó la población de noventa y cinco mil ochocientos cuarenta y un habitantes (95.841), la mayor de toda su Historia.

En 1956 tuvo lugar el fin de los Protectorados Español y Francés sobre Marruecos, y la Independencia del país protegido.

Antes, se hicieron desaparecer los antiguos cementerios de Guerra, y los restos de los héroes y mártires de las Campañas, fueron trasladados, desde Monte Arruit (Marruecos) al Cementerio de Melilla, para que reposaran definitivamente en tierra española, a la sombra de la Cruz, bajo la Bandera roja y gualda...

MELILLA FRONTERA DE EUROPA

Tras la Independencia de Marruecos, Melilla quedó separada del país vecino, por la frontera que fue delimitada por el pasado siglo, en virtud del acuerdo Hispano-Marroquí de 26 de junio de 1862. Si bien, en la época del Protectorado, la Ciudad Española, había venido siendo, -de hecho que no de derecho-, la capitalidad económica de la Provincia de Nador.

El fin del Protectorado y la construcción del Puerto Marroquí de Nador, y la disminución de efectivos militares, influyeron en el descenso de la población. Pero la Ciudad se adaptó bien a las nuevas circunstancias y no renunció a su mejoramiento urbano.

Se construyó el Parador Nacional de Turismo, el Auditorio Carvajal, la Estación Marítima, a cargo de la Junta de Obras del Puerto, se instaló una nueva red de distribución de aguas, por la Confederación Hidrográfica del Sur y se sanearon las playas construyéndose un Paseo Marítimo.

Puerto Marítimo

En 1969 se inauguraba un Aeropuerto, dentro del territorio de la Ciudad, lo que liberaba a los melillenses de la servidumbre de tener que trasladarse a Tauima, en territorio marroquí, para viajar por vía aérea.

En septiembre de 1970, para presidir los actos conmemorativos del L Aniversario de la Fundación de La Legión, llegaron a Melilla los Príncipes de España, Don Juan Carlos de Borbón y Doña Sofía de Grecia. La Ciudad les tributó un cariñoso recibimiento.

Comisiones de las Comunidades Musulmana, Israelita e Hindú, cumplimentaron a los Príncipes, a los que hicieron entrega de delicados obsequios.

En su visita al Palacio Municipal, los Príncipes firmaron en el Libro de Oro de la Ciudad.

Cinco años después, por fallecimiento del Jefe de Estado, D. Francisco Franco Bahamonde, el Príncipe D. Juan Carlos de Borbón fue proclamado Rey de España, iniciándose una nueva etapa democrática en la vida de la Nación.

Melilla y Ceuta, desde su irrenunciable españolidad, aspiran a ser los pacíficos caminos que unan la vieja Europa con los jóvenes pueblos africanos.

Así lo disponen tanto los lazos de vecindad, como los mandatos imperativos de la Geografía y de la Historia...

EL ESCUDO DE MELILLA

Desde el 11 de marzo de 1913, Melilla viene usando, como Escudo Oficial de la Ciudad, el de la Casa Ducal de Medina Sidonia, que organizó y costeó la expedición, que dio como resultado la Reconquista y liberación de la Plaza.

Eran los Pérez de Guzmán una de las familias más ilustres y poderosas de la nobleza andaluza, que habían prestado grandes servicios a los Reyes, en las largas luchas a que dio lugar la Reconquista.

Duques de Medina Sidonia, Condes de Niebla, Señores de Sanlúcar, de Gibraltar y de otras muchas villas, descendían del heroico defensor de Tarifa Guzmán el Bueno, por cuya razón, en la cimera de su escudo heráldico, figura una torre almenada y, sobre ella, su glorioso antepasado, en actitud de arrojar su puñal, consintiendo la muerte de su hijo antes que entregar la Plaza, cuya defensa le había sido confiada.

También procede del fundador de la Casa Ducal, el Dragón que campea al pie del Escudo, cuyo simbolismo explica una antigua y curiosa leyenda:

Encontrándose don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, en Fez, al servicio del Sultán Ben Yusef, hizo su aparición, por aquellos contornos, una terrible sierpe o dragón alado que tenía aterrorizados a los habitantes del país, entre los que causaba grandes estragos, devorando frecuentemente a hombres y ganados.

Decidido a terminar con la fiera y, después de encomendarse al Apóstol Santiago, marchó Pérez de Guzmán a su encuentro, consiguiendo darle muerte, de una certera lanzada, cuando el Dragón, abriendo sus poderosas fauces, se disponía a abalanzarse contra él.

La Corte de Fez celebró como se merecía la hazaña del héroe castellano, que fue honrado y distinguido mientras vivió el Sultán. Pero a la muerte de Ben Yusef, tuvo dificultades con el nuevo Sultán Ben Yacob, envidioso del prestigio de que gozaba Pérez de Gúzman, por lo que éste decidió dejar su servicio, regresando a España.

Por cierto,-según cuentan los Cronistas de la Casa de Medina Sidonia-, que para poder sacar su dinero de Marruecos, tuvo que acudir a la estratagema de llevar en su impedimenta varias cargas de higos, en los que previamente había introducido en cada uno de ellos una dobla de oro...

Descendiente directo de Guzmán el Bueno, fue don Juan Alonso de Guzmán, Señor de Medina Sidonia y Sanlúcar, que casó con doña Beatriz de Castilla y Ponce de León, hija del Rey don Enrique II, quien la dio por dote, el Condado de Niebla, que por este enlace, entró en el patrimonio de los Medina Sidonia. Desde entonces, el título de Conde de Niebla es usado por los primogénitos de la Casa.

También, como consecuencia de dicho matrimonio, los Pérez de Guzmán incorporaron a su escudo los Castillos y Leones, propios de la Casa Real de Castilla. Como descendientes de ella, a través de doña Beatriz, hija y nieta de Reyes...

En 1445, don Juan II, -padre de Isabel la Católica- concedió el título de Duque de Medina Sidonia, al III Conde de Niebla, don Juan Alonso de Guzmán y Figueroa, quien añadió a sus Armas la Corona Ducal, quedando definitivamente formado el Escudo de los Duques de Medina Sidonia, tal como lo conocemos en la actualidad.

Hasta principios del presente Siglo, Melilla no tuvo escudo propio, usándose en los documentos oficiales el Escudo Nacional. Y, si bien en diversos lugares de la Ciudad Vieja, existen Escudos de piedra, artísticamente labrados, son Escudos Reales, correspondientes a los distintos Monarcas, bajo cuyo reinado se terminaron las obras o construcciones donde están colocados.

El 11 de marzo de 1913, un Real Decreto del Rey don Alfonso XIII dispuso lo siguiente:

"Queriendo dar una prueba de Mi Real Aprecio a la Plaza de Melilla, y en atención a los próceres de la Casa Ducal de Medina Sidonia, que fueron los que organizaron la expedición, que dio por resultado la conquista de la misma, de la que se titularon Capitanes Generales, y de acuerdo con  mi Consejo de Ministros.

Vengo en conceder a la Plaza de Melilla, el uso del Escudo Oficial de la Casa Ducal de Medina Sidonia".

El Real Decreto, que lleva la firma de don Alfonso XIII, está refrendado por el Presidente del Consejo de Ministros, don Alvaro de Figueroa, Conde de Romanones.

Descripción del Escudo de Armas de Melilla.

Tiene Corona Ducal, que señorea Guzmán el Bueno, en actitud de lanzar un puñal desde el Castillo de Tarifa. Lo sostienen, las columnas del Estrecho de Hércules, con la inscripción "Non Plus Ultra".

Armas: Sobre campo de azur, dos calderas jaqueladas en oro y gules, gringoladas de siete serpientes en sinople, puestas al palo.

Bordura de las Armas Reales de Castilla y de León, de nueve piezas de gules, con Castillos de oro, alternadas, con nueve piezas de plata con Leones de gules.

Divisa: En su parte superior, detrás del Castillo de Tarifa, una cinta alada con la leyenda "Preferre Patriam Liberis Parentem Decet". (Conviene anteponer la Patria a la familia).

Al pie del Escudo, pero fuera de él, un Dragón en sinople. (1).

A este noble y bello escudo, que los Medina Sidonia forjaron a lo largo de los Siglos, Melilla añadió, por méritos propios, los honrosos títulos de "Valerosa, Humanitaria y Muy Caritativa Ciudad de Melilla".

El artículo 3º de los Estatutos de Autonomía de Melilla confirman también la oficialidad de este escudo  para la ciudad autónoma.

(1) Para la más fácil distinción de los colores del Escudo nos permitimos indicar que, en Heráldica, azur significa azul, oro, amarillo; gules, rojo; y sinople, verde.

Calderas jaqueladas quiere decir ajedrezadas. La expresión "puestas al palo" equivale a puestas una debajo de otra, en el mismo eje.

Gringoladas es lo mismo que rematadas o terminadas.

  • Historia, vicisitudes y políltica tradicional de España respecto de sus posesiones en las costas de África; León Galindo y de Vera; Imprenta y Fundición de Manuel Tello; Madird, 1884.
  • Historia de Marruecos; Fray Manuel P. Castellanos; Imprenta Hispano-Arábiga de la Misión Católica de España; Tanger, 1898.
  • Datos para la historia de Melilla; Gabriel de Morales; Tip. "El telegrama del Rif"; Melilla, 1909.
  • Efimérides y curiosidades; Gabriel de Morales; Tip. "El telegrama del Rif"; 1920.
  • Marruecos - Las etapas de la pacificación; General Goded; Cª Íbero- Americana de Publicaciones; Madrid, 1932.
  • Melilla Prehispánica; Rafael Fernández de Castro; Instituto de Estudios Políticos; Madrid, 1945.
  • Historia de las campañas de Marruecos (Servicio Histórico Militar); Imprenta del Servicio Geográfico del Ejército; Madrid, 1947.
  • Diccionario de Historia de España; Revista de Occidente; Madrid, 1952.
  • Tratados y convenios referentes a Marruecos; Isidro de las Cagigas; Instituto de Estudios Africanos; Madrid, 1952.
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