Citas de santa Teresita 2....Textos.. INDEX.
extos de santa Teresa del Niño Jesús 1
Santa Teresa del Niño Jesús por Don José María Iraburu 1
Santa Teresa del Niño Jesús por Don José María Iraburu 2
Santa Teresa del Niño Jesús por Don José María Iraburo 3
Santa Teresa del Niño Jesús por Don José María Iraburu 4
HISTORIA DE UN ALMA.....
El Caminito....
Manuscrito C
Dirigido a la Madre María de Gonzaga
Nuestra doctora nos ha redescubierto el Evangelio
(Textos de Pacelli/Pío XII sobre santa Teresita)
Santa Teresa de Lisieux explicada por Benedicto XVI
"Teresa nos indica a todos que la vida cristiana consiste en vivir plenamente la gracia del Bautismo en el don total de sí al amor del Padre, para vivir como Cristo, en el fuego del Espíritu Santo, su mismo amor por todos los demás". (Santa Teresa de Lisieux explicada por Benedicto XVI, 6.04.2011)
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Cómo llegó santa Teresita a ofrecerse
como víctima de holocausto al amor de Dios
"¿Será solo tu Justicia la que recibirá a
las almas que se inmolan como víctimas?
¿Acaso tu Amor
Misericordioso no las necesita también?
Por todos lados es
incomprendido, rechazado; los corazones a quienes deseas
prodigarla se vuelven hacia las criaturas que les piden felicidad
con su miserable afecto, en lugar de arrojarse en tus brazos y
aceptar tu infinito Amor
¡Oh, Dios mío! ¿Permanecerá tu
Amor despreciado en tu Corazón? Me parece que si encontraras
almas ofreciéndose como Víctimas de holocaustos a tu Amor, las
consumirías rápidamente; me parece que serías feliz de no
reprimir las inundaciones de infinita ternura que hay en ti
Si tu Justicia ama descargarse, la que se extiende solo en la
tierra, cuánto más desea tu Amor Misericordioso encender almas,
ya que tu Misericordia se eleva hasta los Cielos
¡Oh,
Jesús mío! Permíteme ser esa víctima feliz". (Manuscrito
A, folio 84r). [LEER MÁS].
Acto de santa Teresita de ofrenda de sí
misma como víctima de holocausto al amor de Dios
¡Oh Dios mío! Santísima Trinidad, deseo amarte
y hacerte amar... Deseo cumplir perfectamente tu voluntad...
deseo ser santa, pero siento mi impotencia y te pido, oh Dios
mío, que seas tú mismo mi Santidad.
...con confianza te pido que vengas a tomar posesión de mi alma...
te suplico que me quites la libertad de desagradarte...
Para vivir en un acto de perfecto Amor, me ofrezco como víctima
de holocausto a tu Amor misericordioso, suplicándote que me
consumas sin cesar, dejando desbordar en mi alma las aguas de
ternura infinita que encierras y que así me convierta en mártir
de tu Amor, ¡oh Dios mío! [LEER MÁS].
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Quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo (Historia de un Alma, Manuscrito C, 2vº).
Os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré... ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! (Historia de un Alma, Manuscrito C, 3rº).
«Os voy a mostrar un camino
inigualable». Y el apóstol va explicando cómo los
mejores carismas nada son sin el amor... Y que la caridad
es ese camino inigualable que conduce a Dios con total
seguridad.
(Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)
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«Un caminito totalmente nuevo». «Mi camino está hecho todo él de confianza y amor». Es el «camino de la infancia espiritual», en el que Jesús pide a sus discípulos que vuelvan a ser «como niños». Es el Evangelio a secas, el corazón del Evangelio:
«Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,3).
«Estoy segura de que, aunque tuviera sobre la conciencia todos los pecados que pueden cometerse, iría, con el corazón roto de arrepentimiento, a echarme en brazos de Jesús, pues sé cómo ama al hijo pródigo que vuelve a él» (MS C, 36v-37r)
«Yo no puedo tener miedo a un Dios que se ha hecho tan pequeño por mí (...) ¡Yo lo amo! Pues él es sólo amor y misericordia» (Carta 266)
«Jesús, mi alegría es amarte a ti» (P 45/7)
«Confianza y amor» como faros, iluminaron todo su camino de santidad para poder guiar a los demás por su mismo «caminito de confianza y de amor», de la infancia espiritual (cf. MS C, 2v-3r; Carta 226). Confianza como la del niño que se abandona en las manos de Dios, inseparable del compromiso fuerte, radical, del verdadero amor, que es don total de sí mismo, para siempre, como dice la santa contemplando a María: «Amar es darlo todo, darse incluso a sí mismo» (Poesía Por qué te amo, María: p 54/22). (Benedicto XVI, 6.04.2011)
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Pedirle a Jesús su Corazón para amar con el Corazón de Jesús:
Recuerda compasivo que en la tierra deseo
reparar el olvido de tantos pecadores.
Amor único mío, escucha mi plegaria,
para amarte, Jesús, ¡dame mil corazones!
Pero no basta aún, ¡oh belleza suprema!,
préstame para amarte tu Corazón.
Poema 24, ¡Jesús, Amado mío, Acuérdate! 21 de octubre de 1895
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Querida hermana, yo te amo mil veces con más ternura de lo que se aman las hermanas ordinarias, ya que yo te puedo amar con el Corazón de nuestro Esposo celestial.
(Carta 186, a su hermana Leonia, monja salesa de la Visitación, 11 de abril de 1896)
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Multiplicar los pequeñísimos méritos propios hasta el infinito poniéndolos en el Corazón de Jesús.
Sé que nuestras justicias y todos nuestros méritos
carecen de valor a tus divinos ojos.
Para hacer meritorios mis pobres sacrificios,
sobre tu Corazón divino los arrojo.
(Poema 23, Al Sagrado Corazón de Jesús, escrito en 1895 para su hermana, María del Sagrado Corazón).
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"EL CAMINITO" DE STA. TERESITA "QUIERO PASAR MI CIELO HACIENDO BIEN EN LA TIERRA'' CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE S. TERESITA
https://obtienearchivo.bcn.cl/obtienearchivo?id=documentos/10221.1/58136/1/224915.pdf
Al cumplirse un siglo del nacimiento de Sta. Teresita, las Carmelitas de la Paz, de Lo Chacón, nos entregan su "caminito ". Es un folleto pequeño, casi insignificante, pero que contiene un gran tesoro. Ahora que tanta gente está desorientada, buscando un camino, creo que este librito es providencial. Quienes estén dispuestos a " perder" un poco de tiempo leyéndolo con tranquilidad, no quedarán defraudados. Y muchos recibirán la Luz que sólo Dios puede dar para encontrar la perfecta felicidad. Pido a Dios que así sea. 3 de Octubre de 1972. Carlos Camus Obispo de Copiapó
Sta. Teresita del Niño Jesús, "la santa más grande de los tiempos modernos" al decir de S.S. Pío X, es una humilde Carmelita de Lisieux, Francia, que murió de tuberculosis a los 24 años de edad, a fines del siglo pasado [el siglo XIX]. Ella supo encontrar lo que todos buscamos a veces tan a tientas, y por los más diversos medios: el camino de la felicidad y de la paz. Ella lo llamó "el caminito", el camino de la infancia espiritual, de la confianza y del total abandono en los brazos de Dios. Un teólogo moderno lo comenta: "Se llama caminito, porque es tan corto, que si realmente se sigue, en todo momento se está en el término" (Von Balthasar). Estas páginas no tienen más objeto que el de llevar a todos los hombres de buena voluntad una invitación de Dios para ir hacia El en forma directa, simple y profunda, sin Codeos inútiles, falsos temores, inhibiciones. DIOS ES AMOR. ES NUESTRO PADRE. Mientras más hondamente nos abramos a la experiencia humilde y gozosa de esta suprema realidad de nuestra Fe, más felices y plenos seremos, y "conoceremos a Dios, porque Dios es Amor". Sta. Teresita conoció a Dios así, íntimamente, "por dentro". Y fué con El tal como El desea que seamos. Como lo expresa ella: "humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad, y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre". Esta es la suprema
Sabiduría que Teresita nos transmite a través de sus palabras sencillas pero profundamente vividas, y que son un eco de las Palabras de Jesús: "Cuando oréis decid: PADRE NUESTRO..." "Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos"... "Cualquiera que se humillare como este parvulito, ése será el mayor en el Reino de los Cielos". Realmente, será más santo en el Cielo el que mejor vive como hijo de Dios aquí en la tierra. Y ésto es lo que Sta. Teresita nos enseña en su "caminito". Aquí presentamos algunos de sus pensamientos entresacados de su autobiografía, de sus cartas, de sus poésías, de sus conversaciones postreras. CONFIANZA. "Presiento que mi misión va a comenzar, la misión de hacer amar a Dios como yo le amo, la de enseñar mi caminito a las almas sencillas. El caminito de la infancia espiritual, de la confianza y del total abandono. Jesús se complace en 'enseñarme el único camino que conduce al Amor y este camino es el del abandono del niño que se duerme sin temor en brazos de su Padre. "Si alguno es pequeñito, que venga a Mí", dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón. Y este mismo Espíritu de Amor dijo también que "La Misericordia se concede a los pequeños". Y el profeta Isaías nos revela que "El Señor conducirá su rebaño a los pastos, reunirá a los corderitos, y los estrechará junto a su Corazón."
Y como si no bastaran estas promesas. el mismo profeta exclama en nombre del Señor:
"Como una madre acaricia a su hijito, así os consolaré Yo. Os llevaré en mi regazo, os acariciaré sobre mis rodillas".
Después de escuchar semejante lenguaje, no queda más que callar, llorar de gratitud y de amor. Ah! si todas las almas débiles e imperfectas sintieran lo que siento yo, la más pequeña de todas, ni una sola perdería la esperanza de llegar a la cumbre de la montaña del Amor. Jesús no pide grandes cosas, sino únicamente gratitud y abandono. No tiene ninguna necesidad de nuestras obras, sino sólo de nuestro amor. ¡Oh Jesús! Si yo pudiera revelar a todas las almas pequeñas cuán inefable es tu condescendencia! Estoy segura que, si por un imposible encontrases una persona más débil, más pobre que yo, te complacerías en colmarla de mayores favores aún, con tal que ella se abandonase con entera confianza a tu Misericordia infinita... Lo que al Señor le agrada en mí, es verme amar mi pequeñez, y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su Misericordia. Este es mi único tesoro. La confianza, y sólo la confianza nos puede conducir al Amor. Aún cuando yo tuviese sobre mi conciencia todos los crímenes que se pueden cometer, no perdería nada de mi confianza: iría con el corazón roto por el arrepentimiento, a arrojarme en los brazos de mi Salvador: Sé qué El ama al hijo pródigo; he oído las palabras que dirige a la Magdalena, a la mujer adúltera, a la samaritana. ¡No! Nada podría asustarme. Sé a qué atenerme respecto a su Amor y su Misericordia. Sé que toda esa multitud de ofensas se abismaría en un abrir y cerrar de ojos, como una gota de agua en un brasero ardiendo. Se cuenta en la vida de los padres del desierto que uno de ellos convirtió a una pecadora pública, cuyos pecados escandalizaban a toda la comarca. Esta pecadora, movida por la Gracia, siguió al santo al desierto, para llevar una vida de rigurosa penitencia. La primera noche del viaje, antes de llegar al lugar de su retiro, la impetuosidad de su arrepentimiento lleno de amor, rompió süs lazos mortales; y el santo solitario vió como en aquel mismo momento su alma era llevada por los ángeles al Reino de Dios. Es un ejemplo de lo que yo quisiera decir; pero éstas cosas no se pueden expresar... ¡Qué dulce es el camino del Amor! Ciertamente se puede caer, se puede cometer infidelidades, pero sabiendo el amor sacar provecho de todo, bien pronto consume lo que puede disgustar a Dios, no dejando más que una humilde y profunda paz dentro del alma. Si soy humilde, tendré el derecho de cometer, sin ofender a Dios, pequeñas travesuras hasta la muerte. Los niños pequeños no cesan de romper, rasgar, caer, a pesar de amar tanto a sus padres. ¡Ah! cuando caigo así, como un niño, toco con el dedo mi propia nada y mi debilidad. ¿Qué sería de mí, qué haría, si me apoyase en mis propias fuerzas?
Señor, me siento débil y pequeña en vuestra Presencia, y mi corazón se llena de paz.
Siempre he buscado la verdad. He comprendido la humildad de corazón.
OFRENDA AL AMOR DE DIOS
Parte esencial del caminito de Teresita fue el descubrir íntimamente el Infinito Amor de Dios hacia nosotros, y ofrecer todo su ser a la acción maravillosa de este Amor. Ella descubrió que el Amor de Dios es un Amor" lleno de bondad y de misericordia, lento a la cólera, rico en piedad y fiel". Teresita comprende que "lo propio del amor es abajarse", y que el que ama de verdad goza tanto más cuanto más puede comunicarse, regalarse, entregarse. Es lo que ella llama "ser víctima de la Misericordia y del Amor de Dios", ser el recipiente de su Bondad infinita. Y el 9 de Junio de 1895 realiza su consagración y ofrenda al Amor Misericordioso de Dios. Es el paso de la miseria a la Misericordia, de la pequeñez a la Grandeza, de la debilidad al Poder infinito del Amor de Dios. Es
"La esperanza ciega en su Misericordia"...
"Me ofrezco como víctima a vuestro Amor Misericordioso, suplicándoos me consumáis sin cesar, desbordando en mi alma las olas de infinita ternura que se encierran en Vos, y así llegue a ser mártir de vuestro Amor"... Desde este dia siento que el Amor me penetra y me rodea: siento que este Amor Misericordioso me renueva y purifica en cada instante, no dejando en mi alma huella alguna de pecado. Por esto, no puedo temer el purgatorio. Sé que por mí misma ni siquiera merecería entrar en este lugar de expiación donde sólo tienen acceso las almas santas. Pero sé también que el Fuego del Amor es más santificante que el del Purgatorio. Sé que Jesús no puede desearnos sufrimientos, inútiles, y que no me inspiraría los deseos que tengo, si no estuviera dispuesto a colmarlos.
"Atraído por su brillo, el insecto se lanza hacia el fuego. Asi, tu Amor es mi esperanza, y hacia El quiero volar y quemarme"...
"Consume mis imperfecciones, como el fuego, que todo lo transforma en sí mismo".
"Yo quiero ser la presa de tu Amor, y espero que un día, abatiéndote sobre mí, me llevarás al foco del Amor, y me hundirás al fin en este horno ardiente..."
"Sí, para que el Amor quede plenamente satisfecho, es menester que se abaje hasta la nada, y que transforme en fuego esta nada".
Es el salto en el abismo de la Misericordia, que está siempre realizándose, porque la Misericordia es infinita, y la confianza que se arroja en sus brazos no puede ser nunca demasiado grande.
"Jamás se tiene demasiada confianza en Dios, que es tan potente y misericordioso. Se alcanza de El tanto cuanto se espera".
"A veces Dios quiere ver hasta donde llevaré mi confianza. Pero no en vano, ha penetrado en mi corazón la palabra de Job: Aún cuando Dios me matara, yo esperaría en El".
"Dios quiere que dejemos esta tierra completamente puros, purificados por el santo abandono del niño que, después de haber dormido sencillamente en los brazos de su Padre, al morir, despierta y se abalanza sin demora en el eterno abrazo del Amor Misericordioso de Dios".
A una de sus hermanas escribe: "No eres bastante confiada. Tienes miedo de Dios. Te aseguro que lo apenas. Si, lejos de ofenderse por una confianza audaz que parece rayar en presunción, más se aflige El de una falta de confianza. Si tienes la confianza inconmovible de que te purifica a cada instante en su amor, y que no deja en tí ningún vestigio de pecado, ten por seguro que no irás al Purgatorio. No lo temas por lo que en él se sufre, mas desea evitarlo para dar gusto a Dios, a Quien duele tanto imponer esa expiación. Se hace una gran injuria a Dios pensando en el Purgatorio. Cuando se ama, no puede haber Purgatorio. Escuchad! hasta dónde debe llegar vuestra confianza: Os debe hacer creer que el Purgatorio no se hizo para vosotros, sino únicamente para los que no han conocido el Amor Misericordioso de Dios, o que dudaron de su poder puriflcador. Con los que se esmeran en corresponder a su Amor, Dios está "ciego" y no tiene cuentas, o mejor, las tiene para purificarlas con este fuego de Caridad que "cubre todas las faltas". "Sí, a pesar de vuestras infidelidades, podéis esperar ir al Cielo, porque El lo está deseando más que vosotros; os dará seguramente lo que hayáis esperado de su Misericordia. Esta confianza vuestra, ese abandono completo, será premiado por su Amor. Unicamente os recomiendo que, apoyados en esta seguridad os preocupéis de que El sea más amado.
¡Qué alegría pensar que Dios es Justo, es decir, que tiene en cuenta nuestras debilidades, que conoce perfectamente la fragilidad de nuestra naturaleza! ¿De qué podemos tener miedo? .. .Mientras más débiles somos, sin deseos ni virtudes, más dispuestos estamos para las operaciones de este Amor que consume y transforma.
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TEOLOGIA DEL CAMINITO, según H. von Balthasar.
El abandono del espíritu de obras en gracia del espíritu de puro amor (que, como tal, es más eficaz que toda justicia de obras) constituye el meollo de la doctrina teresiana. El verdadero amante quiere recibirlo todo, no como recompensa o paga de sus méritos, sino como gracia pura e inmerecida. Teresita sabe que "Jesús quiere darnos gratuitamente su Cielo". De ahí que quiere presentarse ante Dios con las manos vacías para recibirlo todo por amor.
"Bienaventurado aquél a quien Dios justifica sin las obras, porque respecto de aquéllos que obran, la recompensa no se les da por Gracia, sino como cosa debida". La miseria es el terreno más apropiado para el amor, porque da al alma la máxima receptibilidad. Una persona, mientras más miserable es, menos derechos y exigencias tiene ante Dios. Por tanto, allí es donde con más libertad puede El derramar gratuitamente sus dones, donde mejor puede demostrar el Dios de Amor lo que es en Sí, donde mejor puede ser "Puro Amor"
"Mientras más débil y miserable se es, más aptos somos para las operaciones de este Amor que consume y transforma".
"En ésto es perfecto nuestro amor: en que tengamos confianza en el día del Juicio. No hay temor en el Amor, porque el amor perfecto echa fuera el temor. El temor mira al castigo, y el que teme no es perfecto en el amor. (I Jn. 10, 16-18) Quien se pone decididamente bajo la ley del perfecto amor, y somete a esa ley su vida entera, está en verdad, fuera del juicio de Dios, y no tiene ya nada que temer de ese juicio.
"Nuestro Señor es la Justicia perfecta, y si no juzga nuestras buenas acciones (porque nos presentamos a El con las manos vacías para recibirlo todo por amor) tampoco juzgará las malas. Para las víctimas de su Amor, yo creo que no habrá juicio sino mas bien Nuestro Señor se apresurará en recompensar con Gozo eterno su propio Amor, que verá arder en sus corazones"; Pero para ésto se ha de ordenar la vida entera y los pensamientos todos bajo la ley del Amor y del no juzgar. Se han de tener sólo pensamientos de amor. El "caminito" exige en la sencillez, la máxima entrega de sí mismo. No quiere, acciones aisladas, extraordinarias, sino la actitud y los motivos del alma, de donde proceden los actos. No solo las obras, sino también el espíritu. El camino de la debilidad es el más meritorio, porque despojando al alma de todo lo propio, deja efectivamente a la Gracia el terreno entero.
"Dónde estaría la gracia si Ud. combatiera sólo cuando siente valor? ¿Qué importa que no lo tenga con tal que obre como si lo tuviera?". Es el continuo "pasar por debajo" de Teresita. "Qué le importa a la cañita doblarse? Su debilidad constituye su fuerza". Teresita desocupó su alma de toda propia perfección, para hacer lugar en ella al Amor de Dios. No hace lugar para una virtud, sino para Dios. No le importa ni siquiera su amor a Dios, sino la necesidad de que Dios ha de ser amado. Con ello, el amor del hombre pierde hasta el último residuo de propia finalidad, y se convierte en puro servicio al Amor de Dios. Para Teresita una filosofía de la angustia hubiese significado lo mismo que una filosofía de la desobediencia o de la desconfianza. Para ella cada minuto es igualmente nuevo e igualmente cerca del corazón y de las fuentes de Dios. De ahí que no conozca la inquietud:
"Los que corremos por el camino del amor, no debemos inquietarnos por nada. Si yo no sufriera sino minuto por minuto, me sería imposible tener paciencia". Esto es lo que da a su vida una plenitud tal, que, no obstante sus "pequeñas faltas" no tiene conciencia de distancia alguna perceptible entre ella y la Voluntad de Dios. Las "pequeñas faltas" son, sin más, abrasadas en fuego del Amor de Dios, y no entran en la cuenta. En la Gracia de la Misericordia de Dios, se cierra la cima.
Teresita, al amar su debilidad, ama aquel estado que le permite encontrarse más verdadera y descubiertamente con el Amor de Dios. Su flaqueza física y moral le confiere una determinada sensibilidad para la Gracia, que tal vez no tendría sin sus faltas. La concepción que ella tiene del tiempo como encuentro con la eternidad, encuentro que se realiza y cumple en cada momento, exige esta extrema sensibilización del alma, a fin de que en cada momento esté expuesta a la plena energía amorosa de Dios. Esto, empero, en este mundo de pecado origipal, sólo es posible por la humillación constantemente renovada. El pensamiento de una caída implica casi siempre una derrota. Pero dentro de las leyes del amor, no es así. La condición bajo la cual este caer y faltar es permitido, está puntualmente cumplido por Teresita: levantarse apenas se ha caído, volver inmediatamente de la desviación iniciada, al pleno amor. "Jesús se estremece de alegría con aquéllos que le aman, y que después de cada indelicadeza, vienen a pedirle perdón arrojándose a sus brazos... Cierto que para ésto es menester humillarse, y ésto es lo que muchas personas no quieren hacer. Cuando se acepta con alegría la humillación de haber sido imperfecta, Dios vuelve enseguida al alma". Esta conversión inmediata no es producida por la vergüenza de que semejante cosa me haya sucedido a mí. No. Sólo debe proceder de la necesidad de ofrecer nuevamente a la luz de Dios toda la superficie del alma. Es la prontitud amorosa del alma para ponerse a disposición y servicio del Amor. Sólo está dispuesto a recibir la misericordia de Dios aquél que desde lo más íntimo se siente necesitado de ella".
SUFRIMIENTO EN PAZ:
"Mi vida espiritual de enferma consiste en sufrir, y nada más... No puedo sujetarme a fórmulas, diciendo: Dios mío, por la Iglesia; Dios mío, por Francia, etc. Dios sabe muy bien lo que ha de hacer con lo que le ofrezco; se lo he dado todo por complacerle. Además, me fatigaría el espíritu diciéndole a cada instante: Dad ésto a Pedro, dad ésto a Pablo; lo hago, sin embargo, cuando alguien me lo pide, pero luego ya no vuelvo a acordarme. Cuando ruego por mis hermanos misioneros, digo sencillamente: "Dios mío, dadles todo lo que deseo para mí". "Sufro momento a momento. El pensamiento del pasado y del futuro es lo que nos hace caer en la desesperación." "De momento en momento se puede aguantar mucho. Yo no sufro mas que de instante en instante. Para el sufrimiento del cuerpo, soy como un niño pequeño, muy pequeñito... Voy siguiendo sin pensar; sufro de minuto en minuto. "Nuestro Señor quiere que me entregue como un niño pequeño, que no se inquieta para nada con lo que se hace con él".
AMOR A DIOS
¡Qué fácil es agradar a Jesús! Basta amarle, sin mirarse a sí mismo.
El amor es lo único que cuenta.
Puesto que mi alma está entregada al Amor, todas mis acciones, aún las más insignificantes, llevan este sello divino.
Nuestro mérito no consiste en hacer ni en dar mucho, sino más bien en recibir el Amor que Dios nos ofrece, y en amar mucho.
El amor es a lo único que debemos aspirar; de ahí que, en cada caso, hay que escoger aquélla obra en la que ponemos más amor, sea fácil o difícil. Es preferible hacer algo de suyo indiferente que no algo en sí valioso si hacemos lo primero con más amor que lo segundo.
Cuando se me manifestó la perfección, comprendí que para llegar a ser santa, era necesario sufrir mucho, buscar siempre lo más perfecto, y olvidarse de sí misma. Comprendí que en la perfección había muchos grados, y que cada alma era libre de responder a las insinuaciones de Nuestro Señor, libre de hacer poco o mucho por Él. En una palabra, libre de escoger entre los sacrificios que Dios pide. Entonces exclame: "Dios mío, lo escojo todo; no quiero ser santa a medias... escojo todo lo que Vos queráis".
Lo que más me gusta, lo que yo escogería para mí, si me fuera posible, es precisamente lo que Dios quiere en cada momento para mí.
"Hallo siempre bella mi suerte, me colmáis de alegría, Señor, con todo cuanto hacéis" (Salmos).
En el caminito, hay que hacer cuanto esté en nosotros, dar sin medida, renunciarse continuamente. En una palabra, probar nuestro amor por medio de todas las buenas obras que estén en nuestra mano. Pero, como al fin, ésto es bien poco... después de haber hecho todo lo que debíamos hacer, confesémonos "siervos inútiles", esperando que Dios nos dé, por Amor, todo lo que le pedimos. No quiero atesorar méritos para el Cielo, sino trabajar sólo por vuestro Amor, con el único fin de agradaros y de salvar almas que os amen eternamente. En el ocaso de mi vida me presentaré a Vos con las manos vacías, pues que no os pido que contéis mis obras... "Todas nuestras justicias están manchadas a vuestros ojos" Quiero revestirme de vuestra propia Justicia, y recibir por puro Amor, la posesión eterna de Vos Mismo. En vuestra presencia, nada es el tiempo: "Mil años son ante tus ojos como el día de ayer que ya pasó". Podéis pues, en un instante, prepararme a comparecer ante vuestra Presencia. ¿Hay acaso, un alma más débil e Impotente que la mía? Y fué precisamente esta misma debilidad lo que te movió siempre a colmar mis pequeños deseos. Yo puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad. Que crezca es imposible.
Debo soportarme tal como soy, con mis imperfecciones sin número, pero quiero buscar el medio de ir al cielo por un caminito muy recto, muy corto; estamos en el siglo de los grandes inventos; ya no hace falta subir los peldaños de una escala, un ascensor la reemplaza con ventaja. También yo quería encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir por la dura escala de la perfección. He pedido, pues, a los Libros Santos, que me muestren el ascensor que demanda mi deseo, y he leído estas palabras, salidas de la boca misma de la eterna Sabiduría: Si alguno es pequeño, que venga a Mí. Y me he acercado a Dios, adivinando bien que había descubierto lo que buscaba, y queriendo saber aún que es lo que El haría con el niño pequeño, he encontrado ésto: "Igual que una madre acaricia a su hijo, así os consolaré Yo, asi os estrecharé contra mi pecho: y os meceré sobre Inis rodillas". Ah, nunca palabras más tiernas han venido a regocijar mi alma. El ascensor que me ha de elevar hasta el cielo son vuestros brazos, oh Jesús. Para eso no me hace falta crecer, al contrario, es preciso que continúe siendo pequeña, que lo sea cada vez más. ¡Oh Dios mío! Vos habéis superado mis deseos, quiero cantar eternamente vuestras misericordias!". El único medio de progresar rápidamente por el camino del amor es el permanecer siempre humilde y débil. Permanecer pequeño. Yo así lo hago, por eso puedo cantar con San Juan de la Cruz: "y abatíme tanto, tanto, que fui tan alto, tan alto que le di a la caza alcance".
Dios a mí me ha dado su Misericordia infinita, y a través de este espejo inefable es como yo contemplo todos sus demás atributos. Todos ellos se me aparecen entonces deslumbrantes de amor... El quiso hacer brillar en mí Su Misericordia. Por ser pequeña y débil se inclinó hacia mí, y me instruyó en los secretos de su Amor.
Como dice San Juan de la Cruz: "Sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía"... Mis protectores en el cielo son los que lo han robado, como los santos Inocentes y el Buen Ladrón. Los grandes santos lo han ganado con sus obras, yo quiero imitar a los ladrones, quiero conseguirlo por maña y por amor, por astucia de amor, que me abrirá la puerta a mí y a los pobres pecadores. El Espíritu Santo me alienta, pues dice en los Proverbios: "Venid pequeñuelos, y aprended de Mí sagacidad". El Amor me dió la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diversos miembros, no le faltaría el más necesario, el más noble de todos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón tenía que arder de amor. Comprendí que solo este amor ponía en movimiento a los miembros de la Iglesia; que si el amor se apagase, los apóstoles no anunciarían ya el Evangelio, y los mártires se negarían a derramar su sangre Comprendí que el amor encierra todas las vocaciones, que el Amor lo es todo, que el Amor abarca todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, que el Amor es eterno,
Entonces, en un transporte de alegría inmensa, exclame: "Oh Jesús! Por fin he encontrado mi vocación: MI VOCACION ES EL AMOR!
Sí, he hallado mi lugar en la Iglesia. En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el Amor. Así lo seré todo!
Mis hermanos trabajan en mi lugar. Yo, niña pequeña, me mantengo muy cerca del trono del Rey y de la Reina. AMO POR LOS QUE COMBATEN... Pero, ¿cómo demostraré mi amor, ya que el amor se prueba con obras?
Pues bien, arrojaré flores... Así se consumirá mi vida. No tengo otro medio para probar mi amor que el echaros flores; es decir, no desperdiciar ningún sacrificio, ninguna mirada, ninguna palabra; aprovechar las más pequeñas cosas, haciéndolas todas por amor. Quiero sufrir y gozar por amor Así echaré flores delante del trono. No hallaré flor en mi camino que no deshojar por Tí; y al echar mis flores, cantaré... Cantaré, aunque tenga que coger mis flores de en medio de las espinas... Soy un alma pequeñita que sólo puede ofrecer a Dios cosas muy pequeñas. Pero me sucede muchas veces, desperdiciar la ocasión de hacer estos pequeños sacrificios que tanta paz dan al alma. Pero no me desanimo por ésto; me resigno a tener un poco menos de paz, y procuro ser un poco más cuidadosa en lo futuro. He comprendido que la santidad no está en tal o cual práctica, sino en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad, y confiados hasta la audacia en su Bondad de Padre.
Trozos de poemas de Sta. Teresita
...Oh buen Jesús, ¿qué importa el porvenir sombrío? Rogar para mañana... yo no lo haré mañana... Conserva mi alma pura, cúbrame tu sombra, por hoy día, no más. Si pienso en el mañana me asusta mi inscontancia y siento la tristeza y el tedio en mí brotar. Dios mío, yo amo mucho la prueba, el sufrimiento de este día, no más... Mi Cielo es sonreír al Dios que reverencio cuando quiere ocultarse para probar mi fe. Mi cielo es sonreír, esperando en silencio que mire otra vez, "Llamarte ¡Padre mío! y ser tu hija... ¡éste es mi Cielo, si!
VIVIR DE AMOR
Vivir de amor es darse sin medida sin buscar en el mundo algún salario; prodigar los favores a porfía y buscar tu Sonrisa como pago. Dios mío, Tú serás mi recompensa, tu Amor infinito mi salario Tú vendrás a buscarme en tu ternura para darme lo que sólo he deseado: tu Amor!
Mi única riqueza en tu Faz veo y nada más deseo. Pues en ella, oh Jesús, siempre escondida, podré amarte a Tí solo sin medida. Características del "Caminito de infancia espiritual" según las Carmelitas de Lisieux. "Humildad gozosa, confianza perdida en el Amor Misericordioso; abandono total a la Voluntad divina. Arte exquisito de dar gusto a Dios hasta en las menores cosas de la vida. Conocimiento profundo y vivido de la PATERNIDAD DE DIOS, llevado hasta la ternura filial". "Si la vista de sus caídas, de su miseria, es para un alma manantial de paz y de alegría; si estima su importancia sobre todos los tesoros porque sólo cuenta con la Misericordia Divina para santificarla en la tierra y glorificarla en el Cielo, ésa alma está en plena senda". Dios mío, espero firmemente de vuestra Misericordia que si muriera en este mismo instante, me llevarías derecho al Cielo. Cuento sólo con vuestra infinita Bondad para expiar todos mis pecados".
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https://catholic-link.com/camino-infancia-espiritual-santa-teresita/
Seguro que has escuchado sobre santa Teresita del Niño Jesús y su camino de infancia espiritual.
Un camino que consiste en tomar la actitud de los niños pequeños y dejarse conducir por la vida abandonados en los brazos de su Padre.
Volvernos como niños frente a Dios, confiar nuestra existencia plenamente a Él, lejos de lo lúdica y divertida de la infancia, es un camino exigente. Seguir este camino responde a un llamado por el que debemos discernir.
Es un hermoso medio que tenemos a disposición para transitar este camino de santidad. Constituye el legado de amor de esta santa por Dios, su misión misma.
«Presiento dijo entonces que va a comenzar la misión mía, la misión de hacer amar a Dios como yo le amo la de dar mi caminito a las almas. Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra. No es esto imposible, puesto que en el seno mismo de la visión beatífica los ángeles velan sobre nosotros.
No, no podré tomar descanso alguno hasta el fin del mundo. Pero cuando el ángel haya dicho: ya no existe el tiempo, entonces descansaré, podré gozar porque el número de los elegidos será completo».
Aquí les dejamos un pequeño vistazo a este caminito espiritual.
«Mamá, no puedo. Es que soy pequeño». Cuántas veces hemos escuchado a nuestros hijos decir esto. Sin querer somos testigos de una pedagogía que nos muestra lo que significa el saberse pequeño y débil, necesitados absolutamente de sus padres.
Esta pequeñez y debilidad es de la que nos habla la santa y que constituye un verdadero camino de humildad. Como niño pequeño asombrado por un mundo tan enorme frente al que él se siente casi insignificante.
Necesitados de la grandeza y sostén de Aquel que nos dio la existencia misma. Una pequeñez que no aflige, sino que se alegra en el cuidado del Padre.
«No me aflijo decía al ver que soy la flaqueza misma. Al contrario, en ella me glorifico y me resigno a descubrir en mí cada día nuevas imperfecciones. Lo confieso: estas luces sobre mí nada me hacen mayor bien que si fueran luces sobre la fe».
Así como los niños que en casa de los padres saben que nada poseen, pero que aún así todo lo tienen porque lo que les basta es el amor proveedor de sus padres. Esa conciencia de saberse sin nada.
De no poseer nada propio, de entender que todo en nuestra vida es un don gratuito entregado por Dios. A esa pobreza de niño nos llama santa Teresita.
Sabiéndose pobre, poder esperarlo todo del Padre. Poder vivir sin apegos, olvidándose incluso de uno mismo. Sin ataduras a lo material, porque nada se tiene, y así poder corresponder plenamente a los mandatos de Dios.
Ser como niños que viven en el momento presente y que no necesitan nada más que la presencia vigilante de su Padre que garantiza su propia vida y seguridad.
«He notado muchas veces escribe la santa que Jesús no quiere darme provisiones. Me sustenta a cada instante con alimento del todo nuevo. Lo hallo en mí sin saber cómo está allí.
Creo sencillamente que es Jesús mismo oculto en el fondo de mi pobre corazón, el que obra en mí de un modo misterioso y me inspira todo lo que quiere que haga en el momento presente».
Santa Teresita nos enseñaba que el amor de Dios, su misericordia y su justicia eran los fundamentos de la confianza plena. Como el niño que lo encuentra todo en el amor de su madre y en el cuidado de su padre.
Que habiendo podido cometer el más grande de los errores siempre encontrará perdón, consuelo y abrigo. Ante cualquier fracaso, encontrará esa mano que lo levante y le señale el camino, una y otra vez y otra vez.
Que frente al temor y la desolación comprenderá que el Padre está presente, aunque no lo podamos ver, que vendrá en nuestra ayuda en el momento indicado. Y que su presencia, aunque no sensible es real.
Dios entiende nuestra desesperación y tristeza y en paciencia de la espera va forjando nuestra alma para esperar confiadamente el encuentro del amor.
«Se obtiene de Dios todo cuanto de Él se espera».
Sin el amor de los padres la vida del hijo no existe. Sin esa sobreabundancia del amor de Dios, nosotros, pequeñas criaturas, nunca hubiéramos existido. Conocer ese amor nos hace entender que al rechazarlo nos podríamos perder para siempre.
Santa Teresita nos enseña que todo empieza en el amor y todo termina en el amor. Y, que «cuando se ama no se calcula», el amor lo da todo y no se guarda nada para sí mismo.
Sufrir por amor, gozar por amor y hacerlo todo por amor. Cada pequeña renuncia, cada pequeño sacrificio del día a día va alimentando el camino de amor a Dios. No se requieren de grandes acciones heroicas, el camino de renuncia cotidiana basta.
Este amor del que habla santa Teresita en un amor que llega al extremo de cargar sobre sus hombros el peso de las faltas de otros hasta entregar la vida misma. ¿Quién podría entregarse por amor a otro hasta dejarse la vida? Cristo y a imagen de Él y con ayuda de la gracias de Dios, tal vez nosotros.
La escena de esos niños pequeños, hermanos muy queridos. El error de uno puede ser el castigo de otro. Qué hermoso es ver cuando uno asume la carga por los dos: «Fui yo mami, ella es muy pequeña. La culpa es toda mía».
En palabras inocentes de pequeños hermanos vemos esa huella, esa semilla de grandeza alimentada por el amor mismo que puede llegar a la plenitud de la entrega.
«A la hora de mi muerte, cuando yo vea a Dios tan bueno que querrá colmarme de ternuras durante toda la eternidad y que yo nunca jamás podré ya probarle la mía con sacrificios, esto me será imposible de soportar si no he hecho yo en la tierra todo cuanto haya podido para complacerle» (Espíritu de Santa Teresita).
El santo abandono, superior a la confianza, es entregarse a la acción divina. Otorgar el manejo absoluto de nuestra existencia a las manos de Dios.
Todas estas grandes virtudes son imposibles de alcanzar por nuestro propio mérito. Abandonarse a la acción de Dios, libre, voluntariamente y por amor. Para llegar a la grandeza necesitamos que la grandeza misma tome el control absoluto de nuestras vidas.
Para seguir el camino de la santidad, en lo grande, en lo pequeño y cotidiano, es absolutamente necesaria la gracia de Dios. Hacia allí conduce el sentirse pequeño, pobre, débil, humilde, confiado y amante de Aquel que lo da todo.
«El total abandono, esa es mi única ley. Descansar sobre su corazón, muy cerca de su rostro. ¡Ese es mi cielo!».
Amor intenso que consume. Amor profundo a Dios se transforma en llamas que acrisolan la propia alma que ya no puede vivir sin arder en el amor divino. Ese es el celo que tiene que ver con el cuidado, con el no poder vivir sin amar y amar cada vez más y mejor.
Lejano de los celos que nos consumen porque necesitamos gobernar y poseer a aquel de decimos amar. El celo libera, el celo se vuelve detallista, es un amor desinteresado, reverente, fiel, que nada lo espera, todo lo entrega, se propaga y se «contagia» de ese fuego para que lo pueda consumir todo.
Ese celo del que nos habla del «gusto» de estar con Dios. De esos niños que gritan a sus amigos «ven conmigo, que aquí se está bien». Santa Teresita nos deja en este celo la tarea de conseguir almas para Cristo.
«En el corazón de la Iglesia, Madre mía, yo seré el amor Mis hermanos trabajan por mí, y yo, pobre niñita, permanezco junto al trono real: Amo por los que combaten» (Historia de un Alma, c. XI).
La sencillez de un niño se mide en su autenticidad, por ser él mismo, sin temor de presentarse con lo poco o con lo mucho. Es algo tan bonito, tan cautivante por la pureza de su presentación. Esa sencillez sincera, que ubica la bondad con rapidez, que no se enreda ni cuestiona, que simplemente ama.
«No tengo valor decía para sujetarme a buscar hermosas oraciones en los libros: no sabiendo cuáles elegir, hago como los niños que no saben leer: digo sencillamente a Dios lo que quiero decirle y siempre me comprende».
¿Qué tal esta maravilloso de camino que nos propone santa Teresita? Déjanos saber en los comentarios cuál de estos puntos es que te gusta o se te dificulta más. Pidámosle a Dios que nos otorgue la gracia de ser niños, ¡Santa Teresita del niño Jesús, ruega por nosotros!
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| Divini
Amoris Scientia de san Juan Pablo II
en 1997, proclamando Doctora de la Iglesia a santa
Teresita de Lisieux Su «caminito», no es más que el camino evangélico de la santidad para todos Una doctrina sencilla y, a la vez, profunda que ella tomó de los manantiales del Evangelio bajo la guía del Maestro divino y luego comunicó a sus hermanos y hermanas en la Iglesia con amplísima eficacia (cf. Ms B 2 v - 3 r) Esta doctrina espiritual nos ha sido transmitida sobre todo en su autobiografía Comunica a las novicias encomendadas a su cuidado el caminito de la infancia espiritual El núcleo de su mensaje es el misterio mismo de Dios Amor, de Dios Trinidad, infinitamente perfecto en sí mismo. Si la genuina experiencia espiritual cristiana debe coincidir con las verdades reveladas, en las que Dios se revela a sí mismo y manifiesta el misterio de su voluntad (cf. Dei Verbum, 2), es preciso afirmar que Teresa experimentó la revelación divina, llegando a contemplar las realidades fundamentales de nuestra fe encerradas en el misterio de la vida trinitaria. En la cima, como manantial y término, el amor misericordioso de las tres divinas Personas, como ella lo expresa, especialmente en su Acto de consagración al Amor misericordioso. Por parte del sujeto, en la base se halla la experiencia de ser hijos adoptivos del Padre en Jesús; ese es el sentido más auténtico de la infancia espiritual, es decir, la experiencia de la filiación divina bajo el impulso del Espíritu Santo. También en la base, y ante nosotros, está el prójimo, los demás, en cuya salvación debemos colaborar con Jesús y en él, con su mismo amor misericordioso. Con la infancia espiritual experimentamos que todo viene de Dios, a él vuelve y en él permanece, para la salvación de todos, en un misterio de amor misericordioso. Ese es el mensaje doctrinal que enseñó y vivió esta santa «De Teresa de Lisieux se puede decir con seguridad que el Espíritu de Dios permitió a su corazón revelar directamente a los hombres de nuestro tiempo el misterio fundamental, la realidad del Evangelio (...). El "caminito" es el itinerario de la "infancia espiritual". Hay en él algo único, un carácter propio de santa Teresa de Lisieux. En él se encuentra, al mismo tiempo, la confirmación y la renovación de la verdad más fundamental y más universal. ¿Qué verdad hay en el mensaje evangélico más fundamental y más universal que ésta: Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos?» (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de junio de 1980, p. 15). En el Magisterio ordinario:
su doctrina en el reciente Catecismo de la Iglesia católica (nn. 127, 826, 956, 1.011, 2.011 y 2.558) La fuerza de su mensaje radica en que explica de modo concreto cómo todas las promesas de Jesús se cumplen plenamente en el creyente que acoge con confianza en su vida la presencia salvadora del Redentor. El "caminito" es el itinerario de la "infancia espiritual". |
Cómo llegó santa Teresita a ofrecerse
como víctima de holocausto al amor de Dios
"¿Será solo tu Justicia la que recibirá a
las almas que se inmolan como víctimas?
¿Acaso tu Amor
Misericordioso no las necesita también?
Por todos lados es
incomprendido, rechazado; los corazones a quienes deseas
prodigarla se vuelven hacia las criaturas que les piden felicidad
con su miserable afecto, en lugar de arrojarse en tus brazos y
aceptar tu infinito Amor
¡Oh, Dios mío! ¿Permanecerá tu
Amor despreciado en tu Corazón? Me parece que si encontraras
almas ofreciéndose como Víctimas de holocaustos a tu Amor, las
consumirías rápidamente; me parece que serías feliz de no
reprimir las inundaciones de infinita ternura que hay en ti
Si tu Justicia ama descargarse, la que se extiende solo en la
tierra, cuánto más desea tu Amor Misericordioso encender almas,
ya que tu Misericordia se eleva hasta los Cielos
¡Oh,
Jesús mío! Permíteme ser esa víctima feliz". (Manuscrito
A, folio 84r). [LEER MÁS].
Acto de santa Teresita de ofrenda de sí
misma como víctima de holocausto al amor de Dios
¡Oh Dios mío! Santísima Trinidad, deseo amarte
y hacerte amar... Deseo cumplir perfectamente tu voluntad...
deseo ser santa, pero siento mi impotencia y te pido, oh Dios
mío, que seas tú mismo mi Santidad.
...con confianza te pido que vengas a tomar posesión de mi alma...
te suplico que me quites la libertad de desagradarte...
Para vivir en un acto de perfecto Amor, me ofrezco como víctima
de holocausto a tu Amor misericordioso, suplicándote que me
consumas sin cesar, dejando desbordar en mi alma las aguas de
ternura infinita que encierras y que así me convierta en mártir
de tu Amor, ¡oh Dios mío! [LEER MÁS].
Santa
Teresa del Niño Jesús y el misterio del Corazón de Cristo,
por Jesús
Solano, S.I....
Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz recibió el hábito marrón de carmelita, en el Carmelo de Lisieux, el 10 de enero de 1889, el mismo día y a la misma hora en que la beata María del Divino Corazón recibió el hábito blanco de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, en el Convento del Buen Pastor de Münster (Alemania).
Santa Teresa de Lisieux y el Apostolado de la Oración
«No seáis niños en juicio. Sed
niños en malicia, pero hombres maduros en juicio».
(I Corintios 14,20)
San Juan Pablo II al proclamar doctora de la Iglesia a santa Teresita, el 19.10.1997
Los Papas acerca de santa Teresita
Texto completo de la Exhortación
Apostólica Cest la confiance del
papa Francisco con motivo del 150 aniversario del nacimiento de
santa Teresa del Niño Jesús
Extracto
En la tarde del 30 de septiembre de 1897, a las
19:20 h. muere santa Teresita de Lixieux:
"Yo no muero, entro en la vida", había escrito a su
hermano espiritual misionero, P. Mauricio Belliére.
Sus últimas palabras: "Dios mío, te amo".
Hay cosas que se hacen sin alegría y con amor, según enseña santa Teresita
| "La medida del amor
es amar sin medida", decía San Francisco de Sales. Al decir de Benedicto XVI, sin él no hubiera existido el heroico «caminito» de santa Teresa de Lisieux. El encargo suavísimo de Jesús a los jesuitas y a las salesas de dar a conocer la misericordia de su Sagrado Corazón y de promover su amor y su devoción fue el antídoto contra el molinismo para impedir que sus disparates les llevaran al semipelagianismo y al orgullo. A muchos jesuitas que admitían el molinismo no se les notaba porque predominaba en ellos el amor a la misericordia divina; y en San Francisco de Sales, el abandono a dicha misericordia (LEER MÁS) También se encuentra formulado en los escritos de san Francisco de Sales el modo de vida de santidad que santa Teresa de Lisieux practicó heroicamente y que consistía en aprovechar todas los pequeños sacrificios que se le presentaban para ofrecerlos con alegría, mientras ardía en deseos de padecer por Jesús los mayores martirios. Véase lo que dice san Francisco de Sales en el Tratado del amor a Dios, Libro XII, Capítulo VI, con el título:
Y véase lo que decía y hacía santa Teresa de Lisieux: Las flores de Santa Teresa de Lisieux |
JESÚS ANSÍA ADUEÑARSE DE NUESTRO CORAZÓN Y QUE ASÍ SEAMOS
SANTOS
Jesús quiere adueñarse por entero de su corazón, quiere
que sea usted un gran santo. Para ello tendrá que sufrir mucho,
pero también ¡qué alegría inundará su alma cuando llegue el
momento feliz de su entrada en la vida eterna
! (Santa
Teresita del Niño Jesús, carta nº244, al Abate Bellière, 9 de
junio de 1897)
HUMILLARSE
Si, basta con humillarse, con soportar serenamente las
propias imperfecciones. ¡He ahí la verdadera santidad! (Santa
Teresita del Niño Jesús, carta nº 243, a sor Genoveva, 7 de
junio de 1897).
DIOS CONOCE NUESTRA DEBILIDAD
¡Qué dulce alegría pensar que Dios es justo!, es decir,
que tiene en cuenta nuestras debilidades, que conoce
perfectamente la debilidad de nuestra naturaleza. Siendo así,
¿de qué voy a tener miedo? (Santa Teresita del Niño
Jesús, Manuscrito A, 83vº)
DESEAR LA SANTIDAD, TENIENDO IMPERFECCIONES
Usted, Madre, sabe bien que yo siempre he deseado ser santa.
Pero, ¡ay!, cuando me comparo con los santos, siempre constato
que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una
montaña cuya cumbre se pierde en el cielo y el oscuro grano que
los caminantes pisan al andar. Pero en vez de desanimarme, me he
dicho a mi misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables;
por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la
santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal
cual soy, con todas mis imperfecciones. (Santa Teresita del
Niño Jesús, Manuscrito C, 2vº)
SER SANTOS CON LOS MÉRITOS INFINITOS DE ÉL
Sigo teniendo la misma confianza audaz de llegar a ser una
gran santa, pues no me apoyo en mis méritos que no tengo
ninguno-, sino en Aquel que es la Virtud y la Santidad mismas.
Sólo Él, conformándose con mis débiles esfuerzos, me elevará
hasta Él y, cubriéndome con sus méritos infinitos, me hará
santa. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 32rº)
UNA VIDA COMO LA NUESTRA
Lo que me hace mucho bien, cuando pienso en la Sagrada
Familia, es imaginármela llevando una vida totalmente ordinaria
(
) en su vida todo discurrió como en la nuestra. (Santa
Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones ,
Cuaderno amarillo 20.8.14).
CONSEGUIR LA GRACIA DE NO PREOCUPARNOS POR SER TAN MISERABLES
Te equivocas, amiga mía, si crees que tu Teresita recorre
siempre ilusionada el camino de la virtud. Ella es débil, muy
débil, y experimenta a diario esa triste realidad. Pero (
)
Jesús se complace en enseñarle, como a San Pablo, la ciencia de
gloriarse en sus debilidades. Es esta una gracia muy grande, y
pido a Jesús que te la enseñe, porque sólo ahí se encuentra
la paz y el descanso del corazón. Cuando una se ve tan miserable,
no quiere ya preocuparse de sí misma y sólo mira a su único
Amado
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 109,
a María Guérin, julio de 1890).
EL AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS
Desde que se me ha concedido a mi también comprender el
amor del corazón de Jesús, le confieso que Él ha desterrado
todo temor de mi corazón. El recuerdo de mis faltas me humilla y
me lleva a no apoyarme nunca en mi propia fuerza, que no es más
que debilidad; pero sobre todo, ese recuerdo me habla de
misericordia y de amor. (Santa Teresita del Niño Jesús,
carta nº247, al abate Belliére, 21 de junio de 1897)
AMAR AL PRÓJIMO
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus
amigos. Madre querida, meditando estas palabras de Jesús,
comprendí lo imperfecto que era mi amor a mis hermanas y vi que
no las amaba como las ama Dios. Si, ahora comprendo que la
caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás,
en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más
pequeños actos de virtud que se les vea practicar. (Santa
Teresita del Niño Jesús, Manuscrito C, 12 rº).
DIOS NOS
MIMA
¡Si supieras, María, qué gran verdad me parece lo que
nos dices! Dios nos mima. (Santa Teresita del Niño Jesús,
carta nº21, a María, 2 de octubre de 1886).
Lo entiendo, Señor. Cuando un alma se ha dejado fascinar por el perfume embriagador de tus perfumes, ya no puede correr sola, todas las almas que ama se ven arrastradas tras de ella [Ms C, folio 34rº]. [Como en el Evangelio: "Creyó él y toda su casa" (Jn 4,53)]. [Sta Teresita cita libremente Jn 17, 4 y sig; y concluye con estas palabras de Jesús: "Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo" (Jn 17,24)]. Sí, Señor, esto es lo que yo quisiera repetir contigo antes de volar a tus brazos. ¿Es tal vez una temeridad? No, no. Hace ya mucho tiempo que tú me has permitido ser audaz contigo. Como el padre del hijo pródigo cuando hablaba con su hijo mayor, tú me dijiste: «Todo lo mío es tuyo». Por tanto, tus palabras son mías, y yo puedo servirme de ellas para atraer sobre las almas que están unidas a mí las gracias del Padre celestial... Quiero simplemente pedir que un día nos veamos todos reunidos en tu hermoso cielo [Historia de un Alma, Manuscrito C, folio 34vº].
"El mérito no consiste en hacer ni en dar mucho, sino más bien en recibir, en amar mucho Se ha dicho que es mucho más dulce dar que recibir, y es cierto; pero entonces, cuando Jesús quiere tomar para sí la dulzura de dar, no sería educado negarse. Dejémosle tomar y dar todo lo que quiera". (Santa Teresita, carta nº 142, a Celina, 6 de julio de 1893)
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Canals decía: "¡Pobres mujeres!"
Y santa Teresita del Niño Jesús dijo por escrito:
"¡Pobres mujeres! ¡Qué despreciadas son...! Sin embargo, ellas aman a Dios en número mucho mayor que los hombres, y durante la pasión de Nuestro Señor las mujeres tuvieron más valor que los apóstoles, pues desafiaron los insultos de los soldados y se atrevieron en enjugar la Faz adorable de Jesús... Seguramente por eso él permite que el desprecio sea su lote en la tierra, ya que lo escogió también para sí mismo... En el cielo demostrará claramente que sus pensamientos no son los de los hombres, pues entonces los últimos serán los primeros..." (Manuscrito A, 66rº).
[Sí, las mujeres son muy superiores a los varones. Muchos lo sabemos desde la preadolescencia. Aunque las mujeres, por algo que tiene que ver con lo preternatural, desde la expulsión del paraíso terrenal, se supeditan a su marido y a los varones en general. Pero no por eso dejan de ser en sí claramente superiores a ellos, y esto deja patente que es un sinsentido la sugestión de que pretendan ser como los varones, en tareas, aficiones, modos de vestir, usos y costumbres, etc. Deja en evidencia al feminismo].
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Jesús, déjame que te diga, en el exceso de mi
gratitud, déjame, sí, que te diga que tu
amor llega hasta la locura...
¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance
hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza?...
Sí, ya sé que también los santos hicieron locuras por ti, que hicieron obras grandes porque ellos eran águilas...
Jesús, yo soy demasiado pequeña
para hacer obras grandes..., y mi locura consiste en esperar que tu amor me acepte como víctima...
Mi locura consiste en suplicar a las águilas
mis hermanas que me obtengan la gracia de volar
hacia el Sol del amor con las
propias alas del Aguila divina...
(Dt 19,1-6)
Durante todo el tiempo que tú quieras, Amado mío, tu pajarito seguirá sin fuerzas y
sin alas, seguirá con los ojos fijos en ti. Quiere ser
fascinado por tu mirada divina, quiere ser presa de tu amor...
Un día, así lo espero, Aguila
adorada, vendrás a buscar a tu pajarillo;
y, remontándote con él hasta el Foco del amor, lo sumergirás por toda la eternidad en el ardiente
Abismo de Este Amor al que él se
ofreció como víctima
¡Que no pueda yo, oh Jesús, revelar
a todas las almas pequeñas cuán inefable es tu condescendencia..!
Estoy convencida de que, si por un
imposible, encontrases un alma más débil
y más pequeña que la mía, te
complacerías en colmarla de gracias todavía mayores, con tal de
que ella se abandonase con
entera confianza a tu misericordia infinita.
¿Pero por qué estos deseos,
Jesús, de comunicar los secretos de tu
amor? ¿No fuiste tú, y nadie más que tú,
el que me los enseñó a mí? ¿Y no puedes, entonces,
revelárselos también a otros...?
Sí, lo sé muy bien, y te conjuro a que lo hagas. Te suplico que hagas descender tu mirada
divina sobre un gran número de almas pequeñas... ¡Te
suplico que escojas una legión de pequeñas víctimas
dignas de tu AMOR!...
La insignificante
sor Teresa del Niño Jesús de la Sta. Faz, rel. carm. ind.
(Fin del Manuscrito B).
| La fuente básica está en este texto
bíblico (Dt 19,1-6). Fue la primera lectura de la misa
del domingo 18.06.2023: "A los tres meses de salir de la tierra de Egipto, aquel día, los hijos de Israel llegaron al desierto del Sinaí. Salieron de Refidín, llegaron al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña. Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:
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COMENCEMOS NUESTRO MARTIRIO
"El sueño de mi Celina es muy bonito [Celina había soñado
que sufría el martirio], tal vez un día se realizará; pero
mientras tanto, comencemos nuestro martirio, dejemos que Jesús
nos arranque todo lo que nos es más querido, y no le rehusemos
nada. Antes de morir a espada, muramos a alfilerazos". (Santa
Teresita del Niño Jesús, carta del 15 de marzo de 1889 a Celina)
LA VERDADERA SANTIDAD
Sí, basta con humillarse, con soportar serenamente las
propias imperfecciones. ¡He ahí la verdadera santidad!
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 243, a sor Genoveva,
7 de junio de 1897)
Enseña nuestra doctora de parte de
Jesús, el Verbo hecho carne
VALE MÁS RECURRIR A
DIOS QUE A SUS SANTOS
No encontraba ayuda alguna en la tierra, que me parecía un
desierto agostado y sin agua. Sólo en Dios tenía puesta toda mi
esperanza
Acababa de conocer por experiencia que vale más
recurrir a Él que a sus santos
(Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 66rº)
La Virgen María nos redirige automáticamente a Jesús, el Verbo
hecho carne. San José, el ángel de la guarda y los demás
santos, también.
Como hace Santa Teresita en este texto.
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Enseña nuestra doctora de parte de Jesús, el Verbo hecho carne
Comprendo y sé muy bien por
experiencia que «el reino de los cielos está dentro de
nosotros». Jesús no tiene necesidad de libros ni de
doctores para instruir a las almas. Él, el Doctor de los
doctores, enseña sin ruido de palabras... Yo nunca le he
oído hablar, pero siento que está dentro de mí, y que
me guía momento a momento y me inspira lo que
debo decir o hacer. Justo en el momento en que las necesito,
descubro luces en las que hasta entonces no me había fijado. Y
las más de las veces no es precisamente en la oración donde
esas luces más abundan, sino más bien en medio de las
ocupaciones del día...
(Manuscrito A, Folio 83vº)
Pide mucho al Sagrado Corazón. Tú sabes que yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo. Pienso que el Corazón de mi Esposo es para mí sola, como el mío es para Él solo, y le hablo entonces en la soledad de este delicioso corazón a corazón esperando contemplarlo un día cara a cara (Carta 122, a su hermana Celina, con ocasión del viaje de ésta a Paray-le-Manial, 14 octubre 1890).
SÓLO JESÚS LO VERÁ
Pídele [a Jesús] que me dé mucho amor también a mí. No
pido amor sensible, sino un amor conocido sólo de Jesús.
(Carta nº114, a sor Inés de Jesús, 3 de septiembre 1890)
SEGUIR EN LA NIÑEZ ESPIRITUAL
Que no piensen que, si me curo, eso me va a desconcertar o
a desbaratar mis planes. ¡En absoluto! La edad no es nada a los
ojos de Dios, y yo me las arreglaré para seguir siendo una niña
aunque viva mucho tiempo. (Santa Teresita del Niño Jesús,
Últimas conversaciones, Cuaderno amarillo 27.5.5)
CONTAR CON DIOS
No tengo absolutamente ningún miedo a los últimos
combates, ni a los sufrimientos de la enfermedad, por grandes que
sean. Dios me ha socorrido siempre, me ha ayudado y me ha llevado
de la mano desde mi más tierna infancia
cuento con Él.
Estoy segura de que continuará ayudándome hasta el fin. (Santa
Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones, Cuaderno
amarillo 27.5.2)
GRATITUD
Cuando pienso en todas las gracias que Dios me ha concedido,
tengo que contenerme para no derramar incesantes lágrimas de
gratitud.
(Santa Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones Cuaderno
amarillo, 12.8.3)AMAR MUCHO A JESÚS
CONSOLAR A JESÚS
Consolemos juntas a Jesús, de todas las ingratitudes de
las almas, hagamos con nuestro amor que se olvide de sus dolores.
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº119, a sor Marta de
Jesús, 23 de septiembre de 1890).
SER COMO EL HIJO PRÓDIGO QUE RETORNA
«Estoy segura de que, aunque tuviera sobre la conciencia todos
los pecados que pueden cometerse, iría, con el corazón roto de
arrepentimiento, a echarme en brazos de Jesús, pues sé cómo
ama al hijo pródigo que vuelve a él» (Manuscrito C, 36v-37r)
«Yo no puedo tener miedo a un Dios que se ha hecho tan pequeño por mí (...) ¡Yo lo amo! Pues él es sólo amor y misericordia» (Carta 266)
«Jesús, mi alegría es amarte a ti» (P 45/7)
«Lo sabes, Jesús mío. Yo te amo. Me abrasa con su fuego tu Espíritu de Amor. Amándote yo a ti, atraigo al Padre» (P 17/2)
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